jueves, 2 de abril de 2026

La sopa de ajo



 Un titular periodístico, ayer, abrió las puertas del cielo: se hizo la luz. 

Había salido a la luz el expediente académico del arquitecto Antonio Gaudí, estudiante de arquitectura cuando dichos estudios se independizaron de la academia de bellas artes ubicada en la Lonja de Mar y se trasladaron al nuevo edificio de la universidad literaria de Barcelona. Un ascenso a la luz del documento  precisamente el año del centenario de la muerte del arquitecto, que coincide con la obtención por parte de la ciudad de Barcelona del título de capital mundial de la arquitectura, y que da lugar a una multitud de actos que culminarán con la visita papal al inconcluso templo expiatorio de la Sagrada Familia, parcialmente proyectado por Gaudí. 

El ingreso en la escuela de arquitectura requería una formación previa en dibujo, geometría, matemáticas, y gramática que el estudiante debía alcanzar por su cuenta, y dos años de preparación en la facultad de ciencias, antes de poder presentarse a un examen de ingreso.

El documento “salido a la luz” muestra la discreta carrera académica de Gaudí previa a su ingreso en la escuela de arquitectura de quien será posteriormente considerado un singular arquitecto, con una cartera de clientes adinerados muy notable, y una gran diversidad de proyectos arquitectónicos, urbanísticos, de ingeniería y de artes aplicadas en España y norte de África. 

Lo milagroso, lo excepcional de esta salida a la luz, hoy, es que este documento, debidamente catalogado y conservado por el archivo histórico de la universidad de Barcelona, en perfecto estado, fue generosamente propuesto, hace años ya, por dicho archivo al museo de historia de Barcelona para su inclusión en una exposición sobre la historia de la universidad en Barcelona, desde los convulsos orígenes tardo medievales, cuando la Corona de Aragón, hasta hoy; una exposición, iniciada desde antes de la pandemia, de acuerdo con las universidades públicas de Barcelona, y que se inaugurará a finales de este año. 


miércoles, 1 de abril de 2026

GLEN BAXTER (1944-2026): EL SUBLIME MUNDO DEL ARTE BAJO LA PLUMA INOCENTE DE GLEN BAXTER


















































 

El dibujante inglés Glen Baxter falleció ayer y ya percibimos los efectos de su ausencia: un escritor con boina proclama por tierra, mar y aire que se retira se retira a Venecia -falta  que comunique por redes y programas de tele realidad su dirección- cansado de tanta exposición; la Casa Blanca se convierte en una pista de baile dorada (o naranja); unos arquitectos explican que su modesta vivienda de cuatrocientos metros cuadrados se vincula a la práctica del loft como paradigma de la libre apropiación del espacio, en un sentido tectónico, político y temporal, con un suelo topográfico; y así.

Inspirado por ediciones baratas de novelas en las que la compaginación coloca una ilustración junto a un párrafo que nada tiene que ver con la imagen, produciéndose un curioso efecto, Glen Baxter puso en práctica la definición de una mirada surrealista al mundo, o una mirada que desvela situaciones surrealistas, entendida como un delicado encuentro entre dos situaciones que chocan entre sí, que parecen oponerse o rechazarse, pero que acaban por desvelar una realidad entrañable, despejada de grandeza y presunción, humana, cercana, vagamente ridícula y muy justa. 

El mundo del arte, las proclamas de los artistas y las elaboradas interpretaciones de los teóricos, componen una mina inagotable de encuentros absurdos entre lo que se hace y lo que se dice, entre lo que se pretende y el resultado. El mundo de la arquitectura no es infecundo, sobre todo desde los años ochenta del siglo pasado, pero Glen Baxter ha buceado menos en él.

Sus imágenes no son agrias, no denuncian, el sarcasmo no es de recibo, tan solo emiten un ligero comentario sobre lo que se muestra, que pone en evidencia cierta distancia entre el propósito y el logro, un comentario como de pasada, ligero, amable y demoledor.  

Imágenes de otra época de vaqueros y boyscouts, a menudo, de trazo limpio y nunca caricaturesco, se conjugan con títulos que no hacen una referencia directa a la actualidad -tan sólo alusiva al confinamiento durante la pandemia en 2020-2021- pero que echen luz sobre los humos que a veces nos impiden ver la realidad y su trasfondo. 

El rey nunca quedó más desnudo como en las viñetas que Glen Baxter publicaba regularmente en la prensa.