viernes, 24 de abril de 2026

FRÉDÉRICK ARTHUR BRIDGMAN (1847-1928): LA DIVERSIÓN DE UN REY ASIRIO (1878)




















 
Aunque el pintor norteamericano Frédérick Arthur Bridgman -el Fortuny americano-, formado en París, y el artista más prolífico y reputado en los Estados Unidos a finales del siglo XIX, destacó como pintor orientalista y en particular por su visión del Egipto faraónico, a partir de los numerosos apuntes que tomó en sus viajes a Argelia y a Egipto, su fama, hoy, se apoya en un solo cuadro, el único que dedicó al mundo mesopotámico: una imagen del emperador neo asirio Asurbanipal luchando impertérrito con leones, muertos en un mar de sangre sin que el emperador sufriera un rasguño, en lo que parece más un Coliseo romano que un patio real de un palacio de Nínive. 

Asurbanipal como gladiador, podríamos decir. 
Este cuadro ilustra bien la imagen de Asiria que se impuso: exótica, salvaje y decadente, un mundo de fieras y de arquitecturas desmesuradas -en la que no faltan ninguno de los rasgos o tópicos del próximo oriente antiguo, vengan o no a cuento: relieves, toros o leones alados guardianes y estatuas de demonios como no se volverían a ver hasta la película de Friedkin, El exorcista.
Un fabuloso y distorsionado universo, cercano a la “decadente” Roma imperial, que fascinaba y atemorizaba, un símbolo del creciente poder, basado en la violencia y el dinero, norteamericano. Una excelente ilustración de los nuevos tiempos imperiales que se fraguaban a finales del siglo XX y principios del siglo XX. Una imagen muy actual, hoy, sin duda.

Agradecimientos a Paul Collins, del Museo Británico, por mostrar este cuadro en su clarificadora conferencia ayer noche en CaixaForum de Madrid.

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