Bajo la sobria y funcional pasarela peatonal de Mühlberg, de estructura de hierro y un suelo de listones de madera, suspendida en el vacío, sorteando una brecha en un vertiginoso precipicio -la pared de una cantera- del monte Carmelo en Barcelona, se hallan todavía los restos de una construcción a la que se accede por un abrupto y estrecho camino que zigzaguea por la pared vertical rocosa, no apto para personas que sufren de vértigo.
Este último testimonio del barrio de chabolas del padre Alegre, entre los años 50 y 70 del siglo pasado, da fe de las condiciones de implantación del barrio, relegado a un lugar de casi imposible acceso, colgado de la nada, y carente de cualquier servicio, aferrado a la roca, las barracas apoyándose las unas sobre las otras. El acceso, aun hoy, es incierto, inseguro y dificultoso.
Chabolas siguen existiendo en Barcelona, bajo puentes y terrenos baldíos, a veces centrales, como, hasta hace mucho, a un lado de la plaza de las Glorias -un nombre que suena casi cínicamente. Pero el número de barrios de chabolas y su extensión disminuyó mucho desde principios de los años noventa .
Agradezco Xavier Justes haberme señalado los restos de esta barraca de obra, convertida hoy en un mirador ocupado por turistas inconscientes, y a David Capellas, quien vivió en el barrio actual






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