jueves, 5 de marzo de 2026

MIGUEL FISAC (1913-2006): IGLESIA DEL ESPÍRITU SANTO (1942)


















 

Fotos a color: Tocho, marzo de 2026


¿Cómo juzgar un “buen” edificio -por su relación con el “tejido” urbano, con el entorno, por su volumen, su fachada, sus proporciones, su material, su estado de conservación, cierta contención- cuya construcción conllevó la mutilación de un muy buen edificio existente? Los nombres de los arquitectos, y su carrera también condicionan el juicio. En un caso, además, uno de los autores acabó proscrito por ambos “bandos”.  

La política puede incidir en el juicio estético. El destino del templo, perteneciente a una secta católica, quizá tiña aquél. 

Mas, ¿podemos o debemos juzgar hoy, con criterios y valores actuales, decisiones y obras tomadas y llevadas a cabo hace sesenta años, en tiempos de postguerra y de durísima represión? El arquitecto posiblemente lograra el encargo por su afección a dicha secta -y su desafección final pudo haber acarreado que el destino de su última obra hubiera seguido los pasos de lo que él desfiguró medio siglo antes. 

Dudas y preguntas que matizan mucho la visión y la opinión -la interpretación- de la obra.

 Una respuesta prudente podría valorar el edificio externamente; parcialmente. El interior, más cercano a los dictados del concilio de Trento que del puritanismo protestante -pese a la admiración que sentía el arquitecto por creadores nórdicos-, en cambio, difícilmente logre una admiración unánime. 

¿Se pudo construir con independencia de la ideología, empero, en la postguerra? Y las dudas vuelven a aflorar. O, dicho de otro modo, el juicio tiene que tener en cuenta, valorar o desechar, pero no desconocerlos, todas esas preguntas.

Por fin ¿cómo  comparar dos edificios, uno de los cuales solo se conoce por fotografías, mientras el otro, cuya existencia conllevó la inexistencia violenta del anterior, luce aún hoy de manera impecable?

El auditorio de la Residencia de Estudiantes, obra maestra de los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez, de 1933, fue condenado al acabar la guerra civil. La institución estaba relacionada con la Segunda República, y con una enseñanza laica. 

El arquitecto Miguel Fisac recibió el encargo de implantar un templo en la estructura desacralizada de la Residencia Universitaria. Dicho templo iba a aplastar el auditorio de la misma. Éste no fue destruido. Pero sufrió una transformación tal que hoy es irreconocible. Un auditorio podría confundirse con un templo. Pero seguramente no debía. Mutó, pues, en lo que es hoy: una iglesia de estructural basilical, cuyo interior presenta un interés muy limitado (siendo educado o prudente), salvo en la sorprendente bóveda, elevada vertiginosamente, como un pozo de luz, sobre el altar.

Dada la adscripción a una secta escasamente aficionada a los edictos del Concilio Vaticano II, el templo sigue atrayendo a fieles incluso en días no festivos, a horas laborables. Pero la edad de los fieles augura que, un día, en un futuro que se augura relativamente próximo, el interior quede desierto para siempre, y la puerta se cierre por última vez. Entonces….


Una apasionante exposición, muy bien documentada, articulada y explicada, en la histórica Residencia de Estudiantes, en Madrid -que, sin duda, será votada merecidamente como una de las mejores, o la mejor, del año en España-, titulada Intolerancia. España en una época convulsa 1914-1945, con un despliegue inimaginable de documentos originales y reproducidos (libros, folletos, carteles, postales, cartas, notas, etc.), fotografías, obras y filmaciones, amén del vértigo que suscita su inquietante actualidad pese a referirse a hechos que en algunos casos acontecieron hace más de un siglo, invita hoy a pensar en lo que significa la construcción de la Iglesia del Espíritu Santo y a enjuiciarla -enjuiciando la decisión de su proyecto :

https://residenciadeestudiantes.com/exposiciones/intolerancia-espana-en-una-europa-convulsa-1914-1945


miércoles, 4 de marzo de 2026

Lo más destacado de ARCO (Madrid, 2026)

































 Fotos: Tocho & HT, Feria de Arte Contemporáneo ARCO, Madrid, marzo de 2026

Ars imitatur naturam

 El profesor imparte una lección. Da clase, una clase. En una clase o aula. Habla frente -o en medio- de los oyentes, los estudiantes, vestidos para ir a clase . Se esfuerza en ser lo más claro posible. Apoya sus explicaciones en datos e ilustra eventualmente lo que cuenta con textos (citas), referencias bibliográficas e imágenes -casi siempre fotografías que exhibe o que proyecta, o filmaciones. Puede recurrir a la música. 

La lección se estructura: una introducción, en la que anuncia el tema y detalla las partes, recordando o explicitando qué relación guarda esta clase con las anteriores, cómo se articula con éstas, y cómo anuncia las que vendrán en días o semanas sucesivos; un desarrollo ilustrado, acompañado de ejemplos; y una conclusión. Explícita la bibliografía utilizada, y responde a las eventuales preguntas o dudas de los estudiantes. En cualquier caso, busca ser claro, didáctico, convincente, educado, evitando subidas de tono, pero en lo posible huyendo del tono monocorde. Trata de no ser el centro de atención, sino que la atención recaiga en lo que explica. Algunos, pese a los esfuerzos, no lo consiguen -no lo conseguimos. A la salida, recoge sus apuntes, y se despide hasta la clase siguiente. Al final del mes, cobrará menos de doscientos euros si es un profesor asociado. Su suerte, y el tema que deberá impartir,  dependerán del humor del catedrático.

Un artista contemporáneo habla en público. Lo que hace no recibe el nombre de clase o de lección, sino de “performance”. Interviene en un “espacio museal o musealizado”: centro de arte, museo, galería, o en la calle previamente acotada. Habla frente -o en medio- de los oyentes, que no son estudiantes, sino críticos, galeristas, comisarios y coleccionistas trajeados de negro. No tiene porque  ser lo más claro posible: cualquier palabra, cualquier balbuceo, cualquier silencio, intencionado o no, forma parte de la “obra performativa”. Son acciones voluntarias o no “significativas”, que tienen que ser “descodificadas”. Apoya sus explicaciones en datos e ilustra eventualmente lo que cuenta con textos (citas), sin referencias bibliográficas y con imágenes -casi siempre realizadas, manipuladas o seleccionadas por él, tengan o no relación con el tema. El misterio, el desconcierto siempre son aportaciones que rehúyen de la obviedad. Puede recurrir al sonido. 

La performance se estructura o no: una introducción que no lo es -no introduce-, que no anuncia el tema y no detalla las partes, recordando o explicitando, o no, qué relación guarda esta performance con “acciones” anteriores, cómo se articula o se desarticula con éstas, y cómo anuncia -o calla sobre- las que vendrán en performances sucesivas; un desarrollo ilustrado, acompañado de ejemplos que chocan con lo contado; y una conclusión abierta. No explícita la bibliografía utilizada, y responde o no, amable o condescendientemente, a las eventuales preguntas o dudas de los asistentes, siempre admirativos . En cualquier caso, no busca ser claro, didáctico, convincente, educado, evitando subidas de tono, pero en lo posible no huyendo del tono monocorde. Es el centro de atención. Algunos, pese a los esfuerzos, no lo consiguen. A la salida, no se despide hasta la actuación  siguiente. Los asistentes aplauden, y comentan extáticamente la obra que han visto u escuchado, o no. Al final del mes, el artista cobrará de la galería por la eventual venta de la performance o de partes de ella -que no pueden ser fotografiadas ni registradas-, una cantidad que puede incluir un cierto número de ceros detrás de una cifra que excluye el cero. La suerte (económica) del galerista dependerá del humor del artista.  …. El fascinante mundo de las ferias de arte contemporáneo y de las temporadas artísticas que las acompañan.



martes, 3 de marzo de 2026

MIGUEL FISAC (1913-2006): PARROQUIA DE SANTA ANA (MORATALAZ, MADRID, 1965)





























 Fotos: Tocho, marzo de 2026


Una indiferente exposición de arte contemporáneo, promovida por una acaudalada coleccionista en un templo , dentro del marco de las actividades de la feria de arte contemporáneo ARCO en Madrid, ha permitido la apertura de las puertas y la visita hasta los últimos recovecos de una notable iglesia parroquial de hormigón, del mejor arquitecto español del siglo XX, Miguel Fisac, en un polígono, asentado en un terreno con pronunciados desniveles, en el barrio de Moratalaz, en la periferia oriental de Madrid.
El cuerpo central, que se despliega en un volumen de planta rectangular, se asemeja a una capa extendida o un ave de alas extendidas, cuyos límites ondulados están formados por entrantes y salientes que, por un lado evitan la reverberación del sonido y, por otro, abren concavidades detrás del altar mayor que acogen un crucifijo, reducido a un rasguño que flota en la curva que el ábside apunta, un púlpito y un sagrario, dispersando así la figura y la voz de la divinidad. 
De lejos, la iglesia apenas se reconoce. La planta y el volumen evitan que la singularidad de un templo se perciba en favor de un edificio más integrado en un barrio modesto.. Apenas un delgado campanario se otea desde lejos, desdibujado por las ramas de los árboles y en parte oculto por los muros de los servicios adheridos al santuario, desde la casa parroquial hasta aulas y patios que configuran un centro religioso y cultural inicialmente rodeado de jardines. 
Dicha parroquia fue el resultado de la primera aplicación de los edictos del concilio del Vaticano II que pedía que el ritual aconteciera en la tierra y entre los humanos, y no en las distantes alturas de los príncipes de la Iglesia. El color ceniza del hormigón, la ausencia de ornamentación, y el uso de jácenas de hormigón pretensado acentúan la humanidad del templo y su horizontalidad, a la altura de los fieles sobre los que no se impone una parroquia concebida como un centro comunitario.