martes, 17 de marzo de 2026

Construcción

 Una palabra como construcción  que empieza con el prefijo con- ya desvela un determinado imaginario: se trata de una evocación o invocación de una unión, un trabajo ordenado que armoniza elementos sueltos para aceptar y poder así limar diferencias y unirse hasta alcanzar una elevación física y moral. La construcción es una operación que solventa diferencias y logra acuerdos en pos de un bien común. Un bien articulado, fruto del encaje de elementos que aceptan disolver diferencias, que las ponen en sordina en favor de un todo en el que se funden.

El verbo costruo. Compuesto del prefijo co- y del verbo struo, que da la clave y desvela el alcance de lo que este verbo designa, de las acciones que abre.

Costruere significa disponer por capas. Se trabaja con cuidado, en horizontal. Los elementos se disponen en planos. El modelo de dicha manera de organizar un conjunto a partir de elementos sueltos no remite al trabajo del albañil o del constructor, sino del sacerdote. Se trata de una operación sagrada. Struere se refiere al acto de disponer ofrendas en un altar. El cuidado a los detalles es esencial. Los alimentos deben hallar su encaje. El altar es una mesa bien dispuesta. Ningún bien debe desentonar so pena que el fin perseguido -la obtención de una gracia, el establecimiento de buenas relaciones entre mundos muy distintos- fracase y la operación se revuelva contra quien la ejecuta: la disolución, el enfrentamiento entre elementos  mal coordinados, el derrumbe amenazan. Un solo elemento inadecuado u hostil puede hacer zozobrar las buenas intenciones. 

La colocación que la construcción requiere no solo conlleva una disposición por capas, sino también ordenada. El orden debe imperar, y el modelo de buena construcción, en este caso, es la gramática o la poética. Se trata de lograr el engarce correcto, la disposición correcta de las palabras que componen una frase, un texto. En sentido se alcanza con la escritura o el enunciado de palabras que se articulan y permiten la comprensión de lo que se pretende: un enunciado claro en el que cada palabra ha hallado su sitio y acepta jugar el papel que se le asigna. Cada palabra tiene entidad por sí misma, pero entrega su significado en favor del significado de la frase, entrando cada palabra en resonancia con las demás hasta alcanzar un significado complejo y matizado. Ningún elemento puede quedar suelto. Es necesario, por tanto de disponer lo justo, justamente. La contención es de rigor. El exceso dificulta o anula el efecto perseguido. Articular y hallar el lugar exacto de las palabras sueltas, en una operación similar al de un artista componiendo un mosaico -struere significa también, precisamente, realizar una composición a base de teselas, en la que el efecto de la creación nace del juego de los distintos diminutos fragmentos que aceptar suspender sus diferencias, sus singularidades, en beneficio de la revelación que el mosaico, completado, aporta. Las teselas son visibles, y personalizan la obra, pero el conjunto prima sobre la individualidad. Construir consiste en alcanzar acuerdos entre partes y hallar el encaje de elementos que habitualmente  viven desligados.

Estas operaciones son actos morales. Elevan, en el sentido físico y metafórico. Elementos sueltos, discordantes -que logran armonizarse- se eleven por encima de sus funciones y significados básicos. La construcción dignifica a la materia o a los materiales. Les hace partícipe de una operación conjunta y da sentido a su existencia. No están para morar sueltos, como entes desparejados, abandonados, sino que se les invita a cohabitar, a entrar a formar parte de un colectivo . Ls construcción es la operación que consigue que entes sueltos unan sus voces -acepten dialogar-  y sus esfuerzos, y comulguen en pos de un fin que solo se alcanza si las diferencias se solventan. Las soluciones se alcanzan a medida de la edificación, de la elevación en beneficio de una meta que requiere amplitud de miras y la voluntad de ir más allá de las evidencias, del vuelo rasante, de la falta de ambición, la ausencia de un proyecto, una visión.

Mas, esta concepción luminosa de la construcción no puede obviar un tercer significado del verbo struere, que aporta gravedad e implica estar muy atento a lo que se opera o cuece. Struere también significa maquinar, y entre la maquinación paradigmática se halla la persecución del mal, el asesinato. Struere evoca el cálculo, la operación a escondidas, la oscuridad de procedimientos y fines. La construcción, como el alzamiento de la paradigmática torre de Babel, también linda con la destrucción. Destrucción de materiales y de ideales. Maniobras oscuras; fines poco edificantes. Deseos inconfesables. El alejamiento soterrado del bien común. La construcción puede ser un engaño. Se engañan los materiales para forzarlos a entrar en contacto con otros que los repelen; materiales que se rechazan violentados. Actos de violencia y de soberbia. Lo que la construcción trama no siempre puede expresarse a plena luz. No se sabe bien que se pretende. Las grietas, por tanto, el derrumbe de formas e ilusiones acecha. 

Y ambas cualidades, la pacificación y la violencia rondan el acto de construir. La frontera entre la luz y la sombra es incierta y exige lucidez y contención que no siempre se alcanza -o se desea. La construcción obliga a los materiales a entrar en contacto y a someterse a los designios del constructor. Y doblegar voluntades, disolver diferencias puede ser un bien. O no. 

Ser conscientes de las implicaciones del acto edilicio es tan importante como el conocimiento de técnicas y materiales. Como cualquier acción que implica un cambio, la construcción está íntimamente ligada a la moralidad. Estudiar las consecuencias de nuestros actos seguramente debería correr de parejo con el estudio de cómo se opera. Porqué y para qué son quizá incluso más importantes y tienen más peso que cómo. Disponer teselas, palabras o ladrillos se alcanza con el aprendizaje, pero solo la reflexión ilumina esta acción, la anima, o la contiene. Construir es saber si la construcción es necesaria.

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