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domingo, 21 de junio de 2026

YURI ILYENKO (1936-2010): UNA FUENTE PARA LOS SEDIENTOS (Криниця для спраглих, 1965)


 

Esta sobria y casi muda obra maestra del cine, ucraniana, de los años sesenta, prohibida y hoy recuperada y restaurada, sobre un pozo casi milagroso que daba de beber a un pueblo que carecía de todo, y de la capacidad de las aguas de refrescar el recuerdo de quienes ya no están muestra, en una de las escenas iniciales, una práctica común hasta hace unos decenios en el arte religioso -aplicada, empero, en este caso, al arte profano, pero que revela el mismo poder fascinante de las imágenes: a fin de evitar las tentaciones, y la tristeza que suscitan las imágenes de seres desaparecidos o cuya imagen ha cambiado tanto, y de facilitar la meditación, y el reconfortante recuerdo de tiempos mejores que ofrece aún una sensación de vida plena -que Proust ilustrara morosa y certeramente en su obra-, el anciano y solitario protagonista de la película, uno de los pocos habitantes del pueblo que vive todavía en lo que queda de la comunidad, da la vuelta a todas las fotos enmarcadas de seres queridos colgadas de la pared. Las imágenes distraen para bien o para mal. Y en los momentos finales, la distracción es uno peligroso. Pocas veces se ha expresado, de manera tan sencilla y austera, esta la capacidad de las imágenes naturalistas de apartarnos  del mundo.