jueves, 2 de junio de 2016

Clavos de fundación (o estatuas hechas para no ser vistas)













Los llamados clavos de fundación (temen, en sumerio, una palabra que vendría del indo-europeo, y que estaría emparentada con el griego temenos -recinto sagrado- y el latín templum -espacio acotado-, ambos en el origen de nuestra palabra templo) son estatuillas de cobre macizo que formaban parte de depósitos fundacionales mesopotámicos en el cuarto y tercer milenios así como a principios del segundo.
Se depositaban en las zanjas en las que se construían los cimientos de los edificios. Solían utilizarse en ritos fundacionales de templos y palacios. Se ubicaban en los ángulos de los cimientos.
La mayoría de los clavos terminaban en punta, precisamente; se hincaban en el tierra. No se sabe con qué fin.
La parte superior de los clavos comprendía imágenes antropomórficas -de dioses, reyes o sacerdotes- o teriomórficas -animales que simbolizaban a los dioses a quienes iba destinado el templo en construcción.
Estas esculturas de pequeño tamaño (entre veinte y cuarenta centímetros de alto), muy detalladas, no estaban realizadas para ser contempladas por ojos humanos. se enterraban y posiblemente estuvieran dedicadas a los dioses del subsuelo, a fin, quizá de contentarles. Después de todo, la obra, enraizada en la tierra, les robaba una parte de su espacio "vital".

El clavo más célebre representa al rey neo-sumerio (finales del tercer milenio) Ur-Nammu portando una cesta que contendría un ladrillo fundacional apoyada en la testa. Con este gesto, propio de un albañil, el rey se humillaba ante su dios. Se conocen dos ejemplares, en el Oriental Institute de Chicago, y en la Biblioteca Morgan de Nueva York.
Esta última pieza -expuesta en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en 1997- sufre un proceso irremediable de corrosión.
Quizá como homenaje, la biblioteca Morgan presenta una exposición dedicada a clavos de fundación en colecciones norteamericanas. Entre éstas, destaca también una pieza desconocida que representaría a un sacerdote de rodillas.
Los clavos de fundación son figuras que responden a criterios distintos del arte occidental moderno. Son piezas mágicas que solo los poderes sobrenaturales pueden contemplar. Se ubican siempre en el espacio fronterizo entre la vida y la muerte, el mundo visible y humano, y el invisible y divino. Marcan precisamente los límites de las construcciones, que son una imagen del mundo visible o una proyección del mundo invisible o celestial. Esto es, los clavos señalan los límites del mundo asignado a los seres humanos. Los clavos son guardianes. Protegen el espacio humano, y le indican el umbral que no pueden cruzar. Semi-enterrados en el momento del inicio de la obra, se adentran en el infra-mundo, y asoman la cabeza en el mundo visible, a modo de advertencia -aunque no pudieran ser contemplados.

2 comentarios:

  1. Fascinante. No tenía ni idea de estos clavos de fundación.

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  2. Me excuso por contestar tarde
    Se trata de objetos comunes en Mesopotamia en los milenios cuarto, tercer y segundo.
    Son de cobre pero también de piedra.
    Creo que no existe ninguno en colección española alguna.
    La mayoría se hallan en grandes colecciones públicas en Japón, Próximo oriente 8Siria, Iraq, Iran, Israel), Europa (Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Paise Bajos, que yo recuerde) y América del norte (Canada y EEUU).
    Se desconoce su función. No existen textos antiguos que se refieran explícitamente a ellos.
    Creo que no existe nada parecido en otras culturas antiguas



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