domingo, 13 de diciembre de 2015

BEZALEL (BEZALEEL), EL PRIMER ARQUITECTO TRAS EL DILUVIO




La discusión sigue entre los estudiosos. ¿Por qué Yahvé actuó de dos modos cuando creó el mundo? ¿Había seres de primera y de segunda? ¿El cielo y la tierra eran superiores que las aguas? ¿Adán y Eva mejores que el resto de las criaturas, incluidos los seres humanos?
La cuestión se plantea porque Yahvé, en ocasiones, crea (bara) y otras hace, obra (asah). ¿Dónde reside la diferencia, y por qué esta diferencia en el modo de operar?

Bara, literalmente, significa espumar, desnatar: separar la nata de la leche. A través de este gesto, se obtienen dos alimentos, sólido y líquido. Este gesto corresponde bien con el gesto fundacional de Yahvé haciendo emerger los entes de las aguas sobre cuya superficie sopla para que emulsione.
Bara, que se traduce por crear y procrear, solo se aplica a la acción divina, salvo en tres casos, dos de los cuales (Jos 17: 15, 18), designa, según Josué, la acción de acondicionar el territorio, es decir, de establecer límites y parcelarlo, lo que, curiosamente, muestra la importancia de la ordenación del espacio, el primer gesto del arquitecto.

Asah, por el contrario, designa tanto la acción divina como humana.
Pero no parece que bara se refiera a una acción superior a la que asah nombra. En ambos casos, se trata de gestos que concluyen en un ente ordenado.
Cabe precisar que bara y asah no son los dos únicos verbos que designan la acción creadora divina y humana. Bana (emparentado con el acadio banû, que se traduce por construir, y se halla, a través del árabe, en nuestro moderno sustantivo de albañil) también se refiera a una acción creadora, como por ejemplo, la creación de Eva.

Asah es el verbo que designa la acción de Bezalel.
Bezalel, nombre que significa A la Sombra de Elohim -el otro nombre con el que se designa a la divinidad bíblica, que lo emparentada con el dios supremo cananeo El- es un ser humano escogido e inspirado por Yahvé, En tanto que sombra suya depende enteramente de él. Yahvé lo ilumina. No tiene la "consistencia" de la divinidad, pero es un reflejo suyo que le sigue siempre los pasos. Bazalel y Yavhé están íntimamente unidos.
Bezalel fue escogido por Yahvé para construir el Arca de la Alianza. Ésta fue el primer templo, un templo transportable, adaptado a un pueblo nómada, en su tránsito entre Egipto de donde huye hacia la tierra prometida. El arca iba a ser la morada de Yahvé, su templo. Yahvé viviría en ella. El verbo que nombra la relación entre la divinidad y el espacio interior es importante: shakan significa vivir en una comunidad. Gracias al Arca, Yahvé estaría en medio, o en el centro, de su pueblo. Gracias al Arca que Bezalel iba a construir, una construcción, ordenada -en todos los sentidos de la palabra, mandad e ideada- por Yahvé, sería aceptada por Él, Yavhé se asentaría en la tierra
Yavhé informó de su decisión a Moisés, y adiestró a Bezalel. Le mostró los planos o la maqueta del Arca; le enseñó las artes de la carpintería y de la joyería. Le concedió el don de la enseñanza: Bezalel podría mandar y educar.
Y le dotó del espíritu divino, ruach elohim. Ruach significa espíritu o hálito. Designa la fuerza vital que depende de Yahvé. Es gracias al ruach que el ser humano está hecho a imagen de la divinidad. La comparación es posible gracias al don del ruach. Este hálito es propio de los humanos y de la divinidad. En este caso, el Espíritu de Dios, que es uno de los nombres de la divinidad, designa el espíritu creativo. Pertenece a la divinidad, pero es insuflado a Bezalel, quien se convierte en el ejecutor de los designios divinos. Goza de la protección de Yahvé -ruah, cálido, también significa protección-. Este espíritu emana de Dios. No significa que Dios esté físicamente presente, sino que designa una delegación. Bezalel es imbuido con los poderes necesarios para crear en nombre de Yahvé.
Tal poder escapa completamente a la concepción tradicional del artesano y del constructor de la antigüedad. Es propio de un creador verdadero, que solo volverá a existir mucho más tarde. Desde luego, no es casual que el creador humano fuera un arquitecto, pues de su acción dependía que la divinidad se materializara entre los hombres. Bezalel no trabajó solo. Su ayudante, también escogido por la divinidad, era Oholiab, nombre que significa El templo del Padre. de nuevo, la arquitectura se convierte en una metáfora de la creación vital.

"Habló Yahvé a Moisés diciendo: "Mira que he desugnado a Besalel, hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Judá; y le he llenado del espíritu de Dios concediéndole habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos; para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce; para labrar piedras de engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor. Mira que yo le he dado por colaborador a Oholiab (...) he infundido habilidad para que hagan todo lo que he mandado: la Tienda del Encuentro, el arca del Testimonio, el propiciatorio que la cubre y todos los utensilios de la Tienda..." (Ex: 31, 1-7)

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