martes, 20 de enero de 2026

Examen

 Que la palabra latina examen -tal cual- se traduzca por enjambre pero también por aguja de balanza, puede descolocar de buenas a primeras, pero también puede ahondar en lo que realmente es un examen y en su razón de ser, en lo que persigue.

Un enjambre es un grupo de abejas que abandonan juntas y en orden una colmena para desplazarse hasta hallar donde construir una nueva colmena.

Mientras, la aguja de una balanza mide el peso de una mercancía que se sopesa; es decir, evalúa su valor, su importancia , y nos revela su “peso”, y su poso, lo que evita dar relevancia a lo que es insustancial.

El peso por sí solo poco aporta. Solo se vuelve indicativo o significativo cuando se coteja con el peso de otros bienes comparables o semejantes. Solo entonces sabremos si el peso es el que debe ser o tener, si es un peso justo, que hace justicia al bien pesado, y por tanto, nos beneficia económica, psicológica y culturalmente: si nos aporta algo significativo que nos alimente o nos anime.

El latín examen se compone de la preposición ex- que indica un movimiento hacia fuera, y el verbo agere: ex-agere. El latín agere (la primera persona del presente es ago, y el participio actum) significa poner en movimiento: este desplazamiento puede ser de cuerpos, palabras o ideas. Un diálogo es un acto.

Así que, modernamente, un examen es una prueba que mide el avance en los conocimientos y los beneficios que el examinado obtiene. Gracias al examen se descubre y se mide el avance en el aprendizaje. 

Por otra parte, el examen pone de manifiesto la capacidad comunicativa del examinado. Este extrae su saber y lo entrega a quien le examina. 

Mas, dicho saber le fue anteriormente brindado por el examinador, por lo que el examen es un medio que pone en comunicación a un examinado y un examinador, y mide tanto el progreso del examinado y la solidez y pertinencia de sus conocimientos, como la capacidad docente del examinador. Si el examinado no alcanza un cierto nivel puede ser debido a la incapacidad o la deficiente capacidad o atención del docente o del estudiante. 

Un examen pone a prueba las capacidades de ambos. Pero un examen no es un castigo, sino un medio para verificar avances y animar así a que el avance prosiga. Agere también significa guiar y animar, tomar las medidas necesarias para que la acción no sea en vano: tanto la lección como la prueba.

 Y quien guía es el docente que abre vía. Si el examinado se pierde, posiblemente sea debido un trazado mal ejecutado, un trazado que no lleva a ninguna parte o a una meta que se aparta del camino juicioso.

Un examen, en suma, iguala a los contendientes, el docente y el estudiante, y les permite ponerse de acuerdo y descubrir lo que cada uno hace y sabe, el valor de los actos y las palabras de cada uno. El examen facilita la comunicación. Cada uno descubre lo que el otro vale. Y puede así actuar para equilibrar el desajuste de conocimientos y moral (la bondad del acto transmisor de ambos) que el examen pone de manifiesto. 

Sin exámenes la docencia no tiene sentido. No puede saber a dónde va ni si los estudiantes siguen. El examen es una brújula que denota si nos hemos perdido, impartiendo y asistiendo a clase.

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