viernes, 31 de julio de 2015

Cuando los arquitectos eran dioses (Fundación Arquia & Ediciones La Catarata, Madrid, noviembre de 2015)

La Fundación Arquia y la editorial La Catarata publicarán un breve libro divulgativo, por encargo, sobre temas de la antigüedad -mitos, ritos, viajes- que puedan interesar e informar al arquitecto actual.
El libro comprende breves capítulos sobre dioses y héroes de la arquitectura en culturas antiguas mediterráneas, basados en entradas de este blog, y textos para conferencias y catálogos.

Texto de presentación:

El fin de la Edad Media fue un drama en el sur de Europa occidental: los estudiosos y los artistas descubrieron que el mundo greco-latino, que creían que seguía vivo y del que se consideraban los herederos, había concluido un milenio antes. Este hallazgo, sin embargo, fue fructífero. La reflexión y la creación antiguas podían ahora ser estudiadas –como un tema ya cerrado-, y eran una fuente de ideas y formas que inspiraran a los artistas modernos. Los creadores renacentistas no trataron de revivir las formas sino las preocupaciones clásicas –traducidas a nuevas composiciones en las que la antigüedad pagana y el  cristianismo se complementaban o se corregían entre sí. Tres siglos más tarde, tras el descubrimiento de Grecia liberada, que el Imperio otomano que la colonizaba hasta entonces había impedido recorrer, los artistas y los pensadores neo-clásicos se volcaron en la recuperación minuciosa, arqueológica, de las formas clásicas griegas, desatendiendo las ideas que vehiculaban.
Atender a la letra o al espíritu: ¿cómo tratar el arte y la reflexión de la antigüedad?
Si no enjuiciamos correctamente el arte de hace unos pocos decenios, es imposible que podamos valorar las obras de hace milenios. La cultura, desde Mesopotamia a los mayas, nos quedará siempre lejos. Nunca sabremos qué pensaban, cómo miraban y criticaban el mundo, ni cómo traducían en obras sus impresiones mundanas y extra-mundanas. Pero podemos interpretar aquéllas a partir de nuestra experiencia, nuestros juicios y prejuicios, como si fueran todavía obras y reflexiones vitales que puedan dar la razón de nuestra visión del mundo, y relativizar así la novedad de percepción y traducción de lo que nos rodea. Estamos informados por los creadores del pasado, aunque no podamos entender qué vieron y qué quisieron decir.
La creación artística y arquitectónica del pasado no parecía una invención humana. Los artesanos y los artistas ejecutaban las obras materialmente, pero se pensaba que empleaban técnicas ideadas por seres superiores que les inspiraban, que incluso les ayudaban, de tal modo que los artistas humanos ni se consideraban ni eran considerados como los verdaderos autores conceptuales de las obras.
La creación, de un poema o de un edificio alteraba el entorno u ofrecía un punto de vista crítico sobre el mismo. Esta alteración, apreciada o despreciada, según qué culturas –si las ciudades eran una bendición para los mesopotámicos, no pensaban lo mismo los profetas bíblicos-, estaba guiada por dioses o demonios. Respondía a gestos y decisiones sobrehumanas. Así, en todas las culturas, la ultimación del mundo, o su deformación, fue iniciada por dioses y héroes que, a menudo, quisieron ayudar a la humanidad a asentarse en el mundo, y transmitieron a algunos humanos –magos, artesanos y artistas- los conocimientos o habilidades necesarias para llevar las tareas, productivas y reproductivas, con las que habilitar la tierra.

Cuando los arquitectos eran dioses propone textos cortos dedicados a algunos de los principales dioses y héroes de algunas culturas antiguas mediterráneas, a quienes se atribuían las técnicas edilicias, la ideación de modelos arquitectónicos o urbanos ideales o celestiales, e incluso algunas obras (templos, palacios y ciudades) terrenales.   



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