viernes, 5 de abril de 2019

Prosecución (Obras del templo expiatorio de La Sagrada Familia "de" Antonio Gaudí en Barcelona)

Transcripción de mensajes hoy entre tres arquitectos sobre la prosecución de las obras del templo expiatorio de la Sagrada Familia, de Barcelona que se llevan a cabo desde la muerte del arquitecto y la desaparición de los documentos gráficos y escritos durante la Guerra Civil española.


- Creo que la obra se debería acabar en su totalidad (sobre todo en lo que concierne a las viviendas afectadas que se deberán expropiar).

- Pero se hubiera tenido que abordar el problema ahora, como también se hubiera tenido que debatir sobre el concepto de autoría

- En efecto, si se reconociera que el templo que se está construyendo no es de Gaudí -aunque quizá entonces se recaudaría menos y ya no se vería la “necesidad” de acabarla-, se podría continuar, ya que el daño a la obra original es irreparable y no hay vuelta de hoja. Destruir todo lo levantado desde la Guerra Civil es imposible por lo costoso y seguramente porque afectaría a lo que Gaudí levantó . Otra cosa es que lo que Gaudí proyectó y construyó tenga interés

- Lo que se está haciendo hoy viene a ser una "recreación" de las ideas de Gaudí, pero los responsables de la obra deberían dejar que sostener que construyen según el proyecto de Gaudí. Me parece mucho más interesante explicar cómo una obra, que el mismo Gaudí sabia que no vería acabada, se ha ido abordando por cada uno de sus sucesores, y reconocer la autoría de las decisiones de todos ellos.

- Creo que es así: se está llevando a cabo un trabajo muy digno, y lo único que no podemos hacer es engañar y seguir diciendo que se realiza el proyecto de Gaudí. Se está interpretando cómo se puede y se sabe.

- Y me parece una actitud muy interesante: muy contemporánea

- Comparto el punto de vista. El problema reside en que se quiere simplificar el trabajo que se lleva a cabo para promocionar la obra masivamente a los turistas. Es evidente que esta práctica funciona: los visitantes son día a día más numerosos, pero también es cierto que provoca el rechazo de toda persona con un cierto conocimiento que tiene la impresión que la obra es de cartón piedra.

- Al final, se está construyendo un icono turístico más: nada más

- Pero el proceso es muy interesante: la manera de abordarlo y el impulso tecnológico. Lo que se hizo después de la Guerra Civil no se tiene que derribar porque tiene un valor patrimonial en sí mismo, y no solo porque el derribo afectaría a la obra de Gaudí. Pero querer justificar que todo lo que se realiza se lleva a cabo bajo el proyecto de Gaudí menosprecia el trabajo que han hecho todos los que han seguido con la obra. Es más interesante y se puede aprender mucho más de lo que se supone estudiar un proyecto de hace cien años, con un concepto completo pero una realización incompleta, y plantearse cómo acabarlo cien años después, con todas las contradicciones que esta decisión comporta.

-Es cierto. El problema no es la prosecución de la construcción -se levantan hoy proyectos horrorosos, incluso de arquitectos conocidos, como la fundación Lumi en Aix-en-Provence (Francia), de Gehry, y el mundo no se hunde-. El problema -ético-, en efecto, es hacer creer que la Sagrada Familia es de Gaudí -independientemente de que por ser de Gaudí tenga necesariamente interés. Se trata de una falacia semejante a la de hacer creer que las murallas de la ciudad francesa de Carcasona son medievales, si bien también se reconoce a veces que responden a una visión romántica del medievalismo. Quizá se pudiera reconocer que la puesta en marcha de las obras de la Sagrada Familia, nuevamente, en los años cincuenta, estuvo facilitada por la atmósfera nacional católica de los primeros años del franquismo, y que hoy los beneficios económicos que genera -no creo que mucha gente crea en la necesidad de expiar pecados con una obra así- son tan irresistibles que la obra no se puede y quizá no se deba parar. Más que un templo es un casino, que no deja de ser un templo levantado al dios del dinero.

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