martes, 21 de julio de 2026

FRANCESCO BERTOLINI, ADOLFO PADOVAN (1869-1930) & GIUSEPPE DE LIGUORO (1869-1944): LA ODISEA (1911)


 


Será por la sonrisa -o por cierta tono que hoy nos parece risible- que suscita, pero, aunque los actores de este mediometraje italiano de principios del siglo XX no tengan un cuerpo de dioses griegos como el que las esculturas clásicas reflejan, esta primera -o primitiva- película sobre la Odisea homérica brinda algo fundamental en un mito, una leyenda, una fábula o un cuento: encanto.

El encanto no se basa en milagros tecnológicos, masas de figurantes, despliegue de medios y músicas ensordecedoras, junto con las miradas torvas y las caras serias de los actores como si quisieran manifestar claramente que la Odisea no debe tomarse a la ligera; se sustenta, por el contrario, en la sencillez y la claridad -por compleja que sea la trama y la manera de organizarla, como así es en el mito escrito: un relato sobre un personaje, Ulises, que no aparece hasta la mitad del relato, precedido por rumores, y falsas pistas o pistas que no conducen a nada, que hacen dudar de su existencia- y en la falta de pretensiones, lo que es una señal de la importancia del relato, que pasa volando, y deja un recuerdo imperecedero: el relato, no de un héroe, sino de un mortal, que lucha consigo mismo, con sus limitaciones, y acepta sus debilidades, sin quejarse. Un héroe que lo es porque no se considera así, y que esta primera versión cinematográfica trasmite bien -aunque hoy nos rindamos más ante la furia y la fanfarria. 


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