viernes, 31 de julio de 2015

Arte para ciegos, o la Mona Lisa a mano



El museo del Prado (Madrid) ha realizado un relieve a partir del retrato de la Gioconda (la Mona Lisa) de Leonardo a fin que los invidentes puedan descubrir, palpando, la obra, puedan "verla".
Este trabajo plantea una serie de cuestiones sobre teoría del arte.
¿Qué "vemos" cuando contemplamos una pintura? ¿vemos la materialidad de la obra -un lienzo tendido sobre un bastidor, unas capas de pinturas-, o vemos una imagen? Desde los años cincuenta, pintores han intentado que veamos lo que hasta entonces no se veía, a lo que no se prestaba atención, partiendo del principio que una pintura es un objeto, y no un plano que acoge o produce una ilusión. Pintores, incluso, como Fontana o Miró, laceraron o quemaron la tela, o expusieron la tela al revés, a fin que el espectador se de cuenta de lo que tenía realmente delante. No es necesario en este momento plantearse si estas tentativas tuvieron éxito.
Cuando contemplamos un retrato hermosa -como el de la Mona Lisa-, ¿que vemos? ¿La imagen de una persona hermosa, o una hermosa imagen de una persona? Si la primera afirmación fuera (siempre) cierta, no podríamos disfrutar de, por ejemplo, el retrato de una anciana desdentada de Giorgione, o de los retratos del Hechizado (Carlos II) de Carreño de Miranda, o de un sifilítico (Retrato de Gerard de Lairesse, 1665), por Rembrandt. Sin embargo, ya Aristóteles había observado que el arte es capaz de transfigurar la realidad y permitir que el espectador disfrute de la imagen de un cadáver, cuya vista, en la realidad, le resultaría repulsiva.
Lo que disfrutamos pues, es de una imagen. Disfrutamos del prodigio de la pintura que produce una ilusión de tridimensionalidad -amén de la transfiguración de un modelo-. Una parte del disfrute que la pintura (naturalista o abstracta) produce es, precisamente esa ilusión. Ya Pacheco había observado que el encanto o la fascinación del cuadro las Meninas de Velázquez, procedía del contraste entre la visión cercana -al alcance de la mano- que no permitía distinguir más que manchas en apariencia inconexas, y la visión lejana que daba pie a un prodigio: las manchas se convertían en un retrato de una persona o un animal, que parecían más vivos, tenían más presencia que los propios retratados.
Un retrato no se puede tocar. Solo se puede contemplar. Si se toca, solo se roza una tela y unos pigmentos. Un retrato, por otra parte, no son solo líneas -que en Leonardo no existen- ni volúmenes -que, en la pintura, solo existen en la imaginación del espectador-; el color y la luz definen también la imagen.
Lo que les ciegos descubren -ni pueden descubrir- no es un retrato: no es lo que pintó Leonardo. Porque el atractivo de la Mona Lisa nace del hecho que no se puede tocar. No hay nada, no e descubre nada más que la rugosidad de la tela o la dureza de la tabla.   La Mona Lisa existe porque es impalpable. Flota sobre la tela, entre la tela y nosotros; es, en verdad, una creación conjunta del artista y del espectador que contempla. Porque solo existe para ser apreciada de lejos.
En cuanto la mano se apoya sobre la tela, el encantamiento, como ya había observado Platón, se disuelve, y solo quedan unos pobres materiales que pretenden hacernos creer en algo que no existe pero que, paradójicamente, tiene más viveza que los seres vivos, y cuya vida no está al alcance de la mano.


6 comentarios:

  1. Aunque de acuerdo al completo con tu tesis, me planteo que, dado que el sentido del tacto de los que podemos ver, con los ojos, no está tan desarrollado como en los no videntes, quizás ellos a través del mismo sean capaces de acercarse a la visión "imaginística" de la obra en cuestión. Está por ver (¿cómo? si no poseemos ese sentido del tacto) si los "transfiguradores" lo han logrado. Pero cómo, cómo comunicar ni ellos o nosotros, a unos y a los otros, que eso sí o no ha sido posible.
    Me recuerda el asunto, en vía menor, a los problemas para la visualización de fotografías según qué monitor y cómo esté calibrado. Jamás nunca sabré qué ven los demás, solo lo que yo veo y hago. Pienso que de uno a otro sentido (vista, tacto) existe una falla fundamental (nada de lo que nace para ser visto puede ser interpretado solo siendo tocado, y viceversa), pero puede que se nos escape ( y no tenemos forma de no demostrarlo ni de demostrarlo) la ampliación de márgenes, quién puede saber lo que se vería con otros ojos... con otras manos.
    Un placer siempre leerte, en cualquier caso.

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    1. Apasionante Reflexión: si no vemos, quizá podamos imaginar, es decir no ver el mundo tal como es sino solo imaginarlo, percibirlo pues solo en imagen. Mas, ¿podemos imaginar sin tener una imagen, vista y recordada en mente?
      Desde luego ya en la grecia antigua se sabia que la realidad está determinada por lo que vemos, por la manera cómo la vemos, modo que a sus depende de la estructura de nuestros ojos
      Muchas gracias por la observsción

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  2. Me parecen muy interesantes ambas reflexiones, la de P. Azara y la de S. Serra, pero a mí me sugiere este asunto otra reflexión, que es la que se refiere a la disyuntiva entre aceptar los límites/limitaciones o no dejarse condicionar por ellos. Tengo la sensación de que en esta época hay una tendencia exagerada a lo segundo y a la adhesión al lema "si quieres, puedes", y creo que tal vez habría que buscar un equilibrio; no obstante, el mundo y la realidad los vamos construyendo con el vivir y lo que puedan sentir las personas ciegas tocando pinturas será otra construcción que dará paso a otra realidad.
    Comparto la conclusión de Sofia, en cualquier caso, siempre un placer leer T8.
    Saludos, Carmen

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    1. Muy interesante tu reflexión, Carmen, que expone la necesariedad de la existencia de un mundo a partir de la experiencia/vivencia humana. Aparte comparto tus palabras, estas: la disyuntiva entre aceptar los límites/limitaciones o no dejarse condicionar por ellos. Tengo la sensación de que en esta época hay una tendencia exagerada a lo segundo y a la adhesión al lema "si quieres, puedes".
      Un saludo

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    2. Estoy totalmente de acuerdo. Por ejemplo, ya no está bien "visto" emplear palabras como ciego -yo mismo utilicé invidente, lo que aun es incorrecto pues debería hsber escrito "con una visión limitada" o, quien sabe, "diferente"-, en gran parte porque no aceptamos nuestras limitaciones y queremos creer que ésas son bendiciones que nos llevan a percibir el mundo de otra manera tan o más rica que la "convencional". Estoy seguro que la percepción de un ciego es distinta, quizá tan compleja como la de la persona que ve, pero no es la misma, sin duda. Y el arte de la imagen plástica solo puede crear imágenes visuales dirigidas al sentido de la vista, de la misma manera que la música se percibe mayoritariamente con el oído. ¿Eso significa que un sordo o un ciego sean inferiores? No, solo dignifica que su percepción es distinta y que existen realidades que no perciben porque éstas solo están al alcance de quienes poseen los sentidos capaces de llegar a aquéllas.
      También tenemos que tener en cuenta que el arte no se limita a las imágenes visuales. Pero el arte existe para informar del mundo a través de los sentidos (y la razón) por lo que la invalidación de algún sentido incapacita para dar cuenta de aquella percepción o "visión" del mundo, del mismo modo que el desconocimiento de una lengua los impide llegar a la traducción del mundo que un escritor comunica. Eso si, nuestra propia percepción puede ser tan compleja o tan pobre como la suya, pero será posiblemente distinta

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  3. Nota: debo escribir desde un móvil por problemas de internet por lo que me excusó de la brevedad y de las posibles faltas de ortografía que cometa y que escapan a mi... visión

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