El pintor suizo Niklaus Stoecklin apenas vivió fuera de Basilea, salvo una estancia en el sur de la República Helvética, en el cantón de Tiziano.
Frente al expresionismo descarnado de Berlín, la frialdad de las calles de Basilea en los años 20 y 30 del siglo pasado.
Uno de los mejores retratistas urbanos, muestra la ciudad con la distancia de la llamada Nueva Objetividad, capaz de desvelar la inquietante extrañeza de la ciudad en apariencia ordenada, donde todo está a la vista -aunque se intuye que no se sabe qué o quién bien podría esconderse tras las fachadas y las ventanas excesivamente abiertas de par en par.
Una reciente exposición antológica en Basilea ha devuelto la primacía a un gran pintor de la soterrada inquietud urbana, de las casas de muros excesivamente lisos para ser honestos.






















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