sábado, 16 de mayo de 2026

Museo Luisiana de Arte Moderno (Copenhague, 1958)

















 


Fotos: Tocho, Museo Luisiana, Copenhague (Dinamarca), mayo de 2026


El museo Luisiana de arte moderno de Copenhague no posee grandes salas de altos techos y complejos sistemas de iluminación: tan solo una sencillos focos de hace setenta años, colgados de un techo plano de listones de madera barnizada que recubre salas de paredes de ladrillo pintadas de blanco, sobre un suelo de losetas dd terracota. 

El parecido con el edificio original del museo de arte moderno de Nueva York, de los años treinta del siglo pasado, y de la casa de los arquitectos Eames, en Los Ángeles, de los años cincuenta, no es casual.

Mas, el museo de Copenhague se compone de tres edificios bajos y alargados, unidos por pasadizos cubiertos con paramentos vidriados, que dibujan un circuito cerrado en dos niveles, en plantas baja y subterránea, en lo alto de un acantilado que vierte, por una pendiente cubierta de vegetación, al mar Báltico, en medio de un extenso jardín arbolado salpicado de esculturas de bronce de los años felices de la vanguardia. De lejos, el conjunto se asemeja a tempos japoneses en lo alto de una colina.

 El único edificio que destaca en una villa del siglo XIX, de un dueño esposado en tres ocasiones con tres Luisas, abandonada y restaurada en los años cincuenta para acoger una colección privada de arte moderno, que pronto requirió una extensión del museo a carga del arquitecto danés Vilhelm Wohlert en colaboración con Jon Utzon -inmerso en el enrarecido proyecto de la Ópera de Sydney. 

La colección -que obvia los nombres más obvios-, iniciada por un comerciantes de quesos y editor , las exposiciones temporales de tamaño asumible, la disposición en salas, la planimetría del museo en su conjunto, siempre abierto al jardín y a la línea del horizonte sobre el mar, la altura doméstica de las salas, componen uno de los mejores museos de arte del mundo, a la altura de las galerías Courtauld de Londres, el museo de arte abstracto de Cuenca, el museo Isabella Stewart Gardner de Boston, y la Galería de arte de Dulwich.  

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