jueves, 19 de marzo de 2026
GARRÍ BARDIN (1941): EL LOBO GRIS Y LA CAPERUCITA ROJA (Серый волк энд Красная шапочка, 1990)
La obra maestra del cineasta soviético, hoy ruso, Garrí Bardin, un celebrado y premiado en su día mediometraje de animación en stop motion, sobre la voracidad del poder, contado a través de la fábula infantil de Caperucita -en verdad, un cuento de miedo como todos los grandes cuentos. Al igual que las tragedias griegas, los cuentos, que suelen ser perversos y sin moralina, suscitan miedo y compasión por la suerte de los desdichados en los afilados colmillos de quien manda en el bosque.
GARRI BARDIN (1941): TYAP NYAP, PINTOR DE CASAS (Тяп, ляп — маляры, 1984)
miércoles, 18 de marzo de 2026
El mercad(e)o del arte
Zola conocía bien el mundo del arte. Un mundo que estaba surgiendo, compuesto por artistas, críticos, marchantes y coleccionistas.
Faltaba aún más de un siglo para que las leyes del mercado imperaran en occidente , y existieren artistas y marchantes atentos al precio de las obras, operando de manera a fin que aquél no cesara de subir: ventas en subastas que nunca se produjeron pero que se anunciaron como habiendo tenido lugar, alcanzando precios astronómicos, denuncias de robos inventados que sugerían el deseo que las obras suscitaban, control de los compradores para que las obras sean adquiridas por coleccionistas prestigiados lo que acrecienta el aura -el precio- de las obras, dado que suscita la emulación (otros coleccionistas desean lo mismo que los más acaudalados coleccionistas han adquirido, lo que provoca un aumento de los precios, a causa de la mayor demanda que la oferta), etc.: trucos básicos del mercadeo cuyo nacimiento Zola describe, a través del retrato de un marchante astuto, despiadado, el “famoso Naudet” -un personaje de novela más “real” que cualquier marchante existente-, que solo se rige, no por su gusto, sino por las leyes del mercado con las que juega y que crea..
martes, 17 de marzo de 2026
ARTAVAZD PELECHIAN (1938): VERJ (EL FINAL, 1991)
Construcción
Una palabra como construcción que empieza con el prefijo con- ya desvela un determinado imaginario: se trata de una evocación o invocación de una unión, un trabajo ordenado que armoniza elementos sueltos para aceptar y poder así limar diferencias y unirse hasta alcanzar una elevación física y moral. La construcción es una operación que solventa diferencias y logra acuerdos en pos de un bien común. Un bien articulado, fruto del encaje de elementos que aceptan disolver diferencias, que las ponen en sordina en favor de un todo en el que se funden.
El verbo costruo. Compuesto del prefijo co- y del verbo struo, que da la clave y desvela el alcance de lo que este verbo designa, de las acciones que abre.
Costruere significa disponer por capas. Se trabaja con cuidado, en horizontal. Los elementos se disponen en planos. El modelo de dicha manera de organizar un conjunto a partir de elementos sueltos no remite al trabajo del albañil o del constructor, sino del sacerdote. Se trata de una operación sagrada. Struere se refiere al acto de disponer ofrendas en un altar. El cuidado a los detalles es esencial. Los alimentos deben hallar su encaje. El altar es una mesa bien dispuesta. Ningún bien debe desentonar so pena que el fin perseguido -la obtención de una gracia, el establecimiento de buenas relaciones entre mundos muy distintos- fracase y la operación se revuelva contra quien la ejecuta: la disolución, el enfrentamiento entre elementos mal coordinados, el derrumbe amenazan. Un solo elemento inadecuado u hostil puede hacer zozobrar las buenas intenciones.
La colocación que la construcción requiere no solo conlleva una disposición por capas, sino también ordenada. El orden debe imperar, y el modelo de buena construcción, en este caso, es la gramática o la poética. Se trata de lograr el engarce correcto, la disposición correcta de las palabras que componen una frase, un texto. En sentido se alcanza con la escritura o el enunciado de palabras que se articulan y permiten la comprensión de lo que se pretende: un enunciado claro en el que cada palabra ha hallado su sitio y acepta jugar el papel que se le asigna. Cada palabra tiene entidad por sí misma, pero entrega su significado en favor del significado de la frase, entrando cada palabra en resonancia con las demás hasta alcanzar un significado complejo y matizado. Ningún elemento puede quedar suelto. Es necesario, por tanto de disponer lo justo, justamente. La contención es de rigor. El exceso dificulta o anula el efecto perseguido. Articular y hallar el lugar exacto de las palabras sueltas, en una operación similar al de un artista componiendo un mosaico -struere significa también, precisamente, realizar una composición a base de teselas, en la que el efecto de la creación nace del juego de los distintos diminutos fragmentos que aceptar suspender sus diferencias, sus singularidades, en beneficio de la revelación que el mosaico, completado, aporta. Las teselas son visibles, y personalizan la obra, pero el conjunto prima sobre la individualidad. Construir consiste en alcanzar acuerdos entre partes y hallar el encaje de elementos que habitualmente viven desligados.
Estas operaciones son actos morales. Elevan, en el sentido físico y metafórico. Elementos sueltos, discordantes -que logran armonizarse- se eleven por encima de sus funciones y significados básicos. La construcción dignifica a la materia o a los materiales. Les hace partícipe de una operación conjunta y da sentido a su existencia. No están para morar sueltos, como entes desparejados, abandonados, sino que se les invita a cohabitar, a entrar a formar parte de un colectivo . Ls construcción es la operación que consigue que entes sueltos unan sus voces -acepten dialogar- y sus esfuerzos, y comulguen en pos de un fin que solo se alcanza si las diferencias se solventan. Las soluciones se alcanzan a medida de la edificación, de la elevación en beneficio de una meta que requiere amplitud de miras y la voluntad de ir más allá de las evidencias, del vuelo rasante, de la falta de ambición, la ausencia de un proyecto, una visión.
Mas, esta concepción luminosa de la construcción no puede obviar un tercer significado del verbo struere, que aporta gravedad e implica estar muy atento a lo que se opera o cuece. Struere también significa maquinar, y entre la maquinación paradigmática se halla la persecución del mal, el asesinato. Struere evoca el cálculo, la operación a escondidas, la oscuridad de procedimientos y fines. La construcción, como el alzamiento de la paradigmática torre de Babel, también linda con la destrucción. Destrucción de materiales y de ideales. Maniobras oscuras; fines poco edificantes. Deseos inconfesables. El alejamiento soterrado del bien común. La construcción puede ser un engaño. Se engañan los materiales para forzarlos a entrar en contacto con otros que los repelen; materiales que se rechazan violentados. Actos de violencia y de soberbia. Lo que la construcción trama no siempre puede expresarse a plena luz. No se sabe bien que se pretende. Las grietas, por tanto, el derrumbe de formas e ilusiones acecha.
Y ambas cualidades, la pacificación y la violencia rondan el acto de construir. La frontera entre la luz y la sombra es incierta y exige lucidez y contención que no siempre se alcanza -o se desea. La construcción obliga a los materiales a entrar en contacto y a someterse a los designios del constructor. Y doblegar voluntades, disolver diferencias puede ser un bien. O no.
Ser conscientes de las implicaciones del acto edilicio es tan importante como el conocimiento de técnicas y materiales. Como cualquier acción que implica un cambio, la construcción está íntimamente ligada a la moralidad. Estudiar las consecuencias de nuestros actos seguramente debería correr de parejo con el estudio de cómo se opera. Porqué y para qué son quizá incluso más importantes y tienen más peso que cómo. Disponer teselas, palabras o ladrillos se alcanza con el aprendizaje, pero solo la reflexión ilumina esta acción, la anima, o la contiene. Construir es saber si la construcción es necesaria.
domingo, 15 de marzo de 2026
Exclusivo
¿A o B? A no puede ser, por tengo B sí lo es.
El llamado silogismo disyuntivo consiste en la exclusión, rechazo, o abandono de un término en favor de otro con el que se compara, a fin de hallar una respuesta a un problema que plantea la existencia de posibles múltiples soluciones.
La base del razonamiento es la progresiva exclusión de término hasta que solo quede uno que no pueda dejarse de lado porque parece responder a la pregunta o duda.
De la lógica, el concepto de exclusión ha pasado a la política: la relación entre miembros de una comunidad. De las palabras a los hechos, podríamos decir.
Como todas las palabras de origen latino que empiezan con el prefiero ex-, que significa fuera, la exclusión echa balones fuera. La exclusión implica la existencia de un claustro del que un miembro queda apartado, fuera del espacio y de la toma de decisiones. Su voz ya no cuenta. Ya no se le tiene en cuenta. Lo que cuenta no es de recibo. Se hacen oídos sordos a sus palabras. Se le silencia, ningunea. Se le destierra. Abandona en tierra de nadie.
La exclusión es, por tanto, un acto de agravio. Implica el rechazo y el cierre de puertas, dejando a alguien a la intemperie , a merced de lo que pueda ocurrir, sin que se pueda contar con la ayuda de los que, por el contrario, estén incluidos en un claustro. La exclusión requiere el trazado de fronteras, la partición y la división de un colectivo en dos bandos, uno celebrado, enclaustrado, a buen recaudo, y otro reprobado.
Los premios, hoy, consisten en “experiencias inclusivas”. La experiencia es una palabra propia del lenguaje artístico y científico. Significa prueba. Designa la práctica y se opone a la teoría. Conlleva poner las manos en la masa a fin de tener un contacto directo con la realidad.
El saber no se consigue quedándose fuera. La cercanía es necesaria, cercanía que significa que la realidad ya no tiene secretos para nosotros, y que, por tanto, no inquieta. La realidad entra a formar parte de nuestra vida, y nos enriquece. Nos hace sabios. Entendemos el mundo y a los demás. Ya no nos son extraños. Son nuestros semejantes. Nos reconocemos en ellos, reconocemos que formamos parte de una misma comunidad o colectividad.
Tener una experiencia implica saber de qué se habla. No se habla de oídas, sino que se cuenta (con) lo que se ha vivido “ en carne propia”, en “primera persona”. El sujeto, el yo, se expone, y narra su relación con el mundo, su ser en el mundo que ha estudiado “desde dentro”.
Es cierto que la distancia permite paradójicamente un mayor acercamiento a un problema, pero las vivencias, necesariamente subjetivas, dan cuenta de lo que algo es -para una persona, y esta voz no puede ser desestimada si refleja lo que uno vivió y consiguió entender y exponer.
Una “experiencia exclusiva” es una reiteración. Toda experiencia es exclusiva, porque implica un contexto íntimo con un tema o una situación, un contacto inevitablemente personal, intransferible, aunque se pueda contar. El cuento, sin embargo, traduce pero no sustituye a la experiencia. Queda la duda de si esta es necesaria, si un cuento evocador no recrea una realidad paralela a la que se accede mediante la interpretación del cuento, una realidad más enriquecedora que la propia realidad profana.
Los premios hoy tienen que ser exclusivos. El placer que proporcionan depende de ls exclusividad. Es decir se aprecia la singularidad del bien, pero también se disfruta no solo de éste sino del hecho que otros no lo disfrutan. Se disfruta de la falta del disfrute ajeno. Se disfruta de un mal, de una carencia ajena. Lo exclusivo no se comparte. Es un bien que se posee egoístamente. Su gracia viene de la desgracia de los demás. Se levantan barreras y se dispone el bien fuera del alcance del resto de la comunidad. Se impide su contacto. Se le roba para que nadie más lo perciba y lo conozca. Lo exclusivo da lugar a un placer solitario. Un placer triste, en suma, porque, debido a la falta de “experiencia” ajena, no se puede comentar lo bien que se está cuando se está en contacto con el bien.
Lo exclusivo acalla. No da pie a narración alguna. El silencio se extiende. Y la falta de diálogo suscita suspicacias, recelos, envidias y confrontaciones. El silencio solo se ve perturbado por el rumor y la maleficencia. Y estalla entonces la violencia. Lo que no se comparte es deseado de todas todas. Y si no se consigue, se destruye. La exclusividad es el fin de la civilización que se basa necesariamente en acuerdos, renuncias y colaboraciones, en la aceptación y defensa el bien común.
La exclusividad que hoy tengo se promociona es inhumana, y causa rechazo.








