miércoles, 26 de octubre de 2016

FRANCIS BACON (1909-1992), INVISIBLE ROOMS (ESTANCIAS INVISIBLES. LONDRES, LIVERPOOL Y STUTTGART, 2016)












Organizar una exposición dedicada al pintor Francis Bacon que no consista en una sucesión interminable de trípticos parecidos con figuras deformadas de la misma manera sobre fondos planos, parece difícil.
Invisible Rooms (Estancias Invisibles), hoy en la Staastgalerie de Stuttgart (Alemania) ofrece, sin embargo, un punto de vista novedoso y aporta interpretaciones sugerente acerca del modo descarnado de Bacon de representar a seres humanos.
Aullan y se retuercen porque están encerrados en espacios interiores que les encierran como animales en una jaula., como Bacon muestra directamente No existe una correspondencia armónica entre el hombre y su espacio. Aquél no tiene un lugar propia. Se siente siempre encerrado. Se ahoga. Las estancias le obligan a mirar de frente como si estuvieran en un ataúd. Todo el esfuerzo que desfigura los retratados está dedicado a tratar, vanamente, de torcer los barrotes.
El grueso marco, siempre idéntico, que ciñe la tela, es el primero de los cercos que aísla a la figura y la convierte en una imagen de cara al espectador. La persona rodeada -axaltada, inmovilizada para siempre como una figura de cera- se halla expuesta, obligada a estar bajo la mirada del otro, convertida en una figura del espectáculo, una figura especular: como nosotros.
La pintura, al mismo tiempo, busca levantar esas capas -Bacon habla de velos- que aprisionan a los hombres. Por eso Bacon pinta. Lo que descubren, sin embargo,son figuras exhaustas. Necesitan y repudian las habitaciones que los acogen y los ahogan.
Estancias que son escenarios, por otra parte, donde se dirime la suerte del individuo. Los numerosos dibujos que Bacon realizó -cuya existencia negaba- muestran como Bacon concebía el espacio de la vida como una jaula y como un cuadrilátero donde se dirimen diferencias. En éstos, los hombres se exponen. Por esto pueden ser vistos y cruzan la mirada con el espectador. No cabe concebir al ser humano en el vacío, fuera del espacio donde la vida pasa cómo en una escena, donde se juega hasta el final.
Una exposición contenida, con obras que enlazan unas con otras sin repetirse.

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