sábado, 15 de agosto de 2026

COURBET Y LA ARQUEOLOGÍA: EL PUENTE ROMANO Y EL YACIMIENTO DE AMBRUSSUM EN LA VÍA DOMITIA (NÎMES, FRANCIA)





 















 
Fotos del puente y del yacimiento del oppidum de Ambrussum: Tocho, Ambrussum (Lunel), agosto de 2026


El pintor francés Gustave Courbet documentó, en los inicios de su carrera, un encuentro en un camino en el sur de Francia, entre Nîmes y Montpellier. Seguía la umbría senda , de difícil encuentro, ayer como hoy, que bordea el violento y destructivo torrente de la Vidourle y la vía Domitia romana, que unía Hispania y Galia con Roma, y pasa cerca del acueducto que conduce al oppidum galo, del siglo IV aC, convertido, dos siglos más tarde, en el asentamiento romano de Ambrussum, vigente hasta mitades del siglo III.
El acueducto, del que se conserva una arcada completa -Courbet vio aún dos, y tres se conservaban en el siglo XVII-, tras las destrucciones causadas, aún hoy, por las súbitas crecidas del torrente, tenía once arcadas y una longitud de ciento cincuenta metros. 
Daba acceso a un poblado galo convertido en la colonia romana de Ambrussum. Excavada a partir de 1964, cuyas excavaciones siguen hoy, muy bien documentada y de visita libre, conserva empinadas calles bien pavimentadas, seiscientos cincuenta metros de la muralla gala, con una altura de un metro y medio aún, y torreones de planta cuadrada, inscritos en torreones de planta semicircular romanos que envuelven la defensa gala. Viviendas romanas y edificios público se dispersan por la garriga deshabitada, recorrida a lo lejos por la autopista paralela a la vía Domitia. 
El yacimiento y el acueducto fueron preservados por el entonces inspector de los monumentos históricos  franceses, en la primera mitad del siglo XIX,  el gran escritor Prosper Mérimée (historiador y arqueólogo), quien, inspirado por el paisaje y las ruinas de la región, escribiría uno de los cuentos de terror más célebres: La Venus de Ille. 
El cuadro que Courbet dedicó al acueducto acabó por asentarlo en la memoria y permitió que fuera preservado. La visita, entre árboles y la garriga, sin nadie, constituye un arduo y hermoso recorrido entre piedras, arbustos y matorrales, cabe un torrente de aguas verdes, amansado estos días, hasta su próxima e inevitable furia.


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