sábado, 22 de diciembre de 2018

JEAN-JACQUES LEQUEU (1757-1826): EL CONSTRUCTOR DE FANTASMAS




























Este último dibujo del arquitecto francés de la Ilustración, Jean Jacques Lequeu, revela una de las primeras muestras de la influencia de los toros asirios, que apenas se estaban descubriendo, en el arte moderno.
Lequeu fue un arquitecto de la Revolución Francesa, pero a diferencia de Ledoux y Boullée, no logró construir nunca, ni recibir consideración alguna en vida. Murió pobre, aunque no estuvo constreñido por las reglas académicas -trabajó, modestamente, como cartógrafo.
Sus proyectos parecen -y lo son a veces- irónicos. Juegan con la confusión entre lo mineral y lo orgánico, así como jugaba, en sus dibujos pornográficos, con la confusión entre lo animado y lo inanimado, lo natural y lo cultural (sus retratos, tomados del natural, parecen dibujos de estatuas), lo vital y lo mecánico, y los géneros -se autorretrató travestido. Sus dibujos de vaginas abiertas dejan en pañales El origen del mundo de Courbet, mucho más conocido.
Lequeu tampoco le interesó llevar a cabo proyectos realizables. Su mundo, al menos su mundo gráfico, es un mundo de ensoñación, que se recrea en figuras imposibles, o en detalles, anatómicamente perfectos, pero irreales en su obsesiva precisión.
Una exposición en el Petit Palais de París, recupera, por vez primera, este olvidado arquitecto que supo aunar, en un mismo proyecto, la pulsión humana y la dureza, la frialdad arquitectónica, 

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