El reino de Liliput es severo con la contratación pública. Cualquier gasto que supere los quince mil maravíes debe ir a concurso. Es cierto que las fases de algunas obras pueden trocear y distribuir las fases del trabajo como si fueren encargos independientes a distintos artesanos, siempre que los costes sean inferiores a la cantidad antes enunciada. La pintura del trono puede concebirse como una tarea muy distinta del tapizado y ya no digamos de la tarea del ebanista. Así, se evita tener que plantear un concurso entre fabricantes de tronos que, necesariamente, para asegurarse el encargo, bajarán dramáticamente los costes -a costa de no aceptar ninguna modificación, por mínima que sea (un cambio de color de la tela, por ejemplo, o unos centímetros más de madera lacada) y de sub-contratar artesanos de discreto nivel, como un fabricante de cajas de madera para patatas, acostumbrado a la sierra y el martillo, en vez de un ebanista que trabaje con cinceles, brocas y formones, tras años de adiestramiento, cuyo fino trabajo es mucho más oneroso que el de clavar listones de madera de pino aserrados.
A partir de entonces, se deberá proceder sigilosamente. No tienen que quedar documentos comprometedores. Los mensajes, escritos en clave, con palomas, y quemados apenas leídos. Dado que existe un ebanista que trabaja bien y con el que se ha trabajado bien en anteriores obras, se le entrega el detallado proyecto del tornero o del decorador suntuario y se le pide un presupuesto por el trabajo, cantidad por la que saldrá a concurso público la tarea y al que secretamente se espera que se presente quien queremos que realice el trabajo, que parte con ventaja, porque ha podido disponer de todos los datos y ha hablado con el diseñador del mueble acerca de lo que se espera del trabajo.
Se trata de un procedimiento lento y laborioso, sometido a suspicacia, en el que solo se valora el coste y no las demostradas habilidades resolutivas del torneador, cuyo resultado no siempre es el esperado. Un aprendiz de ebanista sin experiencia ni mano puede haber optado al concurso con un precio tan bajo que no puede sino ganar el concurso, pero tampoco podrá realizar un trabajo satisfactorio. El resultado será un trono cojo que habrá que restaurar a poco, o cambiar, a través de un nuevo concurso público que… (o de un encargo bajo mano). La transparencia en los contratos públicos en el reino de Liliput exige silencio, discreción y mucha oscuridad. Y unas cuantas invocaciones a los dioses artesanos.
Hace poco he visto pasar delante de mi un gran volumen de dinero. Que hay que desprenderse de el como se pueda. Ahora comprendo muchas cosas, un problema que puede multiplicarse por mil.
ResponderEliminarY miré de otra forma a pisos, urbanizaciones, urbanización sobre urbanización perdida, accesos, obra pública, comprendí muchas cosas. Comprendí: no haced pisos mas pequeños o con peores materiales sino, por favor, ponedlos al precio de 240000 euros, aceptádmelos.
Compre compre y véndalo al momento por el doble. Solo le pido el tres por ciento por el consejo….
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