miércoles, 4 de febrero de 2026

La protección del hogar

 

¿Merecen una pocas líneas un objeto de 1,9 cm? ¿Merece que se le destaque?

Se trata de un colgante de esteatita negra, una piedra blanda pero resistente, suave como el talco, tallada. Representa una cabaña -delicada, detalladamente esculpida en un volumen apenas más grueso que un pulgar.
Fue hallado por el arqueólogo Max Mallowan, el segundo esposo de la novelista de misterio Agatha Christie, en el yacimiento prehistórico sirio de Tell Halaf.
Tiene 8000 años.
Colgaba de una persona, viva o muerta.
Su porte debía ser importante, seguramente para la vida terrenal o en el más allá, fuere donde fuera, en la tumba, las hondonadas o el empíreo.
Protegía o prolongaba la vida -la vida hasta la muerte, y la vida eterna. 
La persona se sentía segura acompañaba de su morada . 
El colgante no era solo una imagen de una cabaña, sino que era una verdadera cabaña, en versión reducida, reducción que no afectaba la protección que un hogar brinda, antes bien lo concentraba, lo realzaba.
La casa no era solo un motivo de orgullo, sino un digno de reconocimiento, de identificación, y un objeto valioso, cuyo valor residía en el cobijo que evocaba o prometía, en la seguridad que infundía, en la protección mágica que efectivamente garantizaba.

Pocas veces, la intimidad del hogar, su pertenencia al círculo de quien vive, que vive porque pertenece a dicho hogar, ha sido tan sugerentemente evocada e invocada.
Una casa reducida a sus valores: el aprecio que despierta y la confianza que infunde.

Este obra diminuta pertenece a la colección del Museo Británico.


martes, 3 de febrero de 2026

La primera mirada . La representación humana a finales del paleolítico



































La figuración humana paleolítica se resumía a algunas estatuillas, casi todas femeninas, desnudas y con una pronunciada acentuación de pechos, cadera y vulva proeminente. La cara, por el contrario, era una superficie lisa, y la cabeza, un apéndice, sin parangón con otras partes del cuerpo, exageradas o realistas. Dificil es saberlo. Diosas, sacerdotisas, mujeres comunes; muñecas, amuletos, "ídolos"; figuras funerarias, religiosas, domésticas; realizadas para niños o adultos, por hombres o por mujeres; rotas intencionadamente o no; creadas para ser rotas, o guardadas;  símbolos de poder, de fertilidad....

La gana de lecturas e interpretaciones de las figuras ha dependido y depende de los enfoques, las espectativas, la formación y la ideología de los intérpretes (historiadores, arqueólogos, antropólogos, teóricos, filósofos). 
Lo único cierto es la escasez de figuración antropomórfica tridimensional entre el 300000 -fecha de una posible figura- y el 15000 aC.
Cierto hasta 1994.

El descubrimiento del yacimiento de Göbekli Tepe, en Anatolia, y posteriormente de una red de asentamientos similares, algunos aún por explorar y otros en proceso de desenterramiento y estudio como Karahan Tepe y Görece Tepe, ha  trastocado la concepción de la historia, en Occidente y el Próximo Oriente, y por ahora, en el mundo. 
Son yacimientos permanentes, con construcciones de piedra descomunales talladadas y esculpidas, procedente de canteras a decenas de quilómetros, de finales del Paleolítico y los inicios del Neolítico, cuando los grupos humanos eran escasos y escasamente poblados. 
Los asentamientos no parecen haber sido espacios domésticos. Ni siquiere existían siempre poblados de chozas de madera. Faltaban milenios para las primeras muestras de agricultura y ganadería. Unos siete mil años para las primeras ciudades, y casi diez mil años para estructuras políticas y religiosas, como las primeras monarquías y las primeras organizaciones templarias.  

Dichos yacimientos estaban "poblados" por centenares de figuraciones esculpidas (esculturas y relieves en piedra) de animales y humanos: hombres, mujeres y figuras andróginas. Representaciones simples y dobles -o de figuras con dos cabezas: naturalistas y fantásticas, si es que esta diferenciación tiene sentido. Figuras de cuerpo entero, desnudas o ¿vestidas?, y rostros, un sin número de rostros en los que destacan los ojos. Rostros y/o máscaras. Rostros humanos; algunos naturalistas. ¿Retratos? ¿Idealizaciones? ¿Invenciones? Figuras vistas, imaginarias o soñadas. En cualquier caso, representaciones con una técnica depurada, con miradas que recorren toda la gama de emociones humanas.

Todas aguardan en el más grande y quizá mejor museo de Turquía, construido hace diez años - y dañado por una inundación hace dos años-, en la ciudad de Sanliurfa. Allí parece residir una clave del arte local, occidental, oriental o mundial, según como lo consideremos.

En este breve texto solo se destacan las figuraciones humanas con rostro.
La fauna es también inabarcable.

La respuesta a la existencia de tantas efigies por ahora -y quizá para siempre- no se puede dar. 

lunes, 2 de febrero de 2026

Las primeras luces





 2 de febrero. De madrugada. Aún no ha amanecido. Apenas un temor de coches en la lejanía. La radio anuncia un día gris. El cielo, encapotado. Es hora de encender la luz; las candelas. Hoy es el día de la Candelaria.

Se celebremos la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén. Sus padres, María y José, cumplían con la tradición, con su deber. Todo recién nacido debía ser expuesto en el Templo.

Un hombre sabio se hallaba en el interior del templo. Se llamaba Simeón. El Espíritu Santo le alumbraba.  Tras el ritual, consistente en la presentación de la ofrenda de dos tórtolas  en un altar, los padres de Jesús acudieron ante Simeón. Al ver al niño Jesús, Simeón exclamó: 

“ Porque ya he visto la salvación
31 que has comenzado a realizar
a la vista de todos los pueblos,
32 la luz que alumbrará a las naciones”. 

Al menos eso cono el apóstol Lucas (2: 22-32).

La presentación de Jesús al templo es una de las cuatro más importantes  celebraciones religiosas católicas y ortodoxas, junto con la Anunciación, el Nacimiento y la Ascensión.

Esta fiesta remonta a la tardo-antigüedad, en el imperio romano oriental. Del Próximo Oriente antiguo, se extendió hasta Roma a finales del imperio occidental .
Se trata de una ceremonia sin referentes paganos. Las culturas antiguas rendían culto al sol, no a la luz. 

El elemento más singular es la candela. Está moldeada en cera. Un material blanco o blanquecino, producido sin impurezas. Las abejas alumbran a sus criaturas sin haber tenido contacto físico -o eso se creía- y el alumbramiento se acompaña de la excrecencia de cera, necesariamente incontaminada.
 Por otra parte, la vela alumbra gracias a la mecha. Ésta es la parte visible de un cordón de algodón blanco encerrado en el cuerpo de la candela, como el alma en la carne. 
Tras las ceremonias, las velas de la candelaria son los únicos objetos materiales que reciben la condición de reliquia. Alumbraron la vida. Cortadas a trozos, los fragmentos de las velas se depositan en las tumbas y dan luz al alma del difunto en su tránsito al más allá. Guardadas en sagrarios, estas velas extintas pero aún tibias, protegen de enfermedades.

Dicha fiesta es necesaria. En febrero, los días empiezan a alargarse. El frío y la sequía son aún duros, y los campos yermos. Pero algo despunta, aunque sean unos pocos minutos más de luz. La vida está a punto de volver.
 Las candelas encendidas celebran el retorno de la vida como en el origen de los tiempo cuando el mundo fue creado, al mismo tiempo que activan o invocan  el despertar, aún tímido e incierto, de la naturaleza. La luz que encarna la divinidad se va extendiendo sobre los campos secos. Pronto deberán labrarse. El invierno está aún presente, pero declina. La velada luz de las candelas, portadas en procesión, auguran la próxima derrota de las tinieblas.

Hoy pues, empezamos a dejar atrás un infausto invierno. Que las candelas no se apaguen y celebremos la vuelta de la luz con la ofrenda tradicional, que simboliza la próxima regeneración de la tierra y los primeros frutos: con los dulces típicos de la Candelaria; las llamadas tetas o tetillas de Santa Águeda o Agata, unos bollos en cuyo interior se esconde la crema, henchidos como un pecho grávido, abovedados como el cielo y redondos como los astros, que evocan el sacrificio de la santa -la mutilación de sus pechos- para fertilizar la tierra para siempre. 
Santa Águeda (honrada el 3 ó el 5 de febrero) asegura la fertilidad y la fecundidad, y protege los alumbramientos. Cuida que ningún infante nazca muerto. 
Su culto sucedió al de la diosa egipcia Isis en el mundo romano -una diosa cuya figuración inspiró al de la Virgen y el Niño-, diosa que amamantaba a su hijo Osiris para siempre, y que cuidaba que toda madre tuviera leche para alimentar a sus hijos; un líquido nutricio del color de la cera, que se ofrendaba a la diosa para que la vida no se apagara.

Que disfrutemos de estos dulces cupulados por un día.
Aún nos espera la cuaresma y la enlutada penitencia pascual.m sumida en un silencio sepulcral.



domingo, 1 de febrero de 2026

Dios está en los ladrillos

 Los romanos no eran religiosos; eran supersticiosos. 

Al contrario que los griegos -los egipcios y los mesopotámicos, solo por mencionar culturas antiguas más o menos cercanas o que han influido en la visión europea del más allá-, los romanos daban más importancia y créditos a los espíritus, genios o duendes, mucho más impredecibles, poderosos y temibles, y también mucho más cercanos físicamente, que los distantes dioses oficiales. El Estado cumplía con su comprimido honrando y alimentando a los dioses capitolinos. Las familias, por el contrario, se inclinaban ante los duendes que moraban en todas las cosas, no fuera que de pronto, dieran la espalda a la familia o suscitaran vientos en contra.

Los hogares estaban centrados en la presencia y la importancia del hogar: el fuego sagrado -distinto del fuego profano de las cocinas. La vida y la supervivencia estaba a merced del hogar: el fuego debía estar encendido para evitar el frío de la muerte, pero debía vigilarse para que no se desmandara.

Por este motivo, las familias -el pater familias o familiae - se cuidado de honrar a los duendes del fuego. Duendes, en plural. El hogar era la sede de una turbamulta de genios locales. 

Es cierto que Vesta, una diosa de importancia que formaba parte del séquito de los dioses capitolinos y que por eso mismo poseía un templo en el centro del foro, el espacio central comunitario de la ciudad, velaba sobre los hogares domésticos. Mas, su poder se manifestaba a través del trabajo de los espíritus. 

Poco o nada se sabía de éstos, al contrario que la vida pública de los dioses, en concreto de Vesta. Ni siquiera se sabía qué forma, qué aspecto tenían  los duendes, si es que tenían una forma definida. Lo único cierto era que existían, aunque eran invisibles, y que no se les podía tomar a la ligera. Moraban en el interior de los hogares y su furia despechada podía ser devastadora si no se les atendía. 

Fornax era la diosa de los hornos, públicos y privados. En los hornos se tostaba el trigo y posteriormente el pan. Se trataba de una diosa vital para la supervivencia de los hogares. La alimentación básica de los hogares dependía de su humor. Por eso, se le rendía también un culto público durante las fiestas religiosas de las Fornacalia -que, si fuéramos romanos, estaríamos a punto de celebrar este mes que empieza hoy, cuando el fuego, en pleno y crudo invierno, es más necesario que nunca.

Los hogares, los hornos, y las chimeneas se construían con ladrillos. Éstos eran de adobe. Con el primer encendido del fuego, los ladrillos se secaban, se contraían y se endurecían. Esta transformación de la materia, tal que el adobe, que afectaba la forma y la estabilidad de los ladrillos, debía estar bajo control. 

Por eso mismo, ninguna familia se olvidaba de rendir culto a Laterano, el dios, o mejor dicho, el duende o el espíritu  de los laterii -ladrillos-, cuya intervención evitaba el cuarteo de los hornos y los hogares, y aseguraba su durabilidad. 

Si tenemos en cuenta que, en época republicana, los muros se construían también con ladrillos crudos -de arcilla no cocida-, la importancia del cuidado de Laterano era esencial para que un hogar no colapsara. 

Por suerte, los Lares o genios de los lugares en los que se emplazaban las viviendas, también velaban. Pero los hornos y los hogares y, por tanto, la buena predisposición de Laterano, imprescindible, jugaban un papel decisivo en el culto a los Lares, así como de los Penates, que cuidaban de los despensas -los espacios más recoletos e interiores, que guardaban los alimentos con los que vivos y muertos, humanos y duendes eran honrados o alimentados-, y los Manes -los espíritus de los muertos, hijos de Manía, la diosa de los muertos, a la que era imprescindible cuidar, incluso sacrificándole, en época arcaica,la vida de un recién nacido si era necesario, para aplacar su furia y evitar que enloqueciera al pater familias y éste prendiera fuego al hogar: diariamente se alimentaba a estos genios con granos tostados en el hogar. 

Sin embargo, la protección externa de la morada frente al peligro del fuego ya no dependía de Vesta, Fornax, los Lares, los Manes, los Penates o Laterano, sino de Estata Mater, un espíritu que evitaba los devastadores incendios que solían asolabar las ciudades -hasta que el emperador Nerón creó los vigiles, un cuerpo de bomberos que velaban que el fuego no prendiera.

El duende Lateranus sigue muy presente en el occidente cristiano. La catedral de Roma, sede del papado, no es la basílica del Vaticano, sino una basílica aún más venerable: la archibasílica de San Juan de Letrán, construida en un solar regalado por el emperador Constantino, que había pertenecido a una familia patricia, que complotó contra el emperador Nerón, que mandó sea proscrita y desposeída y su miembro más distinguido ejecutado, los Plautii Laterani. Se trataba de una extensa propiedad, lejos del centro urbano, donde se ubicaban los hornos en los que se cocían los laterii, bajo la advocación de Lateranus.

¡Lo que debemos al genio de los ladrillos!, -hoy sustituidos  por el culto a la madera como material de construcción, bajo la advocación de Silvano, antiquísima divinidad, que cualquier día se cansará que le vayamos talando los bosques y les prenderá fuegos devastadores -como ya hace y ya no solo en verano-, que la olvidada y desdeñada Estata Mater, y no digamos el destronado Laterano, no se cuidarán más en apagar.

Los humanos somos seres incendiarios.


A C.P. que tanto sabe sobre los laterii

sábado, 31 de enero de 2026

Babilonia y los ángeles (Babilonia en el Corán)


 


El Corán y la Biblia presentan parecidos y diferencias que justifican la cercanía entre ambos textos, redactados en épocas distintas, aunque basados en relatos orales que bien pudieron enunciarse en unos mismos tiempos o con unos pocos años de diferencia. La enunciación oral, de la que no queda ningún registro, impide darse con certeza cuándo estos relatos, que combinan mitos, leyendas, proverbios, dichos y relatos más o menos históricos, pudieron componerse, ni por quien o quienes.

La visión de Babilonia, en la Biblia y el Corán, ofrece una imagen en la que los parecidos y las diferencias quedan manifiestas.

Solemos, en Europa y posiblemente en el mundo occidental cristiano y judío, considerar el imaginario babilónico a la luz del antiguo testamento y del apocalipsis. 

La descripción de Babilonia por el historiador griego Herodoto, escrita cuando Babilonia ya era una sombra de sí misma, no suele entrar en consideración. Por otra parte, Herodoto trató de referirse a la ciudad existente (que seguramente no visitó), quedara lo que quedara de ella en el siglo VI aC., aunque no había sido aún asolada por Alejandro. 

Los textos religiosos remiten, por el contrario, a una ciudad soñada o temida, a una ciudad imaginaria -una imagen destilada por lo que se contaba de la ciudad existente, magnificada, y denostada, por las alabanzas y las habladurías.

En los textos hebreos, y cristianos posteriormente, Babilonia recibe el epíteto de la Gran Prostituta. Más que su poder militar, lo que fascina, atemoriza y suscita rechazo es su cualidad moral, su inmoralidad, ejemplificada en el edificio central, la torre de Babel, símbolo de la ambición, presunción o soberbia humana de igualarse con los dioses, yendo más allá de las limitaciones humanas.

La concepción coránica de Babilonia también ensombrece la imagen, por razones parecidas, pero expresadas de manera muy distinta, y ambigua. El perfil de Babilonia, pese a la brevedad de la cita coránica (2:102), es más complejo. La maldad de la ciudad no está tan claramente expresada, y la interpretación del texto no da lugar a una respuesta unívoca. De hecho, existen tantos juicios como lecturas del párrafo (la sura). 

Babilonia o Babel fue la ciudad o el lugar donde Alá mandó a dos ángeles, Harut y Marut, para que retaran y tentaran a los humanos. En un párrafo anterior del Corán (2:30), Alá anunció que establecería la autoridad de los humanos en la Tierra (no se refiere a la creación de los mismos, sino a los poderes concedidos a las criaturas). A la escucha de la proclama divina, los ángeles antes citados se sulfuraron: ¿cómo es que Alá entronizaba a unos corruptos, que harían correr la sangre, mientras cantarían alabanzas al señor, en la tierra?. La respuesta de Alá fue tan enigmática como la que hubiera podido pronunciar cualquier divinidad: sé lo que no sabéis.

Fue entonces cuando Alá mandó a Harut y Marut a la tierra. ¿Se habían convertido en unos ángeles caídos? El texto coránico no lo especifica, y los intérpretes debaten sobre la catadura moral de dichos ángeles. Eso aconteció en tiempos del rey Salomón, especifica el texto coránico.

Lo cierto es que Harut y Marut enseñaron las artes de la magia a los humanos, advirtiéndoles de los peligros que correrían si las ejercieran: el peligro del alejamiento de la protección divina. Ningún humano resistió a la tentación. Parecía que la opinión angelical sobre los humanos reflejaba bien lo que éstos eran: unos ambiciosos que no dudaban en recurrir a tretas, juegos de mano y apoyos bajo mano para dar satisfacción a sus deseos. La magia negra se adueñó de los humanos. 

Mas, ¿cómo los ángeles Harut y Marut pudieron conocer lo que transmitieron a los humanos? ¿Dónde  aprendieron los secretos de la magia negra? ¿Quién les adiestró? Silencio. ¿Cayeron en la tierra porque sabían lo que no debían saber? Silencio también. Imágenes islámicas muy posteriores representaron a Harut y a Marut colgados boca abajo, ajusticiados. ¿Por su caída, por sus saberes, por qué asumieron la maldad y la codicia humanas? ¿Acaso liberaron a la humanidad de unos males que unos demonios -llamados jinns, como Satán, seres a quienes los humanos no pueden ver- anteriores le inculcaron? ¿Cómo juzgar a quienes nos hicieron humanos, y fueron -o son- nuestros (¿acaso no nos son cercanos?) ángeles guardianes?

Lo único que se sabe es que la tentación -en la que cayeron los humanos- de obtener saberes para lograr lo que el saber humano no permite -a menos que el saber humano sea propiamente mágico- aconteció en Babilonia: la ciudad tentadora. ¿La gran prostituta? Silencio. La grandeza de los textos sagrados reside en lo que callan.







miércoles, 28 de enero de 2026

Barcelona, la millor botiga del món







































 Fotos: Tocho, calle Ferran (Fernando), Barcelona, ebero de 2026


El 21 de junio de 2020, el blog publicó el estado de la calle Ferran de Barcelona tras el cierre de dos meses y medio por la epidemia de COVID:


Cinco años y medio más tarde, la calle aparece con estas tiendas, que son casi todas las que han abierto.
 
La calle Ferran o Fernando fue la primera intervención urbanística en la ciudad de la primera mitad del siglo XIX: una arteria bordeada de casas señoriales proyectadas y construidas al mismo tiempo que el eje de la calle. Una calle planificada, que recorre el casco antiguo y une las Ramblas con la plaza de Sant Jaume -plaza del ayuntamiento y el gobierno autónomo de la Generalitat -que fue un cementerio de una iglesia medieval de San Jaime  destruida- y, tras ésta, la plaza del Ángel, el antiguo emplazamiento de un mercado de ganado al pie de la muralla, hasta finales del siglo XVIII,  hoy un ensanchamiento de la vía Layetana, abierta en el siglo XX. Fue la calle Ferran una vía con la importancia de las avenidas de la Diagonal y de la Gran Vía, en la primera mitad del siglo XIX, cuando la ciudad no había aún derribado la muralla y no se había extendido por el llano.
Hoy luce con tan distinguidos, necesarios y personales comercios, abiertos día y noche.
Quien tenga una urgencia por hacerse con  una camiseta del fútbol club Barcelona a medianoche, tendrá donde escoger ….