Un dicho es que todos queremos llegar a viejos, pero nadie quiere serlo.
Así que las administraciones públicas acuden en nuestra ayuda. A partir de la jubilación, a los 65, 67 ó 70 años, uno no alcanza la senectud. Uno deviene senior.
¿Anciano? Dios nos libre, aunque la palabra anciano, que no deriva del latín, pero se compone del prefijo ante, designa a quien va delante, o llega en primer lugar. En la carrera de los años, anciano se refiere a quien va a caer exhausto y para siempre antes que los que precede, pero, en verdad, anciano no tiene que ver con la edad, sino con la posición. Un anciano encabeza una procesión. Dadas estas connotaciones, bien podríamos aceptar que se nos considere ancianos. Pero, afín de evitar cualquier connotación “edadista”, necesariamente peyorativa, creemos, como se dice hoy en el lenguaje bien pensante, nos refugiamos en el más “neutro” y vagamente más “señorial” senior. De hecho, del latín senior ha surgido señor. ¿Viejo? Vade retro.
Mas, senior solo tiene sentido cuando se relaciona con junior. Senior, en latín, es el comparativo del senex, anciano. Senior designa, en verdad, a quien tiene más edad que otra. No se refiere a quien tiene más edad que cualquiera , sino solo con respecto a uno o una más joven. Se puede ser senior y junior a la vez en función de con quien nos relacionemos. En la Roma arcaica , los séniores eran los reservistas. Tenían más edad que los juniores, pero no eran ancianos.
Así que cuando nos referimos a los seniors, en vez de viejos, no se sabe bien qué queremos decir. Ni siquiera queda claro que no designamos a estudiantes. Después de todo, existen cursos para seniors.
Pero que no sepamos qué estamos diciendo nos va bien. Hablamos por alusiones, quizá a la edad, pero de pasada, porque creemos que la verdad o la realidad solo es aceptable si se la sirve envuelta en condescendencia. Aunque a perro viejo no hay tus tus.
No nos engañarán, somos viejos, lo que no implica que seamos verdes.
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