sábado, 29 de agosto de 2026

La casa y el demonio









Fotos: Tocho, casa Paulet, Arties, agosto de 2026

Foto del capital de la colegiata de Santa María la mayor en Alquézar (Huesca): Google Image


Los  amuletos “funcionan” como las vacunas. Su función profiláctica consiste en proteger de los males con un mal dirigido contra el mal. Un mal inocularlo que no afecta al cuerpo en peligro, sino que evita males mayores: tiene el amuleto la capacidad de parar la venida efectiva de un agente maligno con un mal que lo desarbola.

La casa renacentista que acogió inicialmente a un monje, la casa Paulet, en el pueblo pirenaico catalán de Arties (valle de Arán), en muy buen estado, presenta en una de sus fachadas dos relieves incrustados paleo-cristianos o de la Alta Edad Media. 

La iconografía tiene en un caso escasos referentes. De hecho no se conoce ninguna, salvo un capitel románico de la colegiata de Santa María la Mayor en el cercano pueblo pirenaico aragonés de Alquézar con una escena parcialmente semejante, pero con algunas notables diferencias.

El capitel muestra a una figura humana o antropomórfica de pie, que porta colgado otro ser humano en posición horizontal. A la altura de la cabeza de la figura erecta, a lado y lado, dos cabezas. La escena se interpreta como la creación de Adán por parte de la Trinidad. El dedo del dios creador apuntas la cabeza del ser humano, Adán, aún dormido, como si la divinidad le transmitiera vida o inteligencia (un eco lejano en la creación de Adán miguelangesca): una escena que recuerda la creación del ser humano por parte del dios griego Prometeo ayudado por la diosa Atenea que otorga un espíritu al ser humano recién modelado.

El relieve de la casa Paulet muestra a una figura de pie rodeada por dos cabezas flotantes, de cuyas caderas, a lado y lado, emergen dos cabezas: ¿Adán y Eva? No se sabe. Ninguna otra imagen románica permite interpretar a fe cierta lo que el relieve muestra.

Sin embargo, el segundo relieve es de lectura menos enigmática: una figura, masculina o femenina, de pie, de cuclillas o estirada -cualquiera de estas lecturas es posible- que sostiene el pene erecto, o se abre la vagina.

Una escena que podríamos pensar sea erótica, si no fuera por obvios referentes paganos que no buscan suscitar placer, sino fecundidad. 

Pero este motivo, en la iconografía cristiana, alude al pecado de la lujuria. Esta escena parece incongruente en una casa de un religioso, si no fuera porque el relieve, proveniente, al igual que el anterior, de una construcción muy anterior, posiblemente una iglesia románica o paleo-cristiana, actuaría como un amuleto. La lujuria siempre al acecho, proscrita en una casa diocesana, quedaría desactiva por una escena lujuriosamente, que advertiría del peligro al que cortaría el paso. La muerte que la lujuria trae devendría vida (eterna). El mal de ojo desactivado con un amuleto que representa a ojos de fiera mirada, como así ocurría con los amuletos greco-latinos de la Gorgona que petrificaba con su mirada, que cortocircuitaba el mal de ojo, siempre que se orientara hacia el exterior. 

La disposición de ambos relieves, dirigidos hacia el exterior, podría así impedir el paso del mal causado por Adán y Eva, y por la posición bestial o lujuriosa de un hombre o una mujer exhibiendo los órganos secuelas.

Unos relieves que, desde luego, requieren más detallados estudios.


Agradecimientos a Patricia Ricard y Gaëlle Rovira, del Valle de Arán, por este descubrimiento que desconocía.


A los arquitectos y profesores Gerard Romeu y su co-director de tesis el doctor Carlos Bitrian, por sus estudios sobre los amuletos profilácticos medievales en algunos valles pirenaicos, una tesis deslumbrante de pronta lectura. 

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