viernes, 22 de mayo de 2015

ANDRÉ KERTÉSZ (1894-1985): PARIS (!925-) Y NUEVA YORK (1936-)













































Tras un relativo olvido, la exposición itinerante que el Jeu de Paume de París organizó en 2011 -y que acaba de concluir en Valladolid-, y la muestra actual en una galería de Londres, han vuelto a poner el foco sobre la obra del fotógrafo húngaro Kertész, emigrado a París en 1925, y exiliado en Nueva York en 1936.
Menos conocido que Cartier-Bresson, de quien fue maestro, una gran parte de la obra de Kertész se caracteriza por vistas callejeras, a menudo tomadas desde un punto de vista muy elevado que ofrece imágenes casi cenitales, vistas aéreas en las que las figuras se convierten en sombras proyectadas sobre el suelo que se confunde con el plano de la imagen. Temas nimios -unas sillas, unos pocos escalones-, con personajes en un discreto término, Kértesz quiso -y logró- captar la vida no heroica en la ciudad, en la que las figuras son siluetas en el fondo, y detalles arquitectónicos o decorativos sin importancia, pero que caracterizan al y cualifican el espacio urbano, adquieren protagonismo.

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