sábado, 25 de abril de 2026

Los primeros arquitectos


 

El Albert Memorial, del arquitecto victoriano Georges Gilbert Scott, es un desmesurado monumento fúnebre o cenotafio de más de cincuenta metros de alto, ubicado en Hyde Park, en Londres, que la Reina Victoria mandó levantar a la memoria de su difunto esposo, el príncipe Alberto, un alemán muerto prematuramente -y origen de la actual dinastía de los Windsor-, en la segunda mitad del siglo XIX.

El príncipe no tenía funciones en la corte -por ser alemán-, pero sí intereses: se preocupó de modernizar el ejército, aunque de resolver conflictos diplomáticamente antes que por las armas, la agricultura, la ingeniería y la arquitectura.

Un friso continuo recorre la base del monumento . Contiene alegorías o referencias a los intereses, gustos y dedicaciones del príncipe.

Una de las esquinas está dedicada a la arquitectura. Muestra figuras en relieve de los primeros arquitectos (desde el punto de vista vista occidental): figuras míticas como Hiram, el arquitecto del templo de Salomón (que nunca existió), y Bezalel, escogido por Yahvé para armar el arca de la alianza (otro enser propio del mito), y figuras históricas, como el faraón Keops, recordado por su tumba, una pirámide en Menfis, el emperador neoasirio  Senaquerib, responsable de los trabajos hidráulicos más importantes en el Próximo Oriente hasta el siglo XX -en el centro de la imagen, con una barba típica de los monarcas asirios-, y la reina consorte de Babilonia, Nitocris, quien, en el siglo VI, ordenó desviar el curso del rio  Eúfrates y construir un puente y un lago artificial o una presa.

La elección de los nombres, reales o ficticios, es singular. No incluye al constructor de la Torre de Babel, sino que atiende a quienes fueron fieles al servicio de los dioses y a quienes supieron poner a la naturaleza, encauzando las aguas, al servicio de los humanos. La inclusión de una arquitecta también es inesperada en el siglo XIX, aunque no se atiende a Semiramis, mítica reina egipcia constructora de los muros de Babilonia, si bien era también célebre por sus fechorías y asesinatos -en parte debidos a su condición de mujer que luchaba, en defensa propia, y en favor de su gloria opacada, en sociedades en la que tan solo los varones eran recordados.
En cualquier caso, este Memorial es una curiosa historia visual de la arquitectura, y que denota qué se espera de los arquitectos e ingenieros renombrados y recordados.

Agradecimientos al asiriologo y arqueólogo Paul Collins, director del departamento del Asia Occidental en el Museo Británico, por este descubrimiento, poco conocido.







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