lunes, 28 de septiembre de 2015

Adán y los sabios (Adapa y Adán)

Los apkallu (palabra que significa hombre grande de las aguas) eran uno semi-dioses mesopotámicos que mediaban entre los dioses y los humanos. Mientras éstos se afanaban en cultivar los campos y mantener los canales para alimentar a los dioses, éstos vivían aislados en el cielo, indiferentes a la suerte de los mortales.
Los apkallu eran seres primigenios. Tenían forma de carpas gigantes. estaban al servicio del dios Enki, creador y educador de la humanidad, a la que salvó del diluvio. Enki vivía en las aguas de la sabiduría (el Abzu, que corresponde a las marismas del delta del Tigris y el Éufrates), mientras que los apkallu surgieron un día de las aguas para transmitir a los hombres las técnicas para habilitar el mundo, y el arte de fundar ciudades. Cuidaban del árbol de la vida.
Los Siete Sabios: tal eran el nombre con el que los apkallu eran conocidos. entre éstos destacan Uanna o Adapa.
El dios de los cielos, An, maldijo a Adapa. Se había opuesto al soplo divino; literalmente, había roto las alas del viento. Fue llamado al cielo. Enki le aconsejó que se mostrara afligido a fin que Enlil, el dios de las tormentas, que guardaba las puertas de la morada del cielo, se apiadara de su suerte y le dejara pasar. Una vez ante An, tenía que cuidarse mucho de tomar cualquier alimento y cualquier bebida que el dios le ofreciera porque serían mortíferos.
An recibió a Adapa. Le tendió el alimento y la bebida de la inmortalidad. Adapa, recordando la advertencia de Enki, se negó a tomar nada. An, sorprendido, le comunicó que había perdido la ocasión de igualarse con los dioses. Sería un mortal para siempre, así como todos los hombres en cuyo nombre actuaba.
Algunos estudiosos piensan que Adapa y Adán eran una misma figura, que perdieron la inmortalidad -que el árbol de la vida aportaba- por haber querido desobedecido a las órdenes o al soplo divino, tratando de formarse por su cuenta.  

Tres mil años más tarde, la diosa romana Cibeles, de origen oriental, se convertiría en la gran madre del imperio romano, y su hijo, Attis, que se sacrificó por ella castrándose, la viva imagen del dios que da la espalda al mundo material, en el que ya no podría engendrar, para orientarse hacia el cielo. Attis y Cibeles eran atendidos por sacerdotes eunucos llamados gallos. Su nombre derivaba del acadio kallu (palabra que significa Gran Hombre), sacerdotes mesopotámicos al servicio del dios Enki, a imitación de los míticos apkallu.
Attis y Cibeles, dioses tardíos redentores, sobrevivirían bajo otra forma y otra denominación a finales del mundo romano cuando dejó de ser pagano, y sus sacerdotes se convertirían en eremitas, orientados hacia el cielo, donde se ubican las fuentes de la sabiduría, mediando entre los mortales aferrados a la materia y la procreación, y el cielo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada