miércoles, 13 de agosto de 2025

La guerra de las Galias













 

Fotos: Tocho, Museo de la Romanidad, Nîmes, agosto de 2025

NB: la última imagen representa al dios Apolo


El interés por la cultura llamada Galo-Romana se despertó a mediados del siglo XIX.

Se conocía bien la conquista romana de las Galias gracias al libro que Julio César escribió sobre este tema. Julio César, en plena guerra civil romana , dirigió la guerra contra las tribus galas y las aplastó, victoria a la que siguió el exterminio de la población (un millón de muertos). 

Dado que los galos no tenían escritura y que la romanización fue intensa y efectiva, los únicos datos escritos sobre la cultura gala que se conocen son los que Julio César aportó, necesariamente tergiversados.

Julio César acumulaba cargos políticos -era cónsul-, religiosos, como pontífice y flamen mayor o sacerdote del culto a Júpiter (aunque afirmaba que su linaje descendía de Venus), y militares.

Tras la conquista y pacificación de las Galias -que incluían lo que hoy es Francia, Bélgica, Países Bajos y una parte de Alemania-, el senado romano, temeroso del creciente poder y de las ambiciones de Julio César que se pensaba eran monárquicas para acabar con el gobierno republicano, le declaró la guerra. Estalló la guerra civil.

Esta no hacía sino prolongar recientes tiempos revueltos que habían llevado a Julio César a abatir a los galos siempre amenazantes.

Francia, a mediados del siglo XIX, era una república, la segunda república, tras la revolución de 1848, que concluyó con la abdicación del rey Luis Felipe. Éste había llegado al poder tras la renuncia de Carlos X, durante las revueltas de 1830.

El presidente de la república era Carlos Luis Napoleón, sobrino del emperador Napoleón I. Tres años más tarde, el presidente se nombró emperador con el nombre de Napoleón III.

Francia vivía un siglo agitado por las diferencias sociales entre una burguesía acaudalada y una mano de obra miseria, trabajando en condiciones infrahumanas. El abismo era aún más patente debido a los aires aristocráticos que se la burguesía parisina había adoptado.

Del mismo modo que Julio César se nombró cónsul de por vida -evocando a la monarquía etrusca y anunciando el imperio- para apaciguar y transformar una República trastocada, Carlos Luis Napoleón decidió imitar al cónsul romano. 

La prueba más visible de los logros políticos y militares de Julio César fueron la conquista y sumisión de las Galias, que perfilaban la figura de un gran político y un militar dotado, virtudes que justificaban su asunción de un poder absoluto con los sue engrandeció a Roma. El estudio de las mismas, de su derrota y de su mutación en una próspera provincia romana, parecía necesario para ofrecer el modelo que Carlos Luis Napoleón, convertido en Napoleón  III, pretendía.

Promovió la arqueología gala, la definición de una cultura bautizada como Galo-romana (una invención de talante político decimonónica), y la creación de un museo arqueológico galo-romano en Saint Germain-en-Laye, no lejos de la capital, que aún existe. 

La cultura galo-romana, que el emperador inventó , fruto de la conquista de las Galias por parte de quien acabó con la República Romana, legitimó el poder de Napoleón III, quien engrandeció y transformó París a golpe de piqueta, inició una agresiva política colonial en África y en México -nombrando incluso  a un fugaz emperador, Maximiliano -, declaró la guerra al imperio ruso al que derrotó en Crimea, y se enfrentó al Sacro Imperio Germánico -con los resultados ya conocidos: el decreto de una tercera República francesa.

Una instructiva exposición sobre la cultura galo-romana, establecida  en el siglo XIX, y su estrecha relación con el imperio francés, en el museo de la Romanidad en Nîmes (Francia), ilustra bien sobre el trasfondo político de la arqueología en el siglo XIX, y su práctica para hallar las “raíces” antiguas de las naciones que se forjaron entonces, unas contra otras, basadas en supuestas épocas de esplendor, en unos sueños míticos o legendarios, entre Covadonga y la marca hispánica, como bien comprobamos en toda España, por ejemplo, en Cataluña .

https://museedelaromanite.fr/agenda/exposition-gaulois-mais-romains


 






ITHELL COLQUHOUM (1906-1988: GENUS LOCI
































 

                                    Genus Loci




Pintora, escritora, fascinada por Dalí, el ocultismo y la androginia, la artista surrealista británica Ithell Colquhoum, nacida en la India, entonces una colonia británica, cayó en el olvido antes de ser rescatada a merced del actual movimiento de revaluación de la historia del arte y del papel de las artistas, a menudo minusvalorado. Son las artistas surrealistas las que más atención han recibido en los últimos años.

El Egipto faraónico, la arquitectura megalítica británica y la arqueología fueron otras de sus obsesiones.

Su visión del genus loci o espíritu del lugar refleja bien su lectura de la arquitectura y el esoterismo. Bajo un cielo luminoso, sobre el que destaca el nítido perfil de una ciudad compuesta a partir del eje central vertical que el campanario de una catedral gótica traza, bulle , en lo fondo de la tierra, una masa informe y oscura, arácnida, que ocupa la casi totalidad del subsuelo, en la que se adivinan formas selváticas, lianas, raíces, masas arbóreas, inquietantes y necesarias. 
Un insólito y pavoroso humus tentacular, como los filamentos del micelio, sin el cual la ciudad bajo el sol, perse a quedar empequeñecida por la fuerza oscura del lugar, no tendría sentido ni se anclaría bajo el sol. Acaso estas profundidades acojan a los muertos. 

El genus loci, subterráneo, matérico e informe, se contrapone a los recortados, luminosos y nítidos perfiles de la ciudad,  pero es este contraste necesario para que la ciudad se eleve -y se ancle- sobre la personificación del lugar escogido. 

Una exposición antológica en Londres :



 





martes, 12 de agosto de 2025

Ébano

 Una exposición sobre el origen de los museos catalanes y de sus colecciones , actualmente en Barcelona, se centra en  las condiciones con las que se han producido las obras de arte que posteriormente fueron donadas y que constituyen los fondos de los museos públicos, nacionales o no.

La exposición estudia el origen de obras procedentes de colecciones privadas; colecciones creadas a partir de generosos fondos, donadas posteriormente. 

Los coleccionistas privados disponían de extensos presupuestos gracias a los beneficios de la actividad industrial que creció en el siglo XIX. La posesión de colonias en las Américas, África y el Sur-este asiático fue una de las causas de la riqueza de la burguesía y la aristocracia catalanas. Las colonias acogían extensas haciendas agrícolas en las que trabajaban esclavos procedentes de colonias africanas. El comercio marítimo, entre Cataluña, África y América permitió el traslado de esclavos a América y de bienes a Cataluña. 

El coste de las obras de arte fue abonado con riquezas obtenidas mediante la explotación de trabajadores forzados y carentes de libertad, y de tierras lejanas de las que las poblaciones anteriores a la llegada de los colonos fueron expulsadas o aniquiladas.

La exposición pública de la cara oculta de las obras de arte es aleccionadora. Esta información se comunica a través de obras de arte encargadas para la ocasión.

Los artistas no son necesariamente investigadores ni estudiosos. Los datos sobre el trasfondo colonial y esclavista tienen que contrastarse y apoyarse en documentos irrebatibles. Existen, sin duda. Pero no son los que necesariamente han manejado algunos artistas.

Una instalación expone que diseñadores industriales utilizaron maderas procedente de colonias, cuyas riquezas fueron expoliadas y, seguramente, obtenidas por trabajadores explotados. Maderas como el ébano, por ejemplo, una madera valiosa y rara, que no se encuentra en los países colonizadores europeos.

Ls exposición de muebles de madera negra, como el ébano, de los años 50 apoya o desencadena esta explicación.

Una visión rápida, sin embargo, permite descubrir que la madera no es ébano , y no procede de colonias. Se trata simplemente de muebles de madera teñida de negro. 

Dicha madera  se llama melis. Se trata de una madera densa, resistente, carente de nudos, de calidad, procedente de un árbol de la familia de los pinos. Desde la edad media esta madera ha sido utilizada por su resistencia para, por ejemplo, la creación de instrumentos musicales. Los árboles son de procedencia local.

Es cierto que existe melis americana, en concreto de Cuba, que se exportó a finales del siglo XIX, y que podría proceder de colonias en las que se explotaba a la mano de obra. Pero la melis americana se utilizaba para la fabricación de vigas y de pilares, debido a su longitud, regularidad y dureza, nunca para la producción de mueble utilitarios pequeños como un carrito de comedor.

Tal inexactitud, risible y un poco vergonzante, echa sombra sobre una exposición bien pensante y necesaria. No la  cuestiona, pero sugiere que el tema es suficientemente serio para ser  estudiado de manera académica -como así ha sido últimamente-, y no solo ni preferentemente una exposición como la presente, cuyas cualidades estéticas, existentes o no, no compensan, nos parece, algunas  insuficiencias históricas o científicas. Quizá un posible catálogo, aún no disponible, podría ofrecer las bases históricas para corregir ciertas afirmaciones.

Agradezco las precisiones a J.R.


https://cultura.gencat.cat/ca/temes/museus/museuhabitat/inici/

lunes, 11 de agosto de 2025

La nostalgia no es lo que era

 Los edificios, los comercios, las calles, los barrios, las ciudades, los entornos cambian sin remedio y para siempre. 

Una mudanza, que conlleva un cambio de hogar, de barrio o de ciudad acarrea inevitablemente nuevas costumbres en un nuevo entorno.

Una vuelta ocasional, obligada, por casualidad o por placer, al entorno en que vivimos durante años o media vida, desconcierta. Nada está en su sitio, en ningún sitio. Teles son los cambios que se han producido. Comercios que desaparecen o son sustituidos por otros que poco o nada tienen que ver, edificios derribados cuyos solares ocupen nuevas construcciones; los cambios pueden ser leves, pero afectan a los referentes que guiaban sin que nos diéramos cuenta. Sabíamos, sin ser conscientes, que un determinado elemento aún lejano pero ya a la vista, un portal, un árbol, un banco, un quiosco, un anuncio luminoso, nos indicaba, lo percibiéramos o no, que estábamos en territorio conocido, cerca de casa.

Solemos lamentar los cambios, que solemos considerar como unas pérdidas, la desaparición de referentes visuales. Añoramos lo que conocíamos. Miramos atrás, con nostalgia. 

Ocurre que ya no vivimos el presente, ni en el presente. No miramos hacia adelante sino que avanzamos de espaldas, mirando lo que dejamos, que ya no está ni estará. 

Por suerte. Los cambios impiden precisamente que nos recojamos, nos recojamos en el pasado. La pérdida de referentes obliga a asumir unos nuevos. Inevitablemente tenemos que encarar el futuro, mirar hacia adelante, con la incertidumbre y la esperanza que lo desconocido acarrea. No podemos cerrar los ojos ni actuar sin pensar, como si lo diéramos todo por sabido y conocido.

Pero la novedad salvaguarda el recuerdo. El pasado no se contamina con el presente. Éste no le afecta. El pasado queda preservado para que podamos disfrutarlo tal como era, mejor de lo que era, pues el pasado se ha convertido en una imagen que disfrutamos como si de un espectáculo se tratara, olvidando por unas horas las taras, las exigencias y las necesidades del presente.

Para que podamos disfrutar del pasado -que es lo que causa el verdadero placer- el cambio es imprescindible. Nada del pasado debe sobrevivir en la realidad, fuera de nosotros . Solo así podremos gozar de lo que fue, de como recordamos lo que fue, embellecido por el tiempo y la nostalgia, sin verse confrontado y derrotado por el presente.

Y, quizá, si vivimos lo suficiente, podríamos disfrutar de nuevos recuerdos cuando el cambio vuelva a caer sobre un entorno del que nos habríamos acostumbrado y que hubiera dejado de sorprendernos.


jueves, 7 de agosto de 2025

ABANICO -PAUL CLAUDEL (1868-1955): POÈMES D’ ÉVENTAIL (POEMAS SOBRE ABANICOS, 1927, 1948)
















 

Eventail                                       Je

                                               puise l’air

                                                   dans

                                                    un

                                                pays ficti

                                                     f

 

                                                   Cette

                                                       o          mbre que me confère

                                                                    la lune   

                                                        c          omme une

                                                                               encre  

                                                                     immatérielle  





Eventail

                                                     dans la main du p

                                                      oète qui ordonne

                                                    la nature comme le

                                                      sextant du marin

                                                              calcule

                                                                  le

                                                                        ciel





Abanico:

El útil más necesario y común en este segunda semana de agosto. Un objeto de diseño inmemorial y universal. Útil y expresivo. Fundador de un lenguaje. Cela y revela, cuenta en clave, según cómo se maneja.


El poeta y novelista francés Paul Claudel, cuando su estancia en Japón como embajador de Francia ante el Imperio del Sol, escribió un centenar de breves poemas para ser impresos en abanicos. Y de hecho, así se publicaron tras la Segunda Guerra Mundial.


Los poemas caligráficos fueron escritos o dibujados a mano por el poeta. Algunos se acompañaron de dibujos por un pintor japonés.


Claudel compuso los haïku tras visitar templos japoneses, un viaje físico e interior. Los templos le dictaron los textos. 


Espero que esos días próximos sean más llevaderos acompañados por esto poemas.


Se encuentran gratuita y legalmente  en Internet. Son de difícil traducción a otra lengua, como el castellano o el catalán. 


Remito el enlace a un blog donde se han traducido algunos de dichos poemas.



https://societe.paul-claudel.net/oeuvre/cent-phrases/


https://terebess.hu/english/haiku/phrases.pdf


http://poemasenfrances.blogspot.com/2006/03/paul-claudel-phrases-pour-ventails.html









miércoles, 6 de agosto de 2025

Vaguedad -y libertad

 Notas sueltas tras la lectura del Trabajo Final de Grado del estudiante de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, Roger Adell, sobre la tierra baldía (terrain vague, en francés), un tipo de espacio marginal pero recurrente en la urbe contemporánea, que ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre su presencia, su significación y su simbolismo, 

Le agradezco la deferencia por permitir discutir sobre su estudio:

El verbo latino vaco aúna dos significados que eran sinónimos, pero que para nosotros dibujos dos imaginarios opuestos. Vaco es estar vacío. Pero también ser libre, libre de obligaciones, del peso o carga de las mismas, como si uno se sintiera vacío, casi desamparado, después de haber llevado a cabo el trabajo impuesto.

Esta doble dirección que apunta el verbo vaco está detrás del complejo, contradictorio en apariencia, imaginario del terreno baldío. 

Vago en castellano tiene dos significados: incierto, desdibujado, y dejado, poco trabajador, es decir, improductivo y, por tanto, asocial, lo que lleva a su repudio, su marginalización.

La palabra, sustantivo y adjetivo, tiene dos orígenes latinos:

Vacuus, que ha dado también vacío, con todo el imaginario asociado a la vaciedad: abandono, dejadez y, en último término, muerte.

Vago también viene de vagus, que ha dado vagar: de allí vagabundo, es decir, un ser errante, que no ha lugar, que no pertenece a ningún sitio ni se le permite asentarse. Una figura repudiada, condenada. 

La peor condena en la Grecia antigua -pena que Edipo se auto inflige tras lo que ha cometido- no era una condena a muerte, una muerte rápida, sino una muerte lenta: la condena al destierro, lo que implica que ninguna tierra está autorizada a acoger al condenado, que debe vagar el vida que le queda sin rumbo, sin tener adonde ir.

Vacuus, amén de vacío, también significa vacante. Es decir, libre o liberado (ambas palabras traducen el latín vacuus), liberado de la tutela o el yugo del centro. Del centro irradian los radios que mantienen el control sobre el territorio alrededor suyo.

Un terreno baldío escapa a las normas. Éstas no llegan, no se aplican, o son inútiles. 

Un terrain vague es un espacio de libertad donde todo puede acontecer. El principio de incertidumbre da sentido a este espacio que no se somete a ningún dictado, sino que asume una multiplicidad de significados. Un lugar donde todos pueden sentirse en casa, independientemente de las condiciones, deseos, limitaciones y servidumbres que cada uno asume o con las que cada uno carga.

Un terreno vago: poco claro, escasamente definido, dejado como un apunte, apenas compuesto en la tierra. No es un sueño, sino una aproximación a lo que se materializará, se conformará en la tierra

Se trata de un espacio descentrado. Por tanto, perdido, sin duda, escapado, pero también imprevisible,  donde no se puede dar nada por sentado. Un terreno donde caben todas las opciones, que se abre a todas las oportunidades. Donde todo es posible, donde nada está escrito ni legislado.

El verbo vagor, en latín -de ahí el adjetivo vagus- también contiene latente la noción de libertad. Si por un lado significa errar -ir dando tumbos sin un objetivo fijo, sin saber a dónde ir-, vagor también significa escapar al constreñimiento del ritmo. 

Las pautas, que regulan los movimientos, los movimientos acompasados -del bailarín y del militar- no han lugar. El movimiento no responde u obedece a nada. Es un movimiento respondón, que se encara con la presión del ritmo que impone ciertos gestos en detrimento de otros, considerados fuera del juego reglado.

El terrain vague, así, deviene un sueño, donde se proyectan los sueños de libertad y de dolce farniente, que es capaz a la sociedad productiva y codificada moderna. Un espacio, pues, al margen de cualquier consideración.


A  R. A.