lunes, 2 de febrero de 2026

Las primeras luces





 2 de febrero. De madrugada. Aún no ha amanecido. Apenas un temor de coches en la lejanía. La radio anuncia un día gris. El cielo, encapotado. Es hora de encender la luz; las candelas. Hoy es el día de la Candelaria.

Se celebremos la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén. Sus padres, María y José, cumplían con la tradición, con su deber. Todo recién nacido debía ser expuesto en el Templo.

Un hombre sabio se hallaba en el interior del templo. Se llamaba Simeón. El Espíritu Santo le alumbraba.  Tras el ritual, consistente en la presentación de la ofrenda de dos tórtolas  en un altar, los padres de Jesús acudieron ante Simeón. Al ver al niño Jesús, Simeón exclamó: 

“ Porque ya he visto la salvación
31 que has comenzado a realizar
a la vista de todos los pueblos,
32 la luz que alumbrará a las naciones”. 

Al menos eso cono el apóstol Lucas (2: 22-32).

La presentación de Jesús al templo es una de las cuatro más importantes  celebraciones religiosas católicas y ortodoxas, junto con la Anunciación, el Nacimiento y la Ascensión.

Esta fiesta remonta a la tardo-antigüedad, en el imperio romano oriental. Del Próximo Oriente antiguo, se extendió hasta Roma a finales del imperio occidental .
Se trata de una ceremonia sin referentes paganos. Las culturas antiguas rendían culto al sol, no a la luz. 

El elemento más singular es la candela. Está moldeada en cera. Un material blanco o blanquecino, producido sin impurezas. Las abejas alumbran a sus criaturas sin haber tenido contacto físico -o eso se creía- y el alumbramiento se acompaña de la excrecencia de cera, necesariamente incontaminada.
 Por otra parte, la vela alumbra gracias a la mecha. Ésta es la parte visible de un cordón de algodón blanco encerrado en el cuerpo de la candela, como el alma en la carne. 
Tras las ceremonias, las velas de la candelaria son los únicos objetos materiales que reciben la condición de reliquia. Alumbraron la vida. Cortadas a trozos, los fragmentos de las velas se depositan en las tumbas y dan luz al alma del difunto en su tránsito al más allá. Guardadas en sagrarios, estas velas extintas pero aún tibias, protegen de enfermedades.

Dicha fiesta es necesaria. En febrero, los días empiezan a alargarse. El frío y la sequía son aún duros, y los campos yermos. Pero algo despunta, aunque sean unos pocos minutos más de luz. La vida está a punto de volver.
 Las candelas encendidas celebran el retorno de la vida como en el origen de los tiempo cuando el mundo fue creado, al mismo tiempo que activan o invocan  el despertar, aún tímido e incierto, de la naturaleza. La luz que encarna la divinidad se va extendiendo sobre los campos secos. Pronto deberán labrarse. El invierno está aún presente, pero declina. La velada luz de las candelas, portadas en procesión, auguran la próxima derrota de las tinieblas.

Hoy pues, empezamos a dejar atrás un infausto invierno. Que las candelas no se apaguen y celebremos la vuelta de la luz con la ofrenda tradicional, que simboliza la próxima regeneración de la tierra y los primeros frutos: con los dulces típicos de la Candelaria; las llamadas tetas o tetillas de Santa Águeda o Agata, unos bollos en cuyo interior se esconde la crema, henchidos como un pecho grávido, abovedados como el cielo y redondos como los astros, que evocan el sacrificio de la santa -la mutilación de sus pechos- para fertilizar la tierra para siempre. 
Santa Águeda (honrada el 3 ó el 5 de febrero) asegura la fertilidad y la fecundidad, y protege los alumbramientos. Cuida que ningún infante nazca muerto. 
Su culto sucedió al de la diosa egipcia Isis en el mundo romano -una diosa cuya figuración inspiró al de la Virgen y el Niño-, diosa que amamantaba a su hijo Osiris para siempre, y que cuidaba que toda madre tuviera leche para alimentar a sus hijos; un líquido nutricio del color de la cera, que se ofrendaba a la diosa para que la vida no se apagara.

Que disfrutemos de estos dulces cupulados por un día.
Aún nos espera la cuaresma y la enlutada penitencia pascual.m sumida en un silencio sepulcral.



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