martes, 23 de junio de 2015

Una pila de alucinaciones: la batería del Museo de Bagdad

Recuerdo que hace unos años, Gregorio Luri me llamó excitado acerca de la posibilidad de viajar a Bosnia todos los gastos pagados y a cuerpo de rey. Una amiga suya le había pedido formar parte de un comité de expertos, enteramente financiados por la UNESCO; que debían decidir acerca de un revolucionario descubrimiento arqueológico: una pirámide (luego, dos pirámides), de centenares de metros, decenas de miles anteriores a las primeras pirámides egipcias, levantadas en un valle de Bosnia. Se trataba -cómo no- de las pirámides del sol y de la luna. Habían sido descubiertas por un arqueólogo australiano, célebre porque había demostrado que las ciudades mayas, en la selva guatemalteca, habían sido construidas por extraterrestres.
Obviamente, aceptamos de inmediato la propuesta.
Finalmente la oferta no prosperó. Quizá, por desgracia, la UNESCO recapacitara.

Pocos años más tarde, la Escuela de Arquitectura de Barcelona otorgó un "Apto. Cum Laude" a una tesis doctoral -cuyo contenido también fue presentado en el Colegio de Arquitectos de Cataluña y otras reputadas instituciones académicas- que demostraba que las medidas de la gran pirámide egipcia de Giza, contenía todas las fechas de los principales eventos de la humanidad, pasados, presentes y futuros. Se leía incluso el nombre de Jesús.

Cuando Caixaforum, en Barcelona, expuso la muestra sobre la cultura del sur de Mesopotamia en los cuarto y tercer milenios aC (Antes del diluvio. Mesopotamia 3500-2100 aC), en 2012, sorprendió la incesante visita de jóvenes vestidos de negro, con botas militares, cargados de cadenas, y coronados a veces con magníficas crestas, que acudían en busca de la señal. Solían inclinarse o arrodillarse ante una estatuilla "pre-sumeria", calificada de diosa, que representaba a una figura femenina con una testa de ave rapaz. Si, la señal estaba clara: como expone "El libro de Enki" y proclaman a voz de grito grupos de Death Metal, los sumerios eran extraterrestres. Sin embargo, recibimos también duros reproches porque ocultábamos la verdad: los sumerios no fueron nunca de este mundo.

A partir de los años cincuenta, no hubo un descubrimiento arqueológico de renombre que no se asociara a seres de otro mundo. ¿quién no recuerda las pistas de aterrizaje de OVNIS en los petroglifos gigantescos de Nazca (Perú)?.


Sin embargo, todas esas revelaciones empalidecen ante la gran verdad: los babilónicos descubrieron la electricidad -y, por tanto, fueron capaces de alimentar las máquinas más fantásticas: ¿OVNIS?
En 1936, el director alemán del Museo de Bagdad halló en un sótano una jarra -o varias-, sellada con bitumen, que contenía dos estrechos tubos metálicos, situados uno dentro de otro, de cobre y de estaño. La interpretación era clara: se trataba de una batería eléctrica.
 Gracias a ésta, y otras que también yacían en el museo, los mesopotámicos practicaban la técnica de la galvanización. Ésa era el uso más mundano que se le podía dar. A partir de éste....
Arqueólogos, en los años setenta, habrían replicado la batería y demostrado que podía haber funcionado con un líquido ácido: jugo de pomelo.
Que la batería hubiera sido descubierta cuando los nazis buscaban pruebas de la superioridad aria, es decir de la existencia de extraterrestres, por todo el mundo -Himmler vino al monasterio de Montserrat, cerca de Barcelona, buscando el Santo Grial-, que no existan pruebas gráficas de los experimentos practicados en los años setenta, que no se hallaran cables y que por otra parte el sello con bitumen la la boca de la jarra impedía cualquier contacto entre los tubos y el exterior, y que ningún arqueólogo haya logrado, con luz y taquígrafos, producir ningún chispazo con la batería mesopotámica, no ha impedido que la afirmación rotunda acerca del conocimiento de fuentes de energía misteriosa por parte de los mesopotámicos que, seguramente, les habrían transmitido civilizaciones -o razas- superiores.

Todavía en 2009, tras una visita al Museo de Bagdad, se nos preguntó acerca de la célebre bateria.

Es por eso que se tiene que acusar a la mayoría de los sumerólogos de falta de fe o de imaginación. En 2012, se demostró que la jarra es de época sasánida, data del primer milenio dC, y los tubos catódicos son simplemente sujeciones de papiros de inspiración romano-oriental. La jarra habría sido, como tantas otras, un simple receptáculo protector de papiros.
El desencanto es obvio. No puede ser. ¿una funda de papiros?

Enki no ha podido dejarnos caer tan bajo.
Suerte que siempre nos quedarán las pirámides (en Egipto, Guatemala o Bosnia). La colina del Tibidabo, cabe Barcelona, ¿no tiene una forma sospechosa?



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