domingo, 6 de septiembre de 2015

LEONARDO (1452-1519) DE VINCI Y MIGUEL ÁNGEL (1475-1564): DOS RETRATOS ANTAGÓNICOS





Una gran exposición (Florence. Portraits à la cour des Médicis) sobre el retrato florentino a principios del siglo XVI en el Museo Jacquemart-André en París (Francia), que se inaugura el 11 de septiembre de 2015, plantea cuestiones acerca del tan diverso estilo retratístico de Leonardo y de Miguel Ángel.
Ambos realizaron figuras. Pero mientras Leonardo llevó a cabo numerosos retratos, Miguel Ángel no pintó o talló ninguno; lo que compuso son figuras (rostros, cuerpos) ideales.
La teoría del arte barroca francesa se caracterizó por la oposición entre seguidores de Poussin y de Rubens. Para los primeros, la "virtud" del arte se hallaba en el dibujo, es decir en la importancia de la línea para la definición de las figuras, para su caracterización, mientras que los "rubenistas" sostenían que la primacía recaía en el color.
Esta lucha no fue sino una repetición de la visiones antagónicas de los pintores venecianos y florentinos, que se podría centrar en la visión del arte tan distinta de Leonardo (quien influyó en el arte veneciano del siglo XVI) y de Miguel Ángel.
Para Miguel Ángel la línea lo era todo. El contorno definía, es decir, segregaba. Las figuras quedaban nítidamamente separadas del fondo, Al mismo tiempo, las distintas figuras no se confundíam. Cada una tenía su espacio, y su "personalidad". Esta voluntad de distinguir las figuras de los fondo obedecía a una razón moral, o metafísica. Los fondos representaban la naturaleza, la materia: el mundo sensible alejado de la luz. Por el contrario, los contornos impedían que las figuras y las formas se mezclaran o se perdieran, se desperdigaran en la materia. El contorno desmaterializaba la figura. Concedía importancia a una línea en detrimento de la carne. De este modo, las figuras eran formas o seres ideales aparecidos en el mundo visible que podía retornan en cualquier momento a la luz. La visibilidad no era, en sí un mal. Como buen seguidor de los neoplatónicos, en particular de Plotino, Miguel Ángel pensaba que las formas celestiales podían hacer su aparición en el mundo material, siempre y cuando no se desmembraran. El contorno era lo que impedía la disolución de las formas, que no podían adquirir excesivos rasgos materiales, personales. De ahí la ausencia de retratos en el arte de Miguel Ángel.
Por el contrario, Leonardo pensaba que las formas visibles actuaban en sintonía con la naturaleza. Su visión o concepción era "panteísta". Las formas vibraban con el entorno. Una misma pulsión agitada todas los formas, cercanas y lejanas, visibles. A fin que figuras y fondos "comulgaran", vibraran al unísono, era necesario hacer saltar las barreras entre las formas, disolviéndolas, por el contrario entre sí. El "esfumato", es decir, la dispersión del contorno en favor de zonas de transición entre las formas permitía fundirlas en un todo. Las formas aisladas no tenían "sentido", vida propia, so no actuaban o se mostraban conjuntamente.
Ambos pintores concedían igual importancia al alma, a lo invisible, pero para Miguel Ángel el alma solo se manifestaba si se libraba de la materia, según el esquema que Platón definiera en el Fedro, y que tanta influencia tuvo en la concepción neoplatónica del mundo, mientras que Leonardo sostenía que solo existía el alma del mundo, y que las almas individuales solo eran una parte de esta alma común que vibraba a través de las formas singulares que tenían que estar, necesariamente, conectadas entre sí y al todo.

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