Standing on the Shoulders of Giants
Octubre-diciembre de 2023
RESUMEN
(Rabelais: La vida inestimable del gigante Gargantua)
Standing on the Shoulders of Giants es
una propuesta, basada en una frase, una noción ya conocida en Roma, enunciada
en la Edad Media y dada a conocer por Newton refiriéndose a su relación con Descartes,
que le precedía.
Según esta visión
de la relación entre culturas y generaciones, las lecciones del pasado, positivas
o no, son siempre útiles y necesarias, pues nos permiten abordar, con la
experiencia transmitida por quienes vivieron situaciones parecidas y trataron,
con éxito o no, de enfrentarse a los problemas, sin enfrentarse entre sí, soluciones
a los retos del futuro, hayan sido los obstáculos, las crisis, las desavenencias
con el mundo, naturales o levantadas por nuestra mano o nuestro empecinamiento.
La propuesta no valora la bondad de las soluciones del pasado, sino la bondad
de las actitudes, decididas a intentar hallar y probar remedios que calmen los
males que afectan a las comunidades, sus relaciones internas y con el mundo,
conscientes que tienen que legar un mundo y un imaginario asumible por las
generaciones futuras a fin que puedan seguir viviendo, produciendo y
disfrutando del complejo mundo de las ilusiones que recibimos y nos forjamos.
Al contrario que
algunas culturas, antiguas o no, que trataron que solventar graves problemas de
convivencia interna, y con el mundo terrenal y sobrenatural, mediante la huida
o la guerra, apoderándose de los bienes de otras culturas a las que se sometía
o se destruía -ejemplos recientes incluso pueden hallarse-, podemos hallar, en todo el mundo ejemplos de
culturas o civilizaciones que tuvieran conciencia que el fin estaba próximo,
tras las grietas entre las comunidades y el mundo -fueran los que fueran los
causantes, y que buscaron, en una actitud serena, meditada, y nada entregada a
la desesperación o la huida hacia adelante, soluciones que pudieran, siquiera
tan solo mitigar, los daños intuidos como inevitables y próximos. El lento
colapso, logradamente postergado durante al menos dos siglos, del mundo Maya,
es el ejemplo más conocido, estudiado y citado. No es el único, empero. El
imperio Maya se enfrentaba a un cambio climático natural, pero también a los
problemas del cultivo del maíz -que requiere la existencia de agua abundante
que vino a faltar-, un monocultivo marcado ideológicamente, puesto que los
seres humanos fueron creados por los gemelos divinos, hijos del dios del maíz,
que se sacrificaba y ofrecía su carne amarillenta para el modelado de los
humanos. Los Mayas resistieron la tentación de conquistas ajenas, asumieron el
reto y buscaron soluciones -relativamente exitosas durante dos siglos- que
permitieran la supervivencia -sin dañar a otras culturas. Ejemplos parecidos, culturas
antiguas en África, Sud y Norteamérica, el próximo Oriente, Extremo
oriente, Oceanía e incluso en el Polo
Norte nos lo proporcionan y nos ilustran sobre los valores, las categorías
perseguidos o alcanzados por acciones que buscaron el bien en detrimento del
beneficio, sobre las cualidades de los gestos cuidadosos, cuyos fines residían
en su necesidad imperativa sin aguardar nada a cambio, salvo una sensación de
haber obrado bien, y de haber brindado el bien a las comunidades.
¿Gestos ideales,
idealistas, ensoñaciones, ilusiones? Estar a buenas con uno mismo, sabiendo que
se obra bien porque se tiene que obrar de este modo, sin esperar nada a cambio,
salvo la conciencia que se ha obrado como se espera que otros obraran, a fin de
preservar la historia, los recuerdos y los valores, es, nos parece, una manera
de enfrentarse al abandono, el desengaño o el cinismo.
Este tema, que
centra el congreso propiamente académico (conferencias, ponencias,
comunicaciones, diálogos, seminarios y talleres, así como los concursos y las
actividades propuestas a los estudiantes), en verdad, es un motivo que
interpretan las actividades propuestas, como si un tema musical se tratara, una
frase de la que se ofrecen múltiples variaciones a través de las acciones emprendidas.
El mundo otro,
anhelado, que nos ofrece una imagen a la vez crítica de nuestro mundo, nuestras
actitudes, gestos y creencias, y una imagen de lo que podría ser y en la que
nos podríamos proyectar, es el mundo del teatro, un espacio acotado, ritualizado,
en el que los gestos y las palabras cuentan, tienen peso y consecuencias, donde
cada movimiento, cada soplo es un soplo de aire fresco que expone y disuelve
miedos y recelos que nos embargan en el mundo situado de este lado de la cuarta
pared.
Éste es el mundo,
los espacios que escogemos como lugares para las actividades académicas. Un
espacio donde mirarse para descubrirnos y descubrir qué hacemos, en qué nos
equivocamos, y qué actitudes y gestos deberían ser cultivados.
Todo mundo que se
agota requiere una vuelta a los inicios, desde donde volver a existir,
conscientes del imperio del tiempo. Los inicios, en espacios incontaminados por
el tiempo, ubicados en un tiempo antes del tiempo, donde morar y reflexionar
sobre lo qué hacer. Es el espacio de la Edad de oro greco-latino, del Paradeisos persa, del Edén bíblico, Las
aguas primordiales del Próximo Oriente, el Qi en China, el lugar de las ceibas
en el mundo maya, la isla de la flor de loto, en Egipto. Y estos lugares
primigenios, aun no afectados por la acción humana, solían ser espacios
acotados, jardines o vergeles, lugares que se degradaban pero que se trataba,
con éxito, de restaurar para la vuelta a unos inicios tras la decadencia final.
Las fiestas son
rituales para recuperarse, recuperar valores y la confianza en el mundo. Los
jardines son estos lugares propicios.
Las fiestas tendrán
lugar en jardines y en bosques -donde moran faunos, sátiros y el dios Pan, el
dios de los inicios que resume en su figura a todos los dioses.
Frente a la
naturaleza inmaculada, los humanos conocemos a una construcción soñada, casi
inalcanzable, a cuyas puertas solo se llega a través de un largo viaje exterior
e interior, un ejercicio de interiorización, un viaje por nosotros,
enfrentándonos, con éxito a nuestros miedos, nuestras limitaciones, nuestros
prejuicios. Este viaje ensimismado nos lleva ante el Castillo Interior, una
proyección de los castillos celestiales por la que las almas transitan, y en los
que se reposan, en su vuelo hacia el origen de la Luz. Los castillos son, al
igual que los jardines, espacios ideales, que actúan como modelos de nuestras
construcciones, de nuestra manera de edificarnos.
¿Qué lugar, si
lugar existe fuera de nuestra imaginación, en Barcelona existe que acoja la
aparente triada imposible de teatros (y museos donde manifestar, exponer y
exteriorizar nuestra visión crítica del mundo, de nuestras acciones, de
nosotros mismos y nuestro claro y oscuro mundo interior que tanto resuena en
nuestra relación intersubjetiva y con el mundo), jardines y castillos elevados?
La respuesta es casi demasiado obvia: la montaña de Montjuic, el lugar dónde se
asentaron, en el Neolítico o en la Edad de Bronce, los primeros habitantes de
lo que, milenios más tarde, sería un primer asentamiento púnico o romano.
Todas las
actividades, académicas, festivas o ritualísticas y expositivas, tendrán lugar
en esta singular acrópolis o montaña mágica, de fácil acceso, precedida por
pórticos de acceso desde diversos puntos, y ubicada, cada vez más, debido a la
extensión e la ciudad baja o profana, en el centro de la urbe. Una montaña lentamente
aceptada por la ciudad como un espacio ideal de reflexión, diversión y
encuentro, que se propone como un espacio casi soñado para una serie de
actividades que permitirán reflexionar sobre nuestro lugar actual en el mundo y
las consecuencias de nuestras acciones, los valores que las caracterizan, y las
nuevas actitudes, tras la reflexión, la travesía de cuarenta días por el
desierto, y la recuperación de valores en desuso en tiempos aún cercanos, que
deberían regir nuestro habitar en el mundo.
Porque, en verdad, nosotros somos los pequeños. A
medida que crecemos, paradójicamente, empequeñecemos. Las casas crecen,
devienen bloques amenazantes, rascacielos les llamamos incluso, un poco
presuntuosamente, levantando la mirada al cielo sin poder otear la cumbre, los
muñecos se convierten en altivas estatuas de bronce que nos desdeñan, mirando a
lo lejos, sin ni siquiera fijarse en nosotros por el rabillo del ojo, erguidas
en lo alto de peanas cuyo techo no podemos siquiera rozar con los dedos, y las
calles se ensanchan tanto que debemos correr, si podemos, para tratar de
cruzarlas a tiempo. Los problemas crecen, las preocupaciones se vuelven muros
insuperables, y nos vamos reduciendo inexorablemente hasta que un día
desaparecemos, y los demás ya no pueden vernos nunca más.
Los gigantes son niños pequeños porque el mundo está a
sus pies, presto a jugar con ellos. Quién pudiera volver a ser un gigante.
Eso es lo que congreso nos permitirá; durante cinco días,
creer que esto es posible, suspender el tiempo y volver a soñar, pensando que
podremos afrontar el mundo con la despreocupación de un niño, un niño grande.
PRESENTACIÓN
“De pronto se frotó los ojos, atónito, y miró con atención.
Realmente era una visión
maravillosa. En un extremo del jardín había un árbol casi cubierto de flores
blancas. Sus ramas eran todas de oro y colgaban
de ellas frutos de plata; bajo el árbol aquél estaba el pequeñuelo a quien
quería tanto.
El gigante se precipitó por las
escaleras lleno de alegría y entró en el jardín. Corrió por el césped y se
acercó al niño. Y cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y
exclamó:
-¿Quién se ha atrevido a herirte?
En las palmas de la mano del niño y
en sus piececitos veíanse las señales sangrientas de dos clavos.
-¿Quién se ha atrevido a herirte?
-gritó el gigante- Dímelo. Iré a coger mi espada y le mataré.
-No -respondió el niño-, éstas son
las heridas del Amor.
-¿Y quién es ése? -dijo el gigante.
Un temor respetuoso le invadió,
haciéndole caer de rodillas ante el pequeñuelo.
Y el niño sonrió al gigante y le
dijo:
-Me dejaste jugar una vez en tu
jardín. Hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.
Y cuando llegaron los niños aquella
tarde encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de
flores blancas.” (Oscar Wilde: El gigante
egoísta)
“Cuando el orbe animado de un alieno fecundo
Engendraba sin pausa
criaturas monstruosas,
Pude ser compañero de una joven giganta,
Como un gato sensual a los pies de una reina.
Ver su cuerpo a la vez madurar con el alma
Y crecer libremente entre juegos terribles,
Acechando si oculta un amor oscurísimo
Bajo la húmeda niebla que enmascara sus ojos.
Prodigar mis caricias a sus formas ciclópeas,
Escalar la ladera de sus grandes rodillas,
Y en verano, cuando huye de los tórridos soles,
Y cansada se tiende sobre un lecho de campos,
A la sombra dormir de sus pechos, confiado,
Como al pie de los montes una aldea tranquila”
(Charles Baudelaire: “La giganta”, Las flores del mal, XIX)
“Si me diese siquiera el tiempo suficiente para realizar mi obra,
lo primero que haría sería describir en ella a los hombres ocupando un lugar
sumamente grande (aunque para ello hubieran de parecer seres monstruosos),
comparado con el muy restringido que se les asigna en el espacio, un lugar, por
el contrario, prolongado sin límite en el Tiempo, puesto que, como gigantes
sumergidos en los años, lindan simultáneamente con épocas tan distantes, entre
las cuales vinieron a situarse tantos días. “ (Marcel Proust: “El tiempo
recobrado”, A la búsqueda del tiempo
perdido, VII)
“Nanos gigantum
umeris incidentes” (Bernardo de Chartres)
«Bernardo de Chartres decía que somos como enanos sobre los hombros
de los gigantes. Si vemos más cosas y más lejanas que ellos, no es debido a la
agudeza de nuestra vista, ni a nuestro tamaño, es debido a que estamos elevados
por ellos.”
(Juan de Salisbury: Metalogicon, II, 4)
“Pero de pronto, fue como si Odette entrara, y esa aparición le
dolió tanto, que tuvo que llevarse la mano al corazón. Es que el violín había
subido a unas notas altas y se quedaba en ellas esperando, con una espera que
se prolongaba sin que él dejara de sostener las notas, exaltado por la
esperanza de ver ya acercarse al objeto de su espera, esforzándose
desesperadamente para durar hasta que llegara, para acogerlo antes de expirar, para ofrecerle el camino
abierto un momento más con sus fuerzas postreras, de modo que pudiera pasar,
igual que se sostiene una puerta que se va a caer. Y antes de que Swann tuviera
tiempo de comprender y de decirse que era la frase de la sonata de Vinteuil y
que no había que escuchar, todos los recuerdos del tiempo en que Odette estaba
enamorada de él, que hasta aquel día lograra mantener invisibles en lo más
hondo de su ser, engañados por aquel brusco rayo del tiempo del amor y
creyéndose que había tornado, se despertaron, se remontaron de un vuelo,
cantándole locamente, sin compasión para su infortunio de entonces, las
olvidadas letrillas de la felicidad” (Marcel Proust: Por el lado de Swann, A la búsqueda del tiempo perdido, I).
Pero los gigantes siguieron aquí. Cristóbal era un gigante. Se
llamaba El Reprobado. Su figura inspiraba temor. Viendo los efectos
devastadores que causaba su presencia, se recluyó en una cabaña en un bosque.
Una noche, un niño desvalido apareció ante el umbral. Le pidió si podía
ayudarle a cruzar el río, inopinadamente crecido. Cristóbal lo subió a hombros,
y se dentro en las aguas. Pero notó cómo el peso que portaba cargaba cada vez
más, al mismo tiempo que el nivel de las aguas, que se henchían, ascendía. Al
llegar exhausto a la otra orilla, y sentarse, comentó con el niño el extraño
fenómeno. Era como si el mundo entero hubiera descansado sobre él. No solo el
mundo, replicó el niño, sino también a quien lo creó. Mas, por más que el niño
fuere el Creador, no hubiera podido alcanzar la orilla sin un porteador, a
quien rogó que plantara su bastón ante la puerta de la cabaña. Al día
siguiente, un árbol frondoso protegía la casa con su amplia y tupida copa.
Según Juan de Salisbury, los gigantes nos han elevado. La
elevación es física: nos alzan para que veamos más, pero también nos elevan
mental o espiritualmente, educándonos, formándonos. Si podemos encarar las
dificultades, no es porque somos más perspicaces, sino porque partimos de los
saberes, estudios, pruebas, aciertos y fracasos de quienes nos han formado.
Los gigantes, los sabios del pasado no son insuperables. De hecho,
no pretenden ni quieren serlo. Sus conocimientos pueden ser completados,
mejorados. Son una base sólida para afrontar las incertidumbres de la vida,
temores, angustias y misterios. Brindan su apoyo e inspiran confianza. Nos
hacen sentir que no estamos solos; nos hacen compañía, Es cierto que no
tuvieron necesariamente que enfrentarse al reto de los mismos obstáculos que se
alzan y con los que nos topamos. Pero nos enseñan a miran más lejos y más alto,
y a entender que el reto es ineludible y que la prueba debe ser afrontada incluso si es insuperable. No podemos quedarnos con los brazos
caídos, retirarnos, dar media vuelta, o tratar de no mirar a lo que cruza el
camino. Aportan conocimientos y una actitud ante un reto. No lo desdeñan,
niegan o hacen oídos sordos. Tampoco echan las culpas a otros ni los acallan.
Buscan soluciones, acertadas o no, que no agraven problemas ni causen daños
“colaterales”. Persiguen el bien, el bien común: una actitud ética que busca
minimizar o impedir daños, en pos de bienes que quizá no lleguen, pero que se
persiguen con ahínco y serenidad.
La violencia ciega tampoco es de recibo. Sería como darse de
cabeza contra una pared. Los gigantes asumieron la resolución de problemas que,
a veces, tantas veces, habían causado. El gigante egoísta, descrito por Wilde,
no podía acusar al tiempo o la mala fortuna las inclemencias y la soledad que
se habían abatido sobre su casa. Su mal fortunio era consecuencia de sus
acciones y decisiones, de su ceguera y su violencia. Su inicial reclusión no
sirvió para nada. Incrementó el mal tiempo, y su incomunicación. Solo cuando
decidió asumir el riesgo de reconocer sus errores y tratar de solventarlos, el
buen tiempo, tímidamente despuntó. Y un niño logró salvarse cuando el gigante,
decidido a salir de sí mismo, del mundo cerrado en el que se había recluido, le
ayudó, permitiendo al niño alcanzar un fruto de oro colgado de la rama más
alta, quien, a su vez, agradeció al gigante sacándolo de su voluntario encierro
y ascendiéndolo hacia la luz.
Los gigantes son como un alto paisaje, un fondo en el que
reposarnos, antes de afrontar las dificultades. Pueden anidarnos y aportar
consuelo, pero tenemos, a partir de sus ánimos, conocimientos, y ejemplos de
actuación, salir a enfrentarnos sin miedo y con lucidez a las montañas que
podemos incluso haber levantado (contra nosotros), sin que nos podamos escudar
en castigos divinos -ante los que nada se puede hacer, salvo callarse y bajar
la cabeza.
Y, de pronto, fue como si los gigantes entraran…. Y nos
aleccionaran a actuar, asumiendo posibles errores, buscando vías, no de escape,
sino de abordaje de soluciones, en beneficio de todos.
Toda la propuesta gira en torno a nuestra condición de Jano: giramos la cabeza para mirar a los
que nos precedieron, y animados por su mirada y su confianza, volvemos a mirar
la tarea que nos espera, para ceder, al fin, el puesto a los que vendrán,
entregándoles un mundo más digno, convirtiéndonos entonces, a su vez, en los
que preceden a los que vendrán y que podrán aprender, como ejemplos a tener en
cuenta o a evitar, lo que hicimos y los métodos y fines que perseguimos.
El futuro no tiene que dar miedo. Un futuro que no es el horror que la noción de futuro inspiraba a los mesopotámicos -para quienes el futuro era percibido como un túnel tan negro e ignoto que carecían del tiempo verbal de futuro, y que avanzaban en el tiempo, ni mirando al futuro desconocido, sino al pasado del que trágicamente se iban alejando, como un niño raptado que arrastran lejos de sus progenitores, y hacia los que tiende desesperadamente -y sin posibilidad de retorno y redención- los brazos- como a los cristianos para quienes el futuro se halla aún lejos, mas es una luz que ilumina la vida, llevando a olvidarse de la vida presente en favor de una vida futura siempre postergada, tan orientada hacia esta luz, que se olvida de mirar al pasado y al camino ya trazado y recorrido. Entre el miedo y la ilusión, entre los ojos cerrados y los ojos desorbitados, entre la fascinación por el pasado (para no mirar al presente y al futuro) y la adoración beata del futuro, desdeñando las luces del pasado, juzgado equivocado o apagado, cabe encontrar una mirada serena de una cabeza que mira tanto hacia al pasado como al futuro, mira al pasado para volver la cabeza hacia el futuro, en un movimiento que no es estéril, inútil o mecánico, sino que busca aprender del pasado para poder afrontar un futuro que nunca está determinado – si sabemos dar un paso atrás para mirar con más agudeza y serenidad. Somos enanos, es cierto; y por eso podemos y tenemos que elevarnos, sobre un camino que otros ya han recorrido.
El equipo incluía, entre otros, a Aureli Santos (arquitecto), Gemma Serch (arquitecta), Eva Subías (asesoria), Marcel Borràs (actor, escritor, director), Clara Aguilar (intérprete y compositora), Helena Cánovas (compositora), Cube z (iluminación), Albert Serra (cineasta), Nuria Giménez Lorang (cineasta y documentalista), Ángela Molina (crítica de arte), Gregorio Luri (filósofo), Jéssica Jaques (filósofa), Palomo Spain (modisto), Fernando Albaladejo (arquitecto y modelo), Adriá Pinar (escenografía), pfp disseny (diseño gráficio), Ediciones Asimétricas (publicaciones), Irene Escolar (actriz), ...
Las actuaciones previstas hubieran corrido a cargo de Clara Aguilar (confirmada), Tarta Relena, Maestro Espada, Rodrigo Cuevas, Guitarricadelafuente y...
Una de las cinco propuestas finalistas -ganadora en la primera fase y empatada en todas las votaciones de la segunda hasta que....- en el concurso para el congreso mundial de arquitectos en Barcelona 2026.
Felicitaciones a los cinco finalistas y a los escogidos en la última votación; toda la suerte del mundo. Un gran congreso de arquitectura para arquitectos. Empieza mañana, 28 de junio de 2026.
Gemma Serch. MATTERS
Documentación
y organización congresual
Mónica Sambade, Eva Fidalgo, Carlos Bitrián, Oscar Poggi
Producción
Olga Díaz, Anabel Labrador
Diseño
gráfico
pfp (Quim Pintó y Montse Fabregat)
Diseño de montaje
Studioser, Roger Badía con la
colaboración de Oriol Jutglar
Gestor
de Proyectos (Project Manager)
Daniel Crespo
Escenografía
Adrià Pinar y Zuloark Collective
Sonido,
composición, interpretación musical
Carla Aguilar
Composición
y dirección de ópera de bolsillo
Helena Cánovas Parés
Eventos
teatrales
Marcel Borràs, Irene Escolar, dirs.
Documental(es)
Núria Giménez Lorang
Recursos digitales
La Tempesta
Video(clips)
15-L; voz: Irene Escolar
Agradecimientos a Canadá
Iluminación
Cube bz
Moda
y dirección desfiles
Fernando Albaladejo
Eventos
Face to Face. Mónica Galindo
Cerámica
Carmen Balada
Con la colaboración especial de
Marc Aureli Santos (consultor y
relaciones internacionales)
Albert Serra (cineasta)
Asesoría
Albert Guàrdia (La Castanya, promotora de conciertos); Marta
Marín-Dómine, antropóloga (antigua directora del Centre Cultural i Memòria El
Born); Jéssica Jaques (Humanitats,
UAB); Gregorio Luri (filósofo
y pedagogo, UB); Marc Marín, arquitecto
(UPenn University, Filadelfia); Ángela Molina (crítica de arte); Sergio Pardo, arquitecto (Director of the Percent for Art Program at the New
York Department of Cultural Affairs & New
York University’s Steinhardt School of Culture, Education, and Human
Development); Ala Younis, arquitecta y artista
Empresas y organismos de apoyo
GBCe Green Building
Council España
Cosentino
Arquin-Fad
FAD
Pastelería La Petita
de la Gran
Institute for the Study of Ancient World
Leon Levy Foundation
Secartys
Rehabimed
ICOMO
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