miércoles, 3 de agosto de 2016

Qué es un museo

Los debates recientes sobre la idoneidad de la devolución de obras de arte y artesanía por parte de museos a otras instituciones, propietarios o países (desde el inacabado debate sobre la propiedad de los relieves del Partenón hasta las discusiones actuales sobre la ubicación exacta o legal de piezas de arte sacro en las comunidades de Cataluña o Aragón ) quizá lleven a reflexionar sobre la función del museo.

Se trata, creo, de una institución creada en el siglo XVII en Roma (el primer museo  "moderno" habría sido el Kircheriano de Roma) y desarrollada a partir de finales del XVIII, en Francia, primeramente, para albergar colecciones reales declaradas de interés público, y religiosas desamortizadas.

El museo moderno se inspira en el museo helenistico de Alejandría. Este, sin embargo, que habría albergado obras de diversos géneros, habría sido, en verdad, un santuario dedicado a las Musas, divisas griegas hijas de la diosa de la Memoria.
Esta institución, a su vez, se basaba en espacios públicos o privados de recolección de obras existentes tanto en la Grecia antigua cuanto en Mesopotamia. Estos lugares atesoraban ofrendas públicas o privadas a templos (estatuas, joyas, pinturas), comunes en grandes santuarios griegos, obras pintadas o esculpidas que se guardaban como ejemplos de buen comportamiento ciudadano, por ejemplo en distintas estoas que circundaban el ágora de Atenas, o estatuas religiosas o reales rapiñadas, depositadas en palacios orientales, que testimoniaban que los dioses del pueblo vencido se pasaban del bando vencedor y cohabitaban con éste, o que los ancestros -los reyes del pasado- de un pueblo apoyaban e influían ahora, desde su nueva ubicación palaciega, al monarca vencedor. Robar estatuas de un palacio o un templo conquistado era una práctica corriente porque mostraba que los poderes sobrenaturales apoyaban al vencedor aceptando trasladarse a un nuevo templo o palacio.

Un museo, antiguo y moderno, es un receptáculo de obras desplazadas, por razones religiosas, políticas o educativas.
Solo los tesoros de los santuarios griegos que albergaban obras procedentes de otros lugares pero creadas para el santuario, y los museos de arte contemporáneo, cuyas colecciones resultan de encargos, compras y donaciones de obras muy a menudo creadas para el espacio del museo, escapan a aquella característica.
En todos los demás casos, las obras, siempre creadas para un espacio (templo, palacio, plaza, tumba), han sido desplazadas. Son espacios de obras desarraigadas violentamente.

Un museo puede ser el propietario legal de una obra, pero ésta, en verdad, no le pertenece. Ha sido creada para otro lugar y muy a menudo para una función muy distinta al de la pasiva exhibición, el solaz de los sentidos y la mente.

Devolver obras sería legítimo siempre y cuando pidieran regresar a sus espacios originarios y que éstos no hubieran cambiado de función.
El resto de los casos posiblemente responda a deseos nacionalistas o partidistas. El museo está ligado a la creación de los estados modernos y del concepto romántico de nación. Revela la mirada sobre uno mismo en oposición al otro. Un museo es el resultado de  un acto de violencia ejercido sobre la obra. Idealmente, deberían ser desmantelados. Pero ¿qué hacer entonces con una obras aún más desamparadas? Quizá no deberían existir. ¿Se puede rebobinar la historia?

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