Una tapia, por la que sobresalen remates en forma de cruz de los panteones, en forma de templo clásico o de panteón, nunca mejor dicho, que delimita la parte más alta del cementerio marino, cantado por el poeta francés Paul Valéry, situado en una ladera que cae al mar en las alturas de la ciudad francesa de Sète, se enfrenta al museo, un edificio brutalista de hormigón dedicado al poeta, que acoge una exposición antológica del pintor francés Philippe Coignée, cuya obra gira principalmente alrededor de los mediocres y maltratados bloques de pisos de los años setenta de las periferias de ciudades francesas, que compara con la torre de Babel, y de las vanitas compuestas por calaveras, estableciendo una extraña y perturbadora relación entre temas tan aparentemente distintos.
Coignee parte de fotografías sin cualidades. Obtenidas de internet, a menudo de la aplicación Google Maps, que ofrece imágenes, a veces deformadas, de todos los rincones del mundo, en particular de ciudades y sus periferias. Pinta a la cera sobre las fotografías ampliadas a gran tamaño. Cubre la pintura con una lámina transparente por la que aplica una plancha caliente. Tras retirar la protección, la cera se ha corrido, como el maquillaje tras una calurosa noche de fiesta. La imagen es casi grotesca. Las imperfecciones, las miserias de los bloques se acrecientan. Saltan a la vista. Se convierten en ruinas evidentes. La vulgaridad, las limitaciones, la mala calidad del proyecto y de la materialización de las construcciones, su sinsentido y su inhumanidad quedan al descubierto. Los edificios parecen saqueados o bombardeados, convertidos en espectros. Estallan en una multitud de astillas, convertidos en una nube de puntos que flotan.
Una breve serie de cuadros sobre castillos de arena concluye sarcásticamente -sin que el pintor lo explicite- la exposición.

















































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