lunes, 13 de abril de 2026

Privado

 Leemos la palabra privado. ¿Qué nos viene en mente? ¿Qué imagen  mental nos aparece? Un espacio, posiblemente. Mas, ¿con qué cualidades? ¿Completo, cuidado, acogedor, a nuestra entera disposición, del que somos propietarios? O ¿con notables carencias? Ambas imágenes son antitéticas. ¿Cuál sería la imagen correcta? La respuesta podría ser importante a la hora de valorar una “habitación propia”.

Solemos pensar a partir de conceptos antagónicos. Entre dichas parejas, en arquitectura, destaca el antagonismo entre lo público y lo privado.

 El primer término designa a un espacio que pertenece a la colectividad y en el que cualquier miembro de dicho colectivo puede mostrarse siempre que no obstaculice la presencia de otros ciudadanos.

 Lo privado, en cambio, se refiere a un ámbito que nos pertenece y en el que moramos solos o en compañía de aquellos ciudadanos a los que hemos abierto la puerta e invitado a entrar. 

La oposición también se expresa mediante la confrontación entre lo propio y lo común. Lo propio implica la exclusión de los demás acerca de los derechos sobre un bien que nos pertenece exclusivamente. Lo propio se caracteriza por el rechazo o la negación. Lo propio no pertenece a nadie más que a nosotros, los únicos con derechos sobre dicho bien. 

Esta observación ¿se aplica a lo privado?

Privo, en latín, significa poner de lado, apartar o eliminar. También, lógicamente, privar. Lo privado es algo -un bien, un lugar- con carencias; un ente incompleto, que ha sufrago un daño, una extirpación. El rechazo, y el daño difícil, el atentado contra la integridad, la unidad del ente son acciones que dan lugar a lo privado. 

Un espacio privado es un espacio cojo: está falto de lo demás. El prefijo pre- implica oposición o rodeo: impide el acceso, y deja o pone de lado lo que designa. Un espacio privado es un espacio del que los demás están excluidos: un muro impenetrable lo rodea: la imagen es la de un espacio carcelario, en cuyo centro reinamos sobre nadie y para nadie. 

El despojo -la condición de lo privado o despojado- es el resultado de una acción violenta, una cerrazón, un blindaje. Despojo y expolio -el verbo despolio, en latín, pertenece al vocabulario de la guerra y se refiera a la cara más oscura de la contienda: el pillaje- forman parte de la familia del latín spolium: botín de guerra; un bien obtenido con violencia, arrancado a un propietario anterior; un bien del que nos hemos apropiado ilegalmente, dejando a la intemperie a quien hasta entonces disfrutaba de lo que le hemos privado.

Un lugar privado es, así, un espacio con faltas, fruto de una falta, falto de la presencia de quienes componen un colectivo del que nos hemos excluido. Lo privado es signo de privación, una doble privación, la que afecta a la comunidad a la que hemos dado la espalda, y a nosotros mismos, tras negar tres veces la compañía de nuestros semejantes. Nos priva de su compañía. Nos deja solos y aislados; encerrados.

Quizá, en arquitectura, debiéramos sobreponernos al pensamiento dual. Ya vemos -y otros las padecen en carne propia- las consecuencias hoy en día.

1 comentario:

  1. Muy interesante. hay que preguntarse qué es lo que hay que huir de, del espacio público por el que pasa todo el mundo o de los espacios que creamos.

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