domingo, 11 de octubre de 2015

Semiramis o la primera arquitecta de la historia

Como todas las divinidades, las diosas también construyeron sus templos, una actividad propia de seres sobrenaturales, sin que el sexo, en este caso, indicara el tipo de actividad que se podía ejercer.
Bien es cierto que hubo diosas de la arquitectura, como la griega Atenea, diosa también del tejer, una actividad que consistía en armonizar y cruzar vigas y pilares de madera que se comparaba con el pase de los hilos a través de la urdimbre, y diosas del hogar como Hestia, que no construía pero sí velaba por la vida que la construcción acogía y preservaba, si bien, aquí, que Hestia fuera una divinidad femenina era importante pues determinaba el cargo. Las heroínas, como Penélope, y las mujeres, no tenían acceso al espacio exterior y tenían que vivir recluidas en ciertas partes de la casa alejadas de la entrada. Los cultos en honor de divinidades que mediaban con el exterior, como los lares romanos, estaban siempre a cargo del varón (el pater familias).

Esas consideraciones que pueden aplicarse a todas las culturas antiguas mediterráneas, con variantes, hacen que la vida y el trabajo de la reina de Asiria Semiramis sean aún singulares y explican posiblemente que el griego tardío Diodoro Siculo le haya dedicado un buen número de páginas en su conocido tratado.
La suerte de los fundadores de ciudades y de constructores de edificios  solía estar anunciada y marcada por una serie de acontecimientos. Oráculos anunciaban la llegada de una figura conflictiva, cuyo trabajo determinaría, para bien o para mal, la vida de los humanos. Su formación no solía estar a cargo de los habituales educadores humanos. Su infancia discurría por vías muy distintas a la de los demás niños. Abandonadas, a veces con deficiencias físicas, o excesivamente hermosas, animales (leones, lobos, ciervos, osos) o humanos que no  formaban parte de comunidades establecidas, como pastores o prostitutas, cuidaban de ellas. Estas singularidades formaban -y simbolizaban- su carácter y sus dones excepcionales que les llevarían a acometer actos que nadie había podido realizar, quizá ni siquiera concebir.
Estos rasgos, comunes a héroes míticos tan diversos como Moisés, Heracles, los Dioscuros o Rómulo y Remo, solían afectar a varones.
Y sin embargo...

Érase una hermosa diosa cananea, llamada Derceto, que moraba no lejos de Gaza. Competía en belleza con la misma Afrodita, pese a la singularidad de su cuerpo y de su vida. Vía en una laguna cercana a la costa y su cuerpo estaba adaptado a su doble vida, terrestre y marina. Así como de cintura para arriba era una hermosa mujer que competía con afrodita, la parte inferior del cuerpo era la de un pez. La diosa era una sirena.
Celosa de su belleza, Afrodita le inculcó el deseo por un simple mortal. Tras dar a luz, Derceto, avergonzada, se hundió en lo hondo del lago y abandonó a la recién nacida. Mas las palomas, aves de Afrodita, descendieron y cuidaron de la niña. Picoteaban queso y bebían leche de los cuencos de unos pastores cercanos para alimentarla, gota a gota, con el pico. Los pastores, asombrados por el comportamiento de las aves, las siguieron y hallaron a la niña. La niña de la paloma -tal podría ser el significado de Semiramis, de sammitu, paloma, en acadio- se convirtió en una hermosa mujer.

Ones, un miembro de la corte, vino a pasar por dónde estaban reunidos los pastores. Quedó deslumbrado por la joven y la llevó a Nínive, la capital del imperio, fundada por Ninos, el rey. Ones era un joven inteligente. Se le conocía también por Oanes. La vida de Semiramis no le era extraña. También él estaba ligado a las aguas del lago o de los ríos. También había tenido forma de pez. Era un sabio, uno de los Siete Sabios (también llamado Uanna o Adapa, tal como ya comentamos en una entrada anterior), al servicio de Enki, el dios mesopotámico de las aguas fértiles que trasmitió a los humanos las técnicas edilicias), surgido de las aguas de la sabiduría (las aguas primordiales que alumbraron al mundo y a los dioses), para educar a los seres humanos.

Ones y Semiramis vivían en Nínive. La guerra entre Asiria y las tierras lejanas de Bactriana se desató. Ones dirigió el ejército asirio. La victoria no estaba ganada. Bactriana se resistía. Ones llamó a su lado a Semiramis. Apenas llegó, la suerte de la contienda cambió: Ones seguía la estrategia que Semiramis , tras estudiar el terreno,le confió. El rey Ninos, fascinado por sus dotes, se enamoró de la joven y exigió a Ones que se la entregara a cambio de concederle su hermana. Mas Ones se resistió. Tras asesinar a Ones y convertir a Semiramis en reina, el cielo castigó a Ninos.

Semiramis dominaba el mundo. Fundaba ciudades, abría canales,  levantaba puentes, trazaba vías de comunicacón y construía grandes tumbas para sus múltiples amantes a los que mataba tras la primera noche (y haberlos castrado: los primeros eunucos fueron "obra" suya, también. Nadie podría crear o engendrar como ella. como diosas-madre como Cibeles, con quien Semiramis fue comparada, ningún varón, humano o divino, estaba a su altura ni la podía satisfacer).
Babilonia fue obra suya: una ciudad planificada, doblemente amurallada dotada de un puente imponente que cruzaba el Éufrates, de depósito de agua y palacios conectados por pasadizos subterráneos que se deslizaban por debajo incluso del lecho del río. Dotó a la ciudad de jardines; los jardines colgantes no fueron obra suya, cuenta Diodoro, pero se basaron en las terrazas ajardinadas, soportadas por bóvedas y columnas que ornaban un extremo de la ciudad. Invadió incluso la India gracias a unos falsos elefantes que mandó construir.

Mas un oráculo había anunciado que su nacimiento y su fin seguirían el mismo camino. Le nacería un hijo que le arrebataría el poder. Cundo el primogénito alcanzó la mayoría de edad, Semiramis se retiró, Nadie volvió a verla. El cielo la convirtió en paloma que ascendió hacia la morada divina, un verdadero espíritu divino.

Semiramis es una figura mítica inventada por autores griegos. Quizá se basaran en una reina asiria, de parecido nombre, que no reinaría nunca, sin embargo. O quizá fuera un sueño griego. Reflejaría tanto la visión griega de Oriente (Semiramis era una bárbara que recurría al asesinato o la emasculación para mantenerse en el poder), cuyas obras eran excesivas, como la fascinación griega por la edificación oriental del mundo. Babilonia que tanto seducía a los griegos era obra suya. Alejandro modeló su acción sobre la vida y las obras de Seminamis.
No hubo otra figura dotada de tanto poder en la antigüedad, el poder de conformar el espacio.


Slave Queen of Babylon (1963) Yvonne... por mov-ie

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