viernes, 20 de julio de 2012

En el vigésimo aniversario de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 (Ara que té vingt anys. Un cuento olímpico)

Se celebra esos días el vigésimo aniversario del inicio de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.


Debía ser por 1988. Un compañero de promoción, que había abandonado la carrera de arquitectura, me encontró por la calle -o acaso me esperaba. Junto con cuatro socios más había fundado una gran promotora de conciertos Creative Entertainment Group. Ésta se había dado a conocer hacía poco con el espectáculo musical La Nit, en la avenida María Cristina de Barcelona, en la que Freddy Mercury y Montserrat Caballé cantaron por vez primera lo que se quería que fuera el himno de los Juegos: Barcelooooooona. Poco después, mientras montaba los programas televisivos anuales Ibiza 92, organizaría los mayores conciertos que jamás se han dado en Barcelona: los Rolling Stones, Madonna, Prince, etc. Era curioso ver la cantidad de entradas gratis, en la zona VIP que, desde el Ayuntamiento y la Generalitat deCatalunya, se solicitaban para políticos y afines.

La promotora había sido invitada, junto con unas pocas empresas más, a un concurso restringido para escoger quien organizaría las celebraciones de apertura y de clausura de los Juegos Olímpicos. el presupuesto estaba a la altura del evento.  Creative Entertainment Group había reunido un equipo formidable y heterogéneo internacional  compuesto por una televisión japonesa, el promotor de conciertos Bill Graham -y promotor de Led Zeppelin, entre otros-, el escenógrafo de la gira mundial Bad de Michael Jackson (Tom McPhillips, que también trabajó para Led Zeppelin), etc. Había intentado lograr un acuerdo con Juan Manuel Serrat (no recuerdo si se logró), pero pedía unos treinta millones de pesetas.
Sin embargo, carecía de un "creativo": la persona que redactaría el guión de las ceremonias, de acuerdo con el prolijo y tópico esquema redactado por el Comité Olímpico de Barcelona: las ceremonias tenían que referirse a Barcelona, Cataluña, España y el Mundo, y aunar "tradición y modernidad".
Este amigo sabía que Manuel Arenas y yo habíamos montado exposiciones. Nos citó en su despacho, y nos propuso que fuéramos los "creativos" de la propuesta que esta empresa presentaría al concurso -después que entregáramos un primer boceto. La oferta superaba todo lo esperado.

Una amiga que trabajaba (y trabaja) en el Ayuntamiento me advirtió que era inútil que aceptara, ya que estaba decidido que ganarían las empresas de Bassats (asesor del presidente de la Generalitat) y de Ovideo (asesor del alcalde de Barcelona).
¿Quién iba a hacer caso de un aviso ceniciento?

Trabajamos dos años: una infinidad de reuniones, una estancia de días en el estudio de McPhillips cerca de Londres, encuentros con toda clase de personas. Fue un trabajo entusiasta, en el que las propuestas más descabelladas e irónicas tenían cabida. La sede barcelonesa de Creative, en un espléndido piso principal cerca de la calle Ausias March, no cerraba.
También se tomaban ayudas para mantener el ritmo, sobre todo nocturno.

El director de Creative Entertainment Group, Pino Sagliocco, estaba preocupado: el equipo era potente e internacional, pero carecía de contactos políticos y locales (la "operación Serrat" quizá no cuajara). Trató de compensar este lastre incorporando a un equipo de especialistas en "markéting", profesores de ESADE (Xavier Creus, etc.), que se ocupaban de la imagen de, entre otras grandes empresas, los hospitales de Barcelona.

Llegó el día de la entrega de las propuestas. Se sabía que la aportación más original del equipo de Ovideo, a cargo de Mariscal, consistía en convertir el estadio olímpico en una gigantesca paella en la que los espectadores se vestirían de blanco, y serían granos de arroz, mientras actores se disfrazarían de gambas. El recuerdos del bar Gambrinus, coronado por una gamba gigantesca, de Mariscal, en el Paseo Marítimo (Moll de la Fusta) de Barcelona, aún estaba fresco. Se rumoreaba que Bassats había logrado reunir a todos los cantantes de ópera nacionales.

Cada equipo tuvo que exponer su propuesta ante el numeroso jurado. sentado detrás de una larga mesa
. solo unas pocas personas del equipo podrían exponer: representantes de la televisión japonesa, el director de la promotora, el equipo de márketing, un miembro del "equipo creativo". Tiempo más tarde, éste falló. Decretó que no había vencedor sino que tres equipos tenían que seguir desarrollando el proyecto.

A partir de aquí, el recuerdo se vuelve confuso, porque confusa se volvió la situación. Pino Sagliocco nos entregó los guiones de Bassats y de Ovideo. Al parecer, se llegó a un pacto entre Creative Entertainment Group, cuya propuesta parecía ser la mejor, y Bassats, potente políticamente, mas con una propuesta pobre.
El equipo de "Márketing". abandonó el grupo. Se convirtió en asesor de la compañía de teatro La Fura del Baus. Nunca supimos si este hecho tuvo alguna importancia.

Bassats y Ovideo fueron declarados vencedores ex-equo. Recordé la premonición de mi amiga.

El resultado debía ser justo. Nos olvidamos del concurso.
las propuestas quedaron en manos del COOB, propietarios de todos los derechos.

Una semana antes de la inauguración, la prensa publicó artículos en los que se describían las ceremonias cuyos ensayos finales tenían lugar en el estadio. Una noticia nos extrañó: una parte de la ceremonia, llevada a cabo por La Fura dels Baus, se parecía mucho a nuestra propuesta: el estadio se convertía en un mar (el mar Mediterráneo), cubierto por láminas agitadas por porteadores sobre sus cabezas, mientras una gran nave lo surcaba. La idea, y su puesta en práctica, no eran nuestras, por otra parte: las habíamos tomado de una célebre escena de tormenta cabe Venecia de la película Casanova, de Federico Fellini.

Pino Sagliocco nos confesó que se trataba de nuestra propuesta. Pero que nada se podía hacer. Era mejor esperar la clausura de los juegos. Tampoco quería enfrentarse a los poderes políticos. Quería seguir organizando grandes conciertos, sin problemas.
Avisamos a la prensa de la extraña situación.
Arcadi Espada, periodista de El País, se entrevistó con nosotros en un bar-librería (que ya no existe) en la calle Balmes, cerca de la plaza Molina. Nos pidió pruebas. Le describimos lo que habían proyectado. Y le mostramos el trabajo. Correspondía exactamente a lo que había contemplado en los ensayos.
Publicó la noticia en El País. Luis del Olmo, llamándonos compañeros", empezó a llamarnos para que habláramos en la radio. Respondimos que habíamos dicho lo que queríamos decir.

Recibimos una llamada de Bassat/Ovideo. Nos citaban en un despacho cerca del puente de Vallcarca. Faltaban cinco días para la inauguración. Aquella tarde suspendieron el ensayo general de la ceremonia inaugural en el estadio.
Una larga mesa, rodeada por un número sorprendente de personas sentadas nos esperaba. Notamos una cierta relajación en el crispado ambiente: solo habíamos acudido dos personas. Años más tarde, comprendimos que hubiéramos tenido que ir con una plétora de abogados. Pese a eso, a un alto responsable le temblaba la mano que sostenía un cigarrillo encendido.  Expusimos lo que habíamos leído, lo que nos habían contado. ¿Cómo podíamos pensar que se utilizaba nuestro guión sin consultarnos -se nos dijo paternalmente. Entendían nuestra sorpresa,; pero ocurría que la escena en litigio ya estaba en su propuesta. Para demostrarlo, se pidió a una secretaria que realizara una fotocopia de su propuesta que nos entregarían. Nos mostraron la descripción de la escena. allí estaba. Era cierto, pues, que dos empresas habían tenido la misma idea, habían escrito lo mismo. Todo era fruto de la casualidad. Habíamos sospechado sin ningún fundamento.
Confundidos, rojos de vergüenza, con el pulso alterado, salimos a toda prisa, no sin antes recoger dos entradas que nos regalaban para un ensayo general.

Era raro. algo no encajaba. ¿Cómo era posible?  Llegué a casa. Y de pronto, lo entendí todo. Cogí el guión fotocopiado que nos habían entregado: era el mismo texto de nuestra propuesta. Era nuestra propuesta, a la que no se había cambiado una coma. Tenía incluso los mismos peculiares giros idiomáticos. Nos habían dado lo que habíamos escrito.
La ceremonia fue un éxito abrumador. La escena de la conversión del estadio en un mar, la más celebrada.

Dos meses más tarde. Pino Sagliocco nos llamó. Era el momento de poner una denuncia. Nos reunimos con sus abogados. La partida estaba cantada. Se habló incluso de las indemnizaciones. Nos correspondía treinta y cinco millones de pesetas a cada uno, pese a que los derechos no eran nuestros (aunque supongo que si lo era la propiedad intelectual). Los abogados estaban tan seguros que el juicio se ganaría que cobrarían un tanto por ciento de la indemnización, al finalizar el juicio. Solo pedían que se les pagara las primeras horas de trabajo, legalmente necesarias, imprescindibles para poner en marcha el juicio, antes de empezar.
Dado que la indemnización millonaria íba destinada a Manuel Arenas y a mí, Pino Sagliocco nos pidió que abonáramos este anticipo.
Creo que no contestamos. Salimos, y no volvimos.

Hacia noviembre, m encontré con el responsable de la Sociedad General de Autores (sigue activo en la política). La reunión mundial de las Sociedades de Autores había tenido lugar en Sitges. Me comentó que nuestro caso había sido estudiado.
Escuché. No pregunté nada.

Han pasado veinte años. El recuerdo se deforma, se difumina. Algunos actores (Pepo Sol) han fallecido. Otros han cambiado de profesión.
Durante un tiempo seguimos trabajando para la promotora (un proyecto de escenografía para un concierto de Sinnead O´Connor en Santa María del Mar, que no tuvo lugar porque no se lograron los permisos; un guión de vídeo para Madonna -que actuaba en Italia, por el aquel entonces; un proyecto de concierto para Allan Parson Project, ante la Sagrada Familia, en la que se interpretaría su disco Gaudí).
Creative Entertainment Group hizo suspensión de pagos. Ofrecía demasiado dinero a los promotores para obtener la organización de conciertos de estrellas en Barcelona, satisfaciendo los caprichos de éstas. Unas pocas entradas sin vender, y los números se encendían. Cerró la sede. El director se fue a Madrid dejando a sus socios en la estacada. Rehizo fortuna como mánager de Joaquín Cortés.
El azar hizo que, durante un año de abono al Liceo, a Manuel Arenas y un alto responsable del equipo ganador les tocaron asientos contiguos en platea.





4 comentarios:

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    1. Tiene usted razón.
      Muchas gracias por la corrección.
      Lamento el error.
      Gracias de nuevo

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  2. Todavía queda el error en la primera línea: "Se celebra esos días el veinteavo aniversario" :-)
    Un saludo y gracias a usted por este magnífico blog.

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  3. Gracias de nuevo. corregido.
    El que el francés sea la lengua materna ha jugado quizá una mala pasada ("vingtième"...).
    Y que no haya querido releer la entrada.
    Aunque, muy posiblemente, no habría caído en el error.
    Gracias de nuevo, y por su comentario

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