Villa Marsans
Villa de los Arabescos (o lo que queda de ella)
Fotos: Tocho, Barcelona, febrero de 2026
Barcelona fue una ciudad árabe durante unos pocos decenios en los siglos VIII y IX; medio siglo a la sumo, y aunque dispuso de una mezquita, en el emplazamiento de la catedral, no queda ni rastro de ella.
Sin embargo, viviendas neo-árabes de los siglos XIX y principios del XX no faltan.
Un libro sobre Barcelona recientemente publicado por la Factoría Cultural Martinez anotada que las numerosas colinas de la parte alta de Barcelona acogieron villas y palacetes, de clases acomodadas, bien orientados, dispersos en amplios jardines a los pies de los boscosos altozanos, lejos de la humedad, la salitre y la contaminación del lleno y la costa en la que se ubicaba la ciudad.
El barrio de Vallcarca, un valle estrecho entre altas colinas desde el que se evita percibir el mar y el puerto a lo lejos. acogió al menos dos mansiones neo-árabes, vecinas. De la Villa de los Arabescos solo perdura un fragmento de fachada y una torre. La mansión se abandonó y la restauración emprendida hace nueve años prefirió desmantelarla.
Una suerte muy distinta cortó el palacete de la fundadora de la conocida agencia de viajes Marsans: una mansión, proyectada por el arquitecto, promotor y político decimonónico Julio Marial Tey, a principios del siglo XX, para transportarse, al momento y sin trabas, a un Oriente fantaseado.
Rodeada de jardines, adosada a la boscosa colina de Nuestra Señora del Coll, y mirando hacia el densamente arbolado monte Carmelo, entre palmeras, el palacete, retirado de la angosta y empinada avenida Madre de Dios del Coll, al que se accede por una puerta entre torreones neo-medievales, conserva una decoración propia de un sueño orientalista, alrededor de un patio cubierto inspirado en la Alhambra.
Hoy, la mansión, que fue el hogar de niños huérfanos polacos tras la Segunda Guerra Mundial, acoge un excelente y acogedor albergue público, muy económico -sobre todo comparado con los precios disparados de los alojamientos turísticos de Barcelona- muy utilizado por escuelas de visita a la ciudad, lo que permite la visita gratuita de la planta noble y la primera planta. En su interior, y desde el balcón , la Barcelona que conocemos desaparece.
Agradecimientos a la arquitecta Ana Noguera, conocedora y estudiosa del barrio, por esta información






































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