“El correr de mi existencia se agotará en pocos días. Pasará
como el viento del desierto.
Así, mientras me quede un soplo de vida, habrá dos días
que no me inquietarán jamás: aquel que no ha llegado; aquel que
ya pasó.
(…)
No puedes presumir de conocer el día de mañana.
Pensar aún en el mañana sería de tu parte una locura.
Si tienes el corazón despierto no pierdas en la inacción
este instante de vida que te queda y de cuya duración no se
vislumbra prueba alguna.”
Khayyam fue un poeta persa seguidor del carpe diem que ya practicaba, por ejemplo, el héroe Gilgamesh tras asumir que no era un dios, aceptando su mortalidad.
Poeta, pero sobre todo matemático y astrónomo.
El título del poemario Cuartetos (Rubaiyat) fue aplicado a un grupo de poemas sueltos traducidos en el siglo XIX a partir de un manuscrito del siglo XV y, diríamos, atribuidos al astrónomo.
En verdad, a Khayyam le ocurre lo contrario que a Homero. Khayyam es una figura histórica que no es seguro que escribiera poemas o todos los poemas que se le atribuyen. Algunos o todos son de diversos autores medievales conocidos e identificados.
Homero, en cambio, no existió nunca, pero La Iliada y La Odisea, supuestos poemas homéricos, son obra de uno o dos autores desconocidos, y Homero un nombre de grupos de intérpretes que recitaban dos textos aún no puestos por escrito, pero que no resultaban de un amalgama de poemas de autores distintos.
En verdad, la preocupación por la autoría -y el séquito de normas, derechos y castigos- es moderna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario