viernes, 2 de octubre de 2026

JORGE RAEDO (1969): UN PROFESOR DE ARQUITECTURA EN BABIA (2026)


Un profesor de arquitectura en Babia

Pedro Azara fue profesor de Estética durante cuatro décadas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB). Fue mi profesor en 1990 (no recuerdo el año exacto); desde entonces, sigo sus libros, exposiciones y charlas, que versan sobre la arquitectura como una construcción mental del habitante, ya sea del presente o de civilizaciones desaparecidas. Una cosa es la materia junta que configura muros, columnas, habitáculos, etcétera, y otra cosa es que el habitante dé un sentido a aquella materia: es una casa donde la familia vive, es un pueblo de una comunidad que comparte un mismo imaginario, es un paisaje organizado por una cultura que proyecta su cosmogonía hasta el horizonte. Entrevisté a Azara en mayo de 2021, dentro de las Conversaciones Anidar sobre estos temas; en especial, sobre la memoria que nos da forma como comunidades culturales. La identidad cultural de la persona y del colectivo es un artificio: cada palabra, signo o gesto que nos rodea funciona como una red de control social que, poco a poco, nos da forma e incluye o excluye de la comunidad. La educación formal –como la universitaria– también es un proceso de inmersión de los estudiantes en una atmósfera cultural específica hecha de lenguajes. El lenguaje de la arquitectura contiene múltiples dimensiones de significación (espacial, plástica, matemática, estructural, etcétera); cada dimensión requiere de palabras para nombrarla y actuar en ella de manera comprensible para los otros. En junio de 2026, en una cafetería de Ciutat Vella de Barcelona, pregunté a Pedro cuál era su principal objetivo educativo como profesor. Él contestó, más o menos: “Mis estudiantes de arquitectura serán profesionales que escribirán informes técnicos, textos para las administraciones, artículos de publicaciones; por eso, deben comprender el significado de las palabras que usarán”. Un objetivo sencillo, no simple. Así, inspirándose en el Diccionario filosófico de Voltaire, Azara planteó sus clases como una excursión por los términos usuales de la estética, el arte y la arquitectura. A partir de los estudios que él llevaba a cabo en cada momento –ora sobre civilizaciones desaparecidas, con lecturas de textos originales y visitas a yacimientos arqueológicos; ora sobre arte contemporáneo, exponiéndose al usual mensaje doctrinal de tales obras; ora sobre otros temas divinos o terrenales– reunió definiciones etimológicas, reflexiones y parábolas para que sus estudiantes las debatieran en las clases, las meditaran en privado y, finalmente, las usaran con criterio propio y adecuado. Una fórmula eficaz en una escuela de arquitectura que enseña a pensar: cómo se construye, qué se construye y por qué se construye.

Azara publicó su libro La mirada atentacon la editorial de la Universitat Politècnica de Catalunya en 2021 –disponible para descarga aquí–, donde se recopilan acepciones y definiciones de las palabras que introdujo en sus clases durante años –previamente publicaba en su blog Tochoocho–. En 2025, Pedro Azara publica, a modo de segunda parte del libro anterior, Babia, a lo lejos. Un glosario-guía para no perderse en el arte con Ediciones Asimétricas. Nuevamente, él parte de las acepciones que ha publicado en su blog, ahora ampliadas y pulidas. El resultado es un libro cumple la misma función que sus lecciones de estética y que la propia arquitectura: primero, derribar prejuicios y creencias sin fundamento que nos impiden ver las cosas como son; segundo, señalar horizontes y recorridos que, si nos aventuramos en ellos, nos enseñan a actuar con juicio estético –¿también con justicia?–en el mundo. En palabras del autor: “La reflexión estética obedece a una situación que recuerda la que la estancia en Babia conlleva. Una estancia, tanto ante una creación artística, artesana o sagrada, cuanto en Babia, implica que los ligámenes que mantenemos habitualmente con el mundo se rompan. La finalidad perseguida por ambos viajes interiores, o las consecuencias de los mismos, son una vuelta al mundo profano con una mirada y una agudeza renovadas” (pág. 28).

El libro se divide en dos partes. En la primera el autor reflexiona sobre la acción educativa como un ejercicio estético, incluso poético. Para ello, selecciona una serie de palabras tales como alumno, atención, cercanía, enseñanza, examen, incertidumbre, lección, parábola, perspectiva, profesor, sociedad o tradición. Pedro entiende el trabajo del profesor como la guía de sus esforzados estudiantes –studio significa “esfuerzo”– ante el yacimiento sensible que todo presente es, y ayudarlos a discernir: “La construcción es un hacer; la arquitectura, en cambio, es un reflexionar. Ante las urgencias, la arquitectura debe centrarse en su campo específico: ahondar en la historia para estudiar cómo los retos del pasado han sido abordados; debe reflexionar sobre qué es un habitar y, sobre todo, qué es habitar. Debe pensar en la vida próxima, en el lugar que ocupamos en el mundo; debe leer, escribir, pensar en voz alta y en voz baja. Es una voz de la conciencia que permite medir el alcance de lo que se proyecta, de la necesidad del proyecto, de los fines y las consecuencias de nuestros actos” (pág. 35). En la definición de la palabra incertidumbre, el autor aclara: “Crisis, en griego, designa no una situación, sino una actitud: la de quien se enfrenta a un problema y lo estudia, delimitando su alcance. Criticar es separar; conlleva realizar un corte para extraer un problema a fin de analizarlo sin el ruido circundante. Es así como, pudiendo centrarse el crítico en lo que persigue, logra este entender, descifrar y resolver el problema” (pág. 63). Solo el profesor en crisis encuentra el camino a Babia, donde la educación de sus estudiantes sucederá. La segunda parte aborda palabras propias del discurso de la estética, la teoría y la historia del arte y la arquitectura, así como del ejercicio profesional. Se analizan los términos, entre otros: acto, arqueología, ciudad, cubismo, espacio, etimología, forma, genio, gusto, lejanía, lugar, moda y modo, modelo, patrimonio, profundidad, puerta (del diablo), reflexión, representación, retrato, saber y sabor, salud, señal, símbolo, teoría, torre-ciudad, traza o umbral. La palabra teoría nos acerca al juicio estético: “Teorizar significa, etimológicamente, mirar atentamente para tratar de descubrir la razón o el sentido de las cosas, para dar cuenta de su existencia. Sin la teoría, estas se nos aparecen indiferentes. Nada nos dicen. No establecen contacto ni diálogo con nosotros. Vivimos entonces en un mundo que no nos responde, insensible a nuestras necesidades y nuestros anhelos; un entorno frío, mudo, que nos da la espalda” (pág. 198). El autor insiste: “La realidad no tiene consistencia, se muestra como una cortina de humo si no reflexionamos sobre lo que somos, sobre lo que el mundo es y hacia dónde nos dirigimos. Sin teoría todo es incierto, nada es estable, el mundo puede mudar o desaparecer en cualquier momento” (pág. 198).

El arquitecto –y el profesor– requiere una mirada atenta y objetiva sobre la realidad incierta, dentro de marcos teóricos definidos, que nos permiten el juicio estético, lejos del mero gusto personal. Este juicio desentraña cuáles los límites de la obra, cuál es su intención y función, cómo se conforma, de dónde surge y qué nos dice del presente. Tal formación estética requiere spatium –espacio y tiempo, o mejor dicho, intervalo– con un objetivo o punto de fuga que la ordene. Al respecto, Azara señala: “Por el espacio se transitaba, siempre que hubiera una meta, so pena de perderse. El verbo spatiare, en efecto, se traduce por errar, deambular sin rumbo, como si no se supiera adónde ir, no se tuviera ningún objetivo” (pág. 120). El objetivo de un arquitecto es proyectar arquitectura que nos acoja; el objetivo del profesor es la formación de sus estudiantes. Así: “El espacio, literalmente, es el resultado de un proyecto, de una visión de futuro. Depende de qué queramos ser, de la huella que pretendemos dejar, de cómo pensamos comportarnos” (pág. 121). Llegar al objetivo requiere esfuerzo: “No vale ir a ciegas. La exploración, el recorrido pretende alcanzar un determinado objetivo. La meta, empero, se halla a cierta distancia. Alcanzarla conlleva tiempo” (pág. 121). Lo lograremos, palabra a palabra, libro a libro.

 

Babia, a lo lejos. Un glosario-guía para no perderse en el arte. Pedro Azara. 


Ediciones Asimétricas, 2025.


NB: El blog precisa que la portada y las ilustraciones del libro son obra del estudiante de arquitectura entonces, hoy arquitecto, Roger Adell. 



1 comentario:

  1. Muy interesante el concepto y término griego de crisis. Hoy es un sustantivo desvirtuado, encogido, para denominar una situación, y mira que hay situaciones personales, colectivas, próximas, mundiales...Pero mientras quede algo en el sentido de afrontar los problemas merecerá la pena. Naturalmente la palabra crisis se usa abundantemente por doquier como un fantasma, un miedo, un fatum. O la oscuta intención de que nos pongamos en manos ciegamente de quienes realmente generan los problemas.

    ResponderEliminar