sábado, 17 de octubre de 2015

LOUISE BOURGEOIS (1911-2000): MÚSICA Y ARQUITECTURA - EASTON, CONNECTICUT (2001)








Fotos: Tocho, octubre 2015
















Es Baluard, el museo de arte moderno y contemporáneo de Palma de Mallorca, posee una pequeña colección de obras de la escultora franco-norteamericana Louise Bourgeois, solo superada en España por la del Museo de Arte. Centro Reina Sofía de Madrid.

Destaca una maqueta arquitectónica. de metal y madera (de la que existen cinco ejemplares más). Consiste en un edificio sencillo de planta baja y tejado a dos aguas, de uno de cuyos lados sale un xilofón.
La maqueta reproduce una casa de campo que la artista adquirió en 1941 y en la que pasó todo el tiempo de la Segunda Guerra Mundial, y temporadas posteriormente, con su esposo e hijos.
Bourgeois ha dibujado y ha tallado varias maquetas de esta casa, casi siempre en mármol. La fachada, el volumen, el tamaño varían, quizá en función de los sentimientos que dicha casa suscitaba en el momento de su reproducción.
Casa casi siempre cerrada, pero nunca inquietante, casa vuelta hacia el interior, con las aperturas marcadas pero ciegas, salvo en un dibujo en el que cada miembro de la familia aparece ante una ventana y la puerta de entrada, como si tuviera el rostro pegado al cristal.
Tan solo esta escultura de metal y madera posee un añadido: un instrumento de música. No se sabe si evoca la armonía de la casa, o el deseo de evadirse de ella. Contrasta las formas "serenas" de la vivienda con el aspecto más agresivo del instrumento que, como todo instrumento, solo emite música, agradable o chirriante, si es tocado, pulsado, golpeado. El instrumento penetra o sobresale de la casa, viola la protección que aquella ofrece al desgarrar un muro lateral. El sonido, sea cual sea, solo puede escucharse desde fuera si se abren las ventanas o se derriba un muro. La casa actúa de caja de resonancia (voluntaria o involuntariamente) de los sonidos interiores que se quiere o no se quiere que lleguen al exterior. La palpitación de la morada nace de la música que genera, entre el golpe y la caricia.
 

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