Boris Taslitzky fue un pintor francés de origen ruso, hoy olvidado, de estilo entre el expresionismo y el realismo socialista (fue un comunista convencido), prisionero de campos de exterminios nazis, que retrató el horror de las guerras del siglo XX, civiles y coloniales de liberación, desde la guerra civil española, y la segunda guerra mundial, hasta las guerras franco-argelina y franco-indochina.
Sin embargo, sus mejores obras son dibujos que representan la periferia de grandes ciudades francesas, en las que los planes urbanísticos de grandes bloques, que aspiran a albergar nuevos modos de vida, se tejen con estructuras y vidas de pueblos que lentamente desaparecen, como si la vida rural aún perviviera en imágenes cada vez más melancólicas, solitarias y silenciosas, en las que ocasionalmente despunta abruptamente alguna torre moderna insensible ante un entorno que ya no es de éste mundo.
Una exposición actual en la ciudad del norte de Francia, Roubaix -devastada como tantas otras ciudades norteñas francesas cuando la Primera Guerra Mundial-, recuerda a este pintor cuya obra, sobre modos de vida desvanecidos, merecería ser tenida en cuenta:
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