¿Masacre? Un cuadro de grandes dimensiones, del pintor iraquí Mohammed Sami, educado en Bagdad -si bien hoy vive en Londres desde hace unos pocos años- muestra, de manera casi impresionista, en una sala de la colección permanente del museo Luisina de arte moderno en Copenhague, un plácido jardín florido, que se puede imaginar se ubica en la parte trasera de una holgada vivienda.
Un seto de girasoles: la referencia a van Gogh es casi demasiado evidente y fácil. Una evocación de un luminoso día de estío.
Es cierto que algunos tallos y flores yacen aplastados en el suelo, cuando, en verdad, se trata de una planta que difícilmente se abate.
Cierto es también que se observa, de más cerca, huellas semicirculares inscritas en la tierra. Bien se asemejan a las marcas de herradura de un caballo, o de varios caballos que parecen haber accedido nerviosos al jardín. Dibujan unas marcas desordenadas.
¿Unos caballos en un jardín privado? ¿Pisoteando setos?
El conocimiento, siquiera somero, de la historia de Iraq desde los años ochenta del siglo pasado hasta hoy, se recuerda, de pronto, si es que se hubiera olvidado.
Y entonces…


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