viernes, 14 de agosto de 2026

El arte y la ciudad: la función ética de las imágenes (en la Roma Antigua)

 

























Fotos: Tocho, Nîmes, agosto de 2026


Una exposición de obras romanas de diversos géneros -desde mosaicos hasta vidrios pintados-, procedentes todas del departamento de antigüedades griegas, etruscas y romana, del museo del Louvre, de París, permite no solo ver una excelente selección de obras maestras (que lo son), sino reflexionar sobre la función ética -antes que estética- de la imagen naturalista en Roma republicana e imperial, entre los siglos II aC y V dC.

La exposición debate sobre la función de las imágenes plásticas, sobre todo públicas, a la vista de todos. 

Éstas no reproducen usos y costumbres cívicas romanas, sino que las crean. La sociedad romana no se mira en las imágenes que poblaban casas y ciudades, sino que se constituye a través de aquéllas. 

Las imágenes promueven valores éticos, difunden cómo debe organizarse una comunidad y qué papel juega y debe jugar un individuo en la colectividad. A través de la imagen de figuras modélicas y, sobre todo, de actividades colectivas, desde la fundaciones de ciudades hasta trabajos agrícolas y en talleres, pasando por la práctica de rituales y de asistencia a los mismos, todas ellas actividades colectivas, las imagen divulgan y exaltan determinados comportamientos y acciones conjuntas que solo pueden tener lugar en el seno de comunidades, comunidades que se constituyen gracias a la labor conjunta emprendida.

 Las sociedades se mantienen unidas gracias a una imágenes que educan, sin dejar de lado la pericia técnica ni los valores estéticos. Pero éstos no existen para ser apreciados en sí mismos, sino para permitir que las historias narradas o ilustradas actúen de ejemplos sobre cómo interactuar en el conjunto de una ciudad. Las imágenes se definen así como creadoras de lazos interpersonales y ayudan a que las tareas conjuntas en favor de la comunidad aparezcan como acciones que benefician a todos y a cada uno, sin que nadie salga más beneficiado de este servicio público llegado a cabo entre todos los miembros de una ciudad. La imagen no refleja la vida urbana sino es que capaz de crear -y de mostrar de manera atractiva y convincente- una ciudad -una cives- entendida como una colectividad que persigue el bien común, las buenas relaciones entre sus miembros, los dioses y los antepasados. ¿Un ideal, una ilusión, una burda manipulación?

La imagen forma parte de un programa político que estudia y regula cómo actuar para que la vida no sea un enfrentamiento permanente, sino una apertura hacia los demás y una disposición a recibir lo que los demás aportan. 

Obviamente, las imágenes pueden ser manipuladas, y pueden exaltar determinados valores que favorezcan a una parte de la sociedad en detrimento de otra, pero, más allá del cortejo imperial (de la atención, a veces critica, de la corte -corte que, de todos modos, se inserta en la sociedad y la estructura), no parece que la imagen se haya puesto al servicio de unos pocos en Roma, sino que se configura para ser entendida y apreciado por una mayoría.

Un arte político en el sentido más noble de la expresión, en favor de una vida estoica -aunque no sumisa ni indiferente, y menos aún cínica (en el sentido moderno de la palabra, ya que el cinismo originario promovía la exaltación de valores en favor de la comunidad y denunciaba con dureza la vanagloria, la búsqueda de placeres egoístas y la indiferencia ante la suerte de los demás).

Esta exposición que da qué pensar, de manera clara, se presenta hoy en la ciudad francesa de Nimes:


https://museedelaromanite.fr/agenda/exposition-lart-romain-du-louvre-un-monde-dimages

No hay comentarios:

Publicar un comentario