miércoles, 13 de agosto de 2025
ITHELL COLQUHOUM (1906-1988: GENUS LOCI
martes, 12 de agosto de 2025
Ébano
Una exposición sobre el origen de los museos catalanes y de sus colecciones , actualmente en Barcelona, se centra en las condiciones con las que se han producido las obras de arte que posteriormente fueron donadas y que constituyen los fondos de los museos públicos, nacionales o no.
La exposición estudia el origen de obras procedentes de colecciones privadas; colecciones creadas a partir de generosos fondos, donadas posteriormente.
Los coleccionistas privados disponían de extensos presupuestos gracias a los beneficios de la actividad industrial que creció en el siglo XIX. La posesión de colonias en las Américas, África y el Sur-este asiático fue una de las causas de la riqueza de la burguesía y la aristocracia catalanas. Las colonias acogían extensas haciendas agrícolas en las que trabajaban esclavos procedentes de colonias africanas. El comercio marítimo, entre Cataluña, África y América permitió el traslado de esclavos a América y de bienes a Cataluña.
El coste de las obras de arte fue abonado con riquezas obtenidas mediante la explotación de trabajadores forzados y carentes de libertad, y de tierras lejanas de las que las poblaciones anteriores a la llegada de los colonos fueron expulsadas o aniquiladas.
La exposición pública de la cara oculta de las obras de arte es aleccionadora. Esta información se comunica a través de obras de arte encargadas para la ocasión.
Los artistas no son necesariamente investigadores ni estudiosos. Los datos sobre el trasfondo colonial y esclavista tienen que contrastarse y apoyarse en documentos irrebatibles. Existen, sin duda. Pero no son los que necesariamente han manejado algunos artistas.
Una instalación expone que diseñadores industriales utilizaron maderas procedente de colonias, cuyas riquezas fueron expoliadas y, seguramente, obtenidas por trabajadores explotados. Maderas como el ébano, por ejemplo, una madera valiosa y rara, que no se encuentra en los países colonizadores europeos.
Ls exposición de muebles de madera negra, como el ébano, de los años 50 apoya o desencadena esta explicación.
Una visión rápida, sin embargo, permite descubrir que la madera no es ébano , y no procede de colonias. Se trata simplemente de muebles de madera teñida de negro.
Dicha madera se llama melis. Se trata de una madera densa, resistente, carente de nudos, de calidad, procedente de un árbol de la familia de los pinos. Desde la edad media esta madera ha sido utilizada por su resistencia para, por ejemplo, la creación de instrumentos musicales. Los árboles son de procedencia local.
Es cierto que existe melis americana, en concreto de Cuba, que se exportó a finales del siglo XIX, y que podría proceder de colonias en las que se explotaba a la mano de obra. Pero la melis americana se utilizaba para la fabricación de vigas y de pilares, debido a su longitud, regularidad y dureza, nunca para la producción de mueble utilitarios pequeños como un carrito de comedor.
Tal inexactitud, risible y un poco vergonzante, echa sombra sobre una exposición bien pensante y necesaria. No la cuestiona, pero sugiere que el tema es suficientemente serio para ser estudiado de manera académica -como así ha sido últimamente-, y no solo ni preferentemente una exposición como la presente, cuyas cualidades estéticas, existentes o no, no compensan, nos parece, algunas insuficiencias históricas o científicas. Quizá un posible catálogo, aún no disponible, podría ofrecer las bases históricas para corregir ciertas afirmaciones.
Agradezco las precisiones a J.R.
https://cultura.gencat.cat/ca/temes/museus/museuhabitat/inici/
lunes, 11 de agosto de 2025
La nostalgia no es lo que era
Los edificios, los comercios, las calles, los barrios, las ciudades, los entornos cambian sin remedio y para siempre.
Una mudanza, que conlleva un cambio de hogar, de barrio o de ciudad acarrea inevitablemente nuevas costumbres en un nuevo entorno.
Una vuelta ocasional, obligada, por casualidad o por placer, al entorno en que vivimos durante años o media vida, desconcierta. Nada está en su sitio, en ningún sitio. Teles son los cambios que se han producido. Comercios que desaparecen o son sustituidos por otros que poco o nada tienen que ver, edificios derribados cuyos solares ocupen nuevas construcciones; los cambios pueden ser leves, pero afectan a los referentes que guiaban sin que nos diéramos cuenta. Sabíamos, sin ser conscientes, que un determinado elemento aún lejano pero ya a la vista, un portal, un árbol, un banco, un quiosco, un anuncio luminoso, nos indicaba, lo percibiéramos o no, que estábamos en territorio conocido, cerca de casa.
Solemos lamentar los cambios, que solemos considerar como unas pérdidas, la desaparición de referentes visuales. Añoramos lo que conocíamos. Miramos atrás, con nostalgia.
Ocurre que ya no vivimos el presente, ni en el presente. No miramos hacia adelante sino que avanzamos de espaldas, mirando lo que dejamos, que ya no está ni estará.
Por suerte. Los cambios impiden precisamente que nos recojamos, nos recojamos en el pasado. La pérdida de referentes obliga a asumir unos nuevos. Inevitablemente tenemos que encarar el futuro, mirar hacia adelante, con la incertidumbre y la esperanza que lo desconocido acarrea. No podemos cerrar los ojos ni actuar sin pensar, como si lo diéramos todo por sabido y conocido.
Pero la novedad salvaguarda el recuerdo. El pasado no se contamina con el presente. Éste no le afecta. El pasado queda preservado para que podamos disfrutarlo tal como era, mejor de lo que era, pues el pasado se ha convertido en una imagen que disfrutamos como si de un espectáculo se tratara, olvidando por unas horas las taras, las exigencias y las necesidades del presente.
Para que podamos disfrutar del pasado -que es lo que causa el verdadero placer- el cambio es imprescindible. Nada del pasado debe sobrevivir en la realidad, fuera de nosotros . Solo así podremos gozar de lo que fue, de como recordamos lo que fue, embellecido por el tiempo y la nostalgia, sin verse confrontado y derrotado por el presente.
Y, quizá, si vivimos lo suficiente, podríamos disfrutar de nuevos recuerdos cuando el cambio vuelva a caer sobre un entorno del que nos habríamos acostumbrado y que hubiera dejado de sorprendernos.
jueves, 7 de agosto de 2025
ABANICO -PAUL CLAUDEL (1868-1955): POÈMES D’ ÉVENTAIL (POEMAS SOBRE ABANICOS, 1927, 1948)
Eventail Je
puise l’air
dans
un
pays ficti
f
Cette
o mbre que me confère
la lune
c omme une
encre
immatérielle
Eventail
dans la main du p
oète qui ordonne
la nature comme le
sextant du marin
calcule
le
ciel
Abanico:
El útil más necesario y común en este segunda semana de agosto. Un objeto de diseño inmemorial y universal. Útil y expresivo. Fundador de un lenguaje. Cela y revela, cuenta en clave, según cómo se maneja.
El poeta y novelista francés Paul Claudel, cuando su estancia en Japón como embajador de Francia ante el Imperio del Sol, escribió un centenar de breves poemas para ser impresos en abanicos. Y de hecho, así se publicaron tras la Segunda Guerra Mundial.
Los poemas caligráficos fueron escritos o dibujados a mano por el poeta. Algunos se acompañaron de dibujos por un pintor japonés.
Claudel compuso los haïku tras visitar templos japoneses, un viaje físico e interior. Los templos le dictaron los textos.
Espero que esos días próximos sean más llevaderos acompañados por esto poemas.
Se encuentran gratuita y legalmente en Internet. Son de difícil traducción a otra lengua, como el castellano o el catalán.
Remito el enlace a un blog donde se han traducido algunos de dichos poemas.
https://societe.paul-claudel.net/oeuvre/cent-phrases/
https://terebess.hu/english/haiku/phrases.pdf
http://poemasenfrances.blogspot.com/2006/03/paul-claudel-phrases-pour-ventails.html
miércoles, 6 de agosto de 2025
Vaguedad -y libertad
Notas sueltas tras la lectura del Trabajo Final de Grado del estudiante de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, Roger Adell, sobre la tierra baldía (terrain vague, en francés), un tipo de espacio marginal pero recurrente en la urbe contemporánea, que ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre su presencia, su significación y su simbolismo,
Le agradezco la deferencia por permitir discutir sobre su estudio:
El verbo latino vaco aúna dos significados que eran sinónimos, pero que para nosotros dibujos dos imaginarios opuestos. Vaco es estar vacío. Pero también ser libre, libre de obligaciones, del peso o carga de las mismas, como si uno se sintiera vacío, casi desamparado, después de haber llevado a cabo el trabajo impuesto.
Esta doble dirección que apunta el verbo vaco está detrás del complejo, contradictorio en apariencia, imaginario del terreno baldío.
Vago en castellano tiene dos significados: incierto, desdibujado, y dejado, poco trabajador, es decir, improductivo y, por tanto, asocial, lo que lleva a su repudio, su marginalización.
La palabra, sustantivo y adjetivo, tiene dos orígenes latinos:
Vacuus, que ha dado también vacío, con todo el imaginario asociado a la vaciedad: abandono, dejadez y, en último término, muerte.
Vago también viene de vagus, que ha dado vagar: de allí vagabundo, es decir, un ser errante, que no ha lugar, que no pertenece a ningún sitio ni se le permite asentarse. Una figura repudiada, condenada.
La peor condena en la Grecia antigua -pena que Edipo se auto inflige tras lo que ha cometido- no era una condena a muerte, una muerte rápida, sino una muerte lenta: la condena al destierro, lo que implica que ninguna tierra está autorizada a acoger al condenado, que debe vagar el vida que le queda sin rumbo, sin tener adonde ir.
Vacuus, amén de vacío, también significa vacante. Es decir, libre o liberado (ambas palabras traducen el latín vacuus), liberado de la tutela o el yugo del centro. Del centro irradian los radios que mantienen el control sobre el territorio alrededor suyo.
Un terreno baldío escapa a las normas. Éstas no llegan, no se aplican, o son inútiles.
Un terrain vague es un espacio de libertad donde todo puede acontecer. El principio de incertidumbre da sentido a este espacio que no se somete a ningún dictado, sino que asume una multiplicidad de significados. Un lugar donde todos pueden sentirse en casa, independientemente de las condiciones, deseos, limitaciones y servidumbres que cada uno asume o con las que cada uno carga.
Un terreno vago: poco claro, escasamente definido, dejado como un apunte, apenas compuesto en la tierra. No es un sueño, sino una aproximación a lo que se materializará, se conformará en la tierra
Se trata de un espacio descentrado. Por tanto, perdido, sin duda, escapado, pero también imprevisible, donde no se puede dar nada por sentado. Un terreno donde caben todas las opciones, que se abre a todas las oportunidades. Donde todo es posible, donde nada está escrito ni legislado.
El verbo vagor, en latín -de ahí el adjetivo vagus- también contiene latente la noción de libertad. Si por un lado significa errar -ir dando tumbos sin un objetivo fijo, sin saber a dónde ir-, vagor también significa escapar al constreñimiento del ritmo.
Las pautas, que regulan los movimientos, los movimientos acompasados -del bailarín y del militar- no han lugar. El movimiento no responde u obedece a nada. Es un movimiento respondón, que se encara con la presión del ritmo que impone ciertos gestos en detrimento de otros, considerados fuera del juego reglado.
El terrain vague, así, deviene un sueño, donde se proyectan los sueños de libertad y de dolce farniente, que es capaz a la sociedad productiva y codificada moderna. Un espacio, pues, al margen de cualquier consideración.
A R. A.
jueves, 31 de julio de 2025
KOGONADA (¿?): COLUMBUS (2017)
miércoles, 30 de julio de 2025
Discípulo
Los maestros tienen discípulos, se dice. Son alumnos predilectos y obedientes que ayudan al maestro -o le hacen el trabajo-, y que un día heredarán su puesto. El discípulo trabaja a partir de las ordenanzas, decisiones y opiniones del maestro a quien no cuestiona. El discípulo calla o actúa de portavoz. Se halla a la espera que, un día, el maestro le nombre su sucesor. Este honor requiere paciencia y aquiescencia. Es decir, el discípulo no debe atreverse a contradecir al maestro. Está a sus órdenes y sus caprichos.
La palabra discípulo proviene del verbo o latino discere: aprender, estudiar, instruirse. Se sobreentiende que el maestro es la fuente del saber. El maestro educa al discípulo, o permita que éste aprenda de él para que, una vez el maestro se retire, su voz y su visión prosigan sin alteraciones. El discípulo calla y repite lo que el maestro tiene a bien contarle.
El aprendizaje requiere disciplina, una palabra también de origen latino, que significa enseñanza, instrucción. La formación requiere discernimiento; son palabras formadas todas ellas a partir del prefijo dis- que implica la noción de corte, separación, lo que permite aislar un tema o un problema para estudiarlo libre del ruido circundante. El estudio requiere concentración, y ésta, alejamiento de lo que no importa. Toda retirada, que favorece el estudio, implica distanciarse, otra palabra que conlleva segregación.
El maestro segrega al discípulo de un grupo para poder formarlo sin interferencias
Discere, en latín, se asocia al verbo disceptare -dis.captare: es decir aprender. Captare, en latín, significa lo mismo que en castellano: entender, coger, instruirse. Entiendo y me formo cuando “capto” lo que me explican. Mas, disceptare significa, en verdad, discutir.
Una discusión conlleva que dos personas, de igual formación, debatan sobre un tema desde posiciones distintas. La discusión implica divergencia. No hay nada que discutir -no se habla más- si existe un acuerdo en todos los puntos. Dicho acuerdo se logra tras una discusión. Se llega a un punto donde la discusión deviene estéril o repetitiva.
La discusión implica la aceptación del otro como contrincante y el reconocimiento de su conocimiento y de su discernimiento. Una discusión solo es posible si ambos dialogantes hablan. Un debate no es un monólogo. La discusión busca analizar, entender, aclara un tema. No existe vencedor. La discrepancia debe ser reconocida, aceptada, asumida, lo que da pie a la discusión; abre un espacio donde se confronten puntos de vista divergentes que, poco a poco se irán acercando, modificándose, logrando un enfoque correcto, asumible y asumido por ambas partes.
No se trata de imponer una consideración, sino de discutir sobre la pertinencia de las consideraciones a partir de puntos de vista diversos, divergentes, hasta lograr un encaje que no necesariamente responde a las posiciones u opiniones iniciales. La discusión es un foro donde se aprende: a escuchar y a trasmitir.
El verdadero aprendizaje reniega de la ausencia de discusión, porque permite no dar nada por sentado, como si fuera una cuestión de fe o de principios indiscutibles, ajenos a cualquier cuestionamiento.
En la discusión, ambos contendientes aprenden, el maestro del discípulo, y éste del maestro.
Las diferencias entre maestro y discípulo saltan por los aires. Ambos son discípulos y maestros el uno del otro. Ambos se reconocen como iguales. Saben que saben y que no saben nada. Pero quieren saber y compartir el saber. La instrucción es mutua. El enriquecimiento, el descubrimiento del mundo, simultáneo, brindado y aceptado.
Solo así tienen sentido las palabras de maestro y discípulo: palabras que se refieren a quienes aceptan debatir, que gustan aprender y enseñar, sin imponer nada. Que se aceptan como iguales, deseosos de aprender y de intercambiar saberes. Que aprenden para de inmediato comunicar lo que han aprendido.
Si solamente esta consideración pudiera a veces ser compartida en los departamentos universitarios…
Agradecimientos a Z. M.







































