jueves, 22 de octubre de 2015

Original, copia y fraude en el arte: un caso singular






El Museo de Brooklyn, en Nueva York, posee varias placas de piedra blanca, procedentes de las ruinas de Persépolis, compradas en El Cairo a principios del siglo XX, y consideradas hasta hace poco falsas. Expuestas como originales durante mucho tiempo, yacen hoy en las reservas del museo.

Estudios recientes han mostrado que la solución al problema que estas placas plantean (el tamaño no corresponde a los relieves aqueménidas) no es tan sencillo. La respuesta debe ser matizada.

Los relieves fueron realizados a principios del siglo XX. Pero los tallistas no pretendieron cometer ningún fraude. Las obras nunca fueron realizadas para ser consideradas como tallas del siglo VI aC. Los relieves copian o imitan motivos y composiciones aqueménidas a modo de homenaje al arte persa. Éste gozaba de prestigio y causaba admiración a principios del siglo XX en el Imperio Otomano. Estos relieves son equivalentes a cualquier composición neoclásica o "noucentista" en relación a un relieve de la época de Pericles. Ya en tiempos del emperador romano Augusto, como prueba de admiración y respeto por el arte griego clásico, era de buen gusto poseer estatuas y relieves creados entre los siglos I aC y I dC, que imitan modismos arcaizantes (y que hoy causan tantos problemas a los historiadores). Estas obras no imitaban ninguna obra griega sino que consistían en temas o figuras nuevas, realizadas "a la manera" antigua.

Lo curioso es que, en los años veinte, el arte persa dejó de gozar de tanto prestigio en detrimento del arte neo-asirio, por lo que los relieves modernos de factura persa fueron recubiertos con cera para dotarlos de un aspecto marmóreo y, esta vez sí, hacerlos pasar por obras neo-asirias, con una intención fraudulenta clara.

Hoy no se sabe cómo conservar ni documentar estos relieves: ¿mantener su apariencia neo-asiria como ejemplo del gusto art-decó por este arte? ¿Eliminar la cera y mostrarlos como obras modernas de gusto persa? ¿Desecharlas como fraude, o como imitaciones?
La suerte de estas obras y, por tanto, su valor e importancia, no depende de ellas sino de las preguntas y de las respuestas que nos hagamos y demos.
La interpretación del arte depara sorpresas y enigmas.

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