lunes, 28 de diciembre de 2015

El "retrato" sumerio (2)

¿Retrato?
No, según los criterios occidentales de la retratística a partir del siglo XVI.
Estas estatuillas no reproducen los rasgos del modelo. No son una imagen fiel.
Y, sin embargo, no son figuras genéricas.
El material o los materiales (incrustaciones de nácar, betún, piedra negra, ágata, lapis lázuli, etc. en los ojos) empleados, la calidad de la piedra y las vetas, la talla, el tamaño, la traza, el pulido y detalles propios (ornamentos) logran que cada estatuilla sea única.

Las estatuas, en Occidente, a partir del siglo XVIII, son imágenes de seres o entes, existentes o no, o son entes, cosas entre las cosas naturales o artificiales.

Los "retratos" sumerios no reproducen los rasgos del modelo sino que doblan o sustituyen a éste. No son cosas sino seres. Tan o más vivos que los seres vivos, inevitablemente fugaces. Cada estatua remite a un ser vivo al que reemplaza. Permite que este ser se halle y permanezca allí donde no podría estar nunca. En el templo, en contacto con la divinidad. Cada ser vivo se reconoce en su estatua. Ésta contiene y retiene lo que pasa y decae en el ser vivo: su resplandor.  El brillo, literalmente, emana de las formas pulidas.

Son retratos, no porque se parezcan al modelo sino porque son éste. Éste no es sino en su estatua: le permite vivir para siempre, fuera del espacio humano, en la morada divina, bajo la mirada divina.
La estatua no es de este mundo. No incide en éste. Se halla y perdura en la frontera entre el espacio de los mortales y el de los inmortales. Las estatuas logran que los dioses miren a los humanos y no los fulminen con su mirada. Las estatuas están hechas con la misma materia con la que los dioses viven en la tierra. Es a través del retrato que el ser humano aspira y tiene la esperanza de perdurar para siempre. 
De algún modo, logró su propósito.

 Hoy todos esos ojos, llenos o ciegos, nos miran desde el espacio de los Inmortales a todos los que deambulamos, perdidos, en el laberinto de las primeras salas del departamento de antigüedades orientales del museo del Louvre  en París.

Fotos entrada anterior: estatuillas sumerias, acadias, neo-sumerias (época del rey Gudea) y elamitas (Susa), tercer y principios del segundo milenio aC). La mayoría de las cabezas, procedentes de figuras de orantes de pie perdídas y seguramente destruidas, tienen entre 3 y 8 cm de altura. Los bustos, entre 7 y 15 cm de altura, siendo las piezas más grandes excepciones. 
Fotos: Tocho, diciembre de 2015

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