La exposición estrella del año de la capitalidad mundial de la arquitectura asignada a Barcelona, titulada Seny i Rauxa (Sensatez y Alocamiento, Cordura y Desatino), en el Museo del Diseño de Barcelona, que repasa 150 años de arquitectura catalana desde el año en qué la formación del arquitecto se separó -por desgracia- de la del artista plástico y abandonó la sede de la Academia de Bellas Artes -un error con consecuencias que no se cometió en otros países, aunque podría revertirse y la escuela de la arquitectura retornar bajo el más acogedor paraguas de la universidad literaria de Barcelona-, hasta hoy, expone destacadamente una de las sillas diseñadas por arquitectos, en el siglo XX, tan cómodas -aunque inútiles si se quiere leer- como elegantes, fáciles de construir y de precio contenido, la silla BFK, que los arquitectos españoles y argentinos Antonio Bonet (1913-1889), Juan Kurchan 1913-1972) y Jorge Ferrari Hardoy (1914-1977) idearon y construyeron en 1938 -aunque nunca patentaron.La crítica de arte Ángela Molina, autora de un texto del catálogo de la exposición, comentaba que la hora de gloria de dicha silla ocurrió cuando la actriz Ingrid Bergman descansó y se relajó, bajo el sol, en un momento de cordura, en aquélla - en una de las numerosas variantes de la misma- en la mítica película Viaje a Italia, de Roberto Rossellini, de 1954.
Pocas sillas bien diseñadas pueden enarbolar semejante honor. La inicial del nombre de la silla bien podría ser el de la actriz -y no solo de uno de los arquitectos.
Agradecimientos a AM por esta información
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