Su nombre no trasciende más allá del reducido círculo de los asiriólogos; pero su imagen, en una escena de un relieve, es una de las más conocidas del arte mundial. Se trata de una célebre composición, tallada en losas de piedra. que muestra a un emperador neo-asirio, el sanguinario Assurbanipal, estirado en un lecho, y su esposa, la emperatriz Libbali-Sharrat, sentada en un trono, celebrando una victoria sobre el rey de Elam (hoy en Irán), cuya cabeza decapitada cuelga de un árbol, en un frondoso jardín, atendido por sirvientes, bajo una parra cargada de racimos. El relieve, del siglo VII aC, hoy en el Museo Británico de londres, formaba parte de un conjunto de mayores dimensiones que decorada la sala del trono del palacio real , en el norte de la capital imperial de Ninive (hoy en la periferia de Mosul, en el norte de Iraq).
La emperatriz, al igual que en otro relieve, está coronada. La corona representa una muralla. Posiblemente, la muralla de la ciudad de Nínive.
Este motivo no es extraño. Abunda en el arte. Tres siglos más tarde. En época alejandrina, en efecto, nació una nueva divinidad: la diosa Fortuna. Al menos, surgió una nueva manera de representarla. Seguia sosteniendo el tradicional emblema de la Fortuna, una cornucopia -el cuerno del fecundo dios griego de los ríos, Aqueloo, fuente de vida, que Heracles arrancó-, cargada de bienes que desbordaban del cuenco, o unas espigas, signo de la riqueza de los campos cultivados que proporcionan alimentos a la ciudad.
Pero la Fortuna helenística, vestida con un peplo, una túnica de amplios vuelos, elegantemente sentada, portaba una corona en forma de la muralla de la ciudad de la que era la divinidad protectora. La imagen de la muralla es tan realista que los estudiosos pueden saber a qué ciudad la diosa Fortuna representada (o encarnada en su efigie) protegía. No existen dos imágenes idénticas. Cada representación de Fortuna es distinta, como diversas son las configuraciones de las murallas de las ciudades.
Este motivo deriva de la representación de la emperatriz neo-asiria Libbali-Sherrat . Ésta no era propiamente una diosa, aunque el trono en el que se asienta es un atributo divino, y el relieve destaca la figura de la reina, contrariamente a la de su esposo, Asurbanipal, con la cabeza al descubierto. Pero fue divinizada como la diosa Fortuna en época helenística.
La figuración de la diosa Fortuna, confundida a veces con la imagen de la benéfica diosa Cibeles, de origen también oriental, en el Imperio Romano -Cibeles se representaba coronada, sentada en un trono, flanqueada por leones o toros, como signo de su capacidad de dominar a las bestias (una función que la diosa llamada La Señora de las Bestias ejercía en el Mediterráneo central y oriental, como en la isla de Creta, por ejemplo, a lo largo de la edad del bronce, desde el cuarto milenio aC), y de asegurar la paz de la ciudad, liberada de los peligros que las fieras,provenientes de la selva, el espacio no civilizado, encarnan- prosperó en el mundo romano, y revivió en Europa a partir del Renacimiento.
Se trata, en suma, de una de los legados más divulgados y de mayor recorrido, de un motivo iconográfico de origen mesopotámico (neo-asirio), junto con, entre otros, la estructura política imperial, también neo-asiria, y desarrollada en el imperio alejandrino en contacto con oriente, y el cristianismo, de origen levantino -con influencias tanto egipcias como persas e hindúes.



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