sábado, 31 de enero de 2026

Babilonia y los ángeles (Babilonia en el Corán)


 


El Corán y la Biblia presentan parecidos y diferencias que justifican la cercanía entre ambos textos, redactados en épocas distintas, aunque basados en relatos orales que bien pudieron enunciarse en unos mismos tiempos o con unos pocos años de diferencia. La enunciación oral, de la que no queda ningún registro, impide darse con certeza cuándo estos relatos, que combinan mitos, leyendas, proverbios, dichos y relatos más o menos históricos, pudieron componerse, ni por quien o quienes.

La visión de Babilonia, en la Biblia y el Corán, ofrece una imagen en la que los parecidos y las diferencias quedan manifiestas.

Solemos, en Europa y posiblemente en el mundo occidental cristiano y judío, considerar el imaginario babilónico a la luz del antiguo testamento y del apocalipsis. 

La descripción de Babilonia por el historiador griego Herodoto, escrita cuando Babilonia ya era una sombra de sí misma, no suele entrar en consideración. Por otra parte, Herodoto trató de referirse a la ciudad existente (que seguramente no visitó), quedara lo que quedara de ella en el siglo VI aC., aunque no había sido aún asolada por Alejandro. 

Los textos religiosos remiten, por el contrario, a una ciudad soñada o temida, a una ciudad imaginaria -una imagen destilada por lo que se contaba de la ciudad existente, magnificada, y denostada, por las alabanzas y las habladurías.

En los textos hebreos, y cristianos posteriormente, Babilonia recibe el epíteto de la Gran Prostituta. Más que su poder militar, lo que fascina, atemoriza y suscita rechazo es su cualidad moral, su inmoralidad, ejemplificada en el edificio central, la torre de Babel, símbolo de la ambición, presunción o soberbia humana de igualarse con los dioses, yendo más allá de las limitaciones humanas.

La concepción coránica de Babilonia también ensombrece la imagen, por razones parecidas, pero expresadas de manera muy distinta, y ambigua. El perfil de Babilonia, pese a la brevedad de la cita coránica (2:102), es más complejo. La maldad de la ciudad no está tan claramente expresada, y la interpretación del texto no da lugar a una respuesta unívoca. De hecho, existen tantos juicios como lecturas del párrafo (la sura). 

Babilonia o Babel fue la ciudad o el lugar donde Alá mandó a dos ángeles, Harut y Marut, para que retaran y tentaran a los humanos. En un párrafo anterior del Corán (2:30), Alá anunció que establecería la autoridad de los humanos en la Tierra (no se refiere a la creación de los mismos, sino a los poderes concedidos a las criaturas). A la escucha de la proclama divina, los ángeles antes citados se sulfuraron: ¿cómo es que Alá entronizaba a unos corruptos, que harían correr la sangre, mientras cantarían alabanzas al señor, en la tierra?. La respuesta de Alá fue tan enigmática como la que hubiera podido pronunciar cualquier divinidad: sé lo que no sabéis.

Fue entonces cuando Alá mandó a Harut y Marut a la tierra. ¿Se habían convertido en unos ángeles caídos? El texto coránico no lo especifica, y los intérpretes debaten sobre la catadura moral de dichos ángeles. Eso aconteció en tiempos del rey Salomón, especifica el texto coránico.

Lo cierto es que Harut y Marut enseñaron las artes de la magia a los humanos, advirtiéndoles de los peligros que correrían si las ejercieran: el peligro del alejamiento de la protección divina. Ningún humano resistió a la tentación. Parecía que la opinión angelical sobre los humanos reflejaba bien lo que éstos eran: unos ambiciosos que no dudaban en recurrir a tretas, juegos de mano y apoyos bajo mano para dar satisfacción a sus deseos. La magia negra se adueñó de los humanos. 

Mas, ¿cómo los ángeles Harut y Marut pudieron conocer lo que transmitieron a los humanos? ¿Dónde  aprendieron los secretos de la magia negra? ¿Quién les adiestró? Silencio. ¿Cayeron en la tierra porque sabían lo que no debían saber? Silencio también. Imágenes islámicas muy posteriores representaron a Harut y a Marut colgados boca abajo, ajusticiados. ¿Por su caída, por sus saberes, por qué asumieron la maldad y la codicia humanas? ¿Acaso liberaron a la humanidad de unos males que unos demonios -llamados jinns, como Satán, seres a quienes los humanos no pueden ver- anteriores le inculcaron? ¿Cómo juzgar a quienes nos hicieron humanos, y fueron -o son- nuestros (¿acaso no nos son cercanos?) ángeles guardianes?

Lo único que se sabe es que la tentación -en la que cayeron los humanos- de obtener saberes para lograr lo que el saber humano no permite -a menos que el saber humano sea propiamente mágico- aconteció en Babilonia: la ciudad tentadora. ¿La gran prostituta? Silencio. La grandeza de los textos sagrados reside en lo que callan.







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