lunes, 11 de agosto de 2025

La nostalgia no es lo que era

 Los edificios, los comercios, las calles, los barrios, las ciudades, los entornos cambian sin remedio y para siempre. 

Una mudanza, que conlleva un cambio de hogar, de barrio o de ciudad acarrea inevitablemente nuevas costumbres en un nuevo entorno.

Una vuelta ocasional, obligada, por casualidad o por placer, al entorno en que vivimos durante años o media vida, desconcierta. Nada está en su sitio, en ningún sitio. Teles son los cambios que se han producido. Comercios que desaparecen o son sustituidos por otros que poco o nada tienen que ver, edificios derribados cuyos solares ocupen nuevas construcciones; los cambios pueden ser leves, pero afectan a los referentes que guiaban sin que nos diéramos cuenta. Sabíamos, sin ser conscientes, que un determinado elemento aún lejano pero ya a la vista, un portal, un árbol, un banco, un quiosco, un anuncio luminoso, nos indicaba, lo percibiéramos o no, que estábamos en territorio conocido, cerca de casa.

Solemos lamentar los cambios, que solemos considerar como unas pérdidas, la desaparición de referentes visuales. Añoramos lo que conocíamos. Miramos atrás, con nostalgia. 

Ocurre que ya no vivimos el presente, ni en el presente. No miramos hacia adelante sino que avanzamos de espaldas, mirando lo que dejamos, que ya no está ni estará. 

Por suerte. Los cambios impiden precisamente que nos recojamos, nos recojamos en el pasado. La pérdida de referentes obliga a asumir unos nuevos. Inevitablemente tenemos que encarar el futuro, mirar hacia adelante, con la incertidumbre y la esperanza que lo desconocido acarrea. No podemos cerrar los ojos ni actuar sin pensar, como si lo diéramos todo por sabido y conocido.

Pero la novedad salvaguarda el recuerdo. El pasado no se contamina con el presente. Éste no le afecta. El pasado queda preservado para que podamos disfrutarlo tal como era, mejor de lo que era, pues el pasado se ha convertido en una imagen que disfrutamos como si de un espectáculo se tratara, olvidando por unas horas las taras, las exigencias y las necesidades del presente.

Para que podamos disfrutar del pasado -que es lo que causa el verdadero placer- el cambio es imprescindible. Nada del pasado debe sobrevivir en la realidad, fuera de nosotros . Solo así podremos gozar de lo que fue, de como recordamos lo que fue, embellecido por el tiempo y la nostalgia, sin verse confrontado y derrotado por el presente.

Y, quizá, si vivimos lo suficiente, podríamos disfrutar de nuevos recuerdos cuando el cambio vuelva a caer sobre un entorno del que nos habríamos acostumbrado y que hubiera dejado de sorprendernos.


jueves, 7 de agosto de 2025

ABANICO -PAUL CLAUDEL (1868-1955): POÈMES D’ ÉVENTAIL (POEMAS SOBRE ABANICOS, 1927, 1948)
















 

Eventail                                       Je

                                               puise l’air

                                                   dans

                                                    un

                                                pays ficti

                                                     f

 

                                                   Cette

                                                       o          mbre que me confère

                                                                    la lune   

                                                        c          omme une

                                                                               encre  

                                                                     immatérielle  





Eventail

                                                     dans la main du p

                                                      oète qui ordonne

                                                    la nature comme le

                                                      sextant du marin

                                                              calcule

                                                                  le

                                                                        ciel





Abanico:

El útil más necesario y común en este segunda semana de agosto. Un objeto de diseño inmemorial y universal. Útil y expresivo. Fundador de un lenguaje. Cela y revela, cuenta en clave, según cómo se maneja.


El poeta y novelista francés Paul Claudel, cuando su estancia en Japón como embajador de Francia ante el Imperio del Sol, escribió un centenar de breves poemas para ser impresos en abanicos. Y de hecho, así se publicaron tras la Segunda Guerra Mundial.


Los poemas caligráficos fueron escritos o dibujados a mano por el poeta. Algunos se acompañaron de dibujos por un pintor japonés.


Claudel compuso los haïku tras visitar templos japoneses, un viaje físico e interior. Los templos le dictaron los textos. 


Espero que esos días próximos sean más llevaderos acompañados por esto poemas.


Se encuentran gratuita y legalmente  en Internet. Son de difícil traducción a otra lengua, como el castellano o el catalán. 


Remito el enlace a un blog donde se han traducido algunos de dichos poemas.



https://societe.paul-claudel.net/oeuvre/cent-phrases/


https://terebess.hu/english/haiku/phrases.pdf


http://poemasenfrances.blogspot.com/2006/03/paul-claudel-phrases-pour-ventails.html









miércoles, 6 de agosto de 2025

Vaguedad -y libertad

 Notas sueltas tras la lectura del Trabajo Final de Grado del estudiante de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, Roger Adell, sobre la tierra baldía (terrain vague, en francés), un tipo de espacio marginal pero recurrente en la urbe contemporánea, que ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre su presencia, su significación y su simbolismo, 

Le agradezco la deferencia por permitir discutir sobre su estudio:

El verbo latino vaco aúna dos significados que eran sinónimos, pero que para nosotros dibujos dos imaginarios opuestos. Vaco es estar vacío. Pero también ser libre, libre de obligaciones, del peso o carga de las mismas, como si uno se sintiera vacío, casi desamparado, después de haber llevado a cabo el trabajo impuesto.

Esta doble dirección que apunta el verbo vaco está detrás del complejo, contradictorio en apariencia, imaginario del terreno baldío. 

Vago en castellano tiene dos significados: incierto, desdibujado, y dejado, poco trabajador, es decir, improductivo y, por tanto, asocial, lo que lleva a su repudio, su marginalización.

La palabra, sustantivo y adjetivo, tiene dos orígenes latinos:

Vacuus, que ha dado también vacío, con todo el imaginario asociado a la vaciedad: abandono, dejadez y, en último término, muerte.

Vago también viene de vagus, que ha dado vagar: de allí vagabundo, es decir, un ser errante, que no ha lugar, que no pertenece a ningún sitio ni se le permite asentarse. Una figura repudiada, condenada. 

La peor condena en la Grecia antigua -pena que Edipo se auto inflige tras lo que ha cometido- no era una condena a muerte, una muerte rápida, sino una muerte lenta: la condena al destierro, lo que implica que ninguna tierra está autorizada a acoger al condenado, que debe vagar el vida que le queda sin rumbo, sin tener adonde ir.

Vacuus, amén de vacío, también significa vacante. Es decir, libre o liberado (ambas palabras traducen el latín vacuus), liberado de la tutela o el yugo del centro. Del centro irradian los radios que mantienen el control sobre el territorio alrededor suyo.

Un terreno baldío escapa a las normas. Éstas no llegan, no se aplican, o son inútiles. 

Un terrain vague es un espacio de libertad donde todo puede acontecer. El principio de incertidumbre da sentido a este espacio que no se somete a ningún dictado, sino que asume una multiplicidad de significados. Un lugar donde todos pueden sentirse en casa, independientemente de las condiciones, deseos, limitaciones y servidumbres que cada uno asume o con las que cada uno carga.

Un terreno vago: poco claro, escasamente definido, dejado como un apunte, apenas compuesto en la tierra. No es un sueño, sino una aproximación a lo que se materializará, se conformará en la tierra

Se trata de un espacio descentrado. Por tanto, perdido, sin duda, escapado, pero también imprevisible,  donde no se puede dar nada por sentado. Un terreno donde caben todas las opciones, que se abre a todas las oportunidades. Donde todo es posible, donde nada está escrito ni legislado.

El verbo vagor, en latín -de ahí el adjetivo vagus- también contiene latente la noción de libertad. Si por un lado significa errar -ir dando tumbos sin un objetivo fijo, sin saber a dónde ir-, vagor también significa escapar al constreñimiento del ritmo. 

Las pautas, que regulan los movimientos, los movimientos acompasados -del bailarín y del militar- no han lugar. El movimiento no responde u obedece a nada. Es un movimiento respondón, que se encara con la presión del ritmo que impone ciertos gestos en detrimento de otros, considerados fuera del juego reglado.

El terrain vague, así, deviene un sueño, donde se proyectan los sueños de libertad y de dolce farniente, que es capaz a la sociedad productiva y codificada moderna. Un espacio, pues, al margen de cualquier consideración.


A  R. A.

jueves, 31 de julio de 2025

KOGONADA (¿?): COLUMBUS (2017)

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Kogonada es el seudónimo de un reputado y multipremiado director -de quien se desconoce oublicam la edad- y ensayista de cine, coreano, cuyo nombre mantiene oculto. 
Las imágenes de conversaciones filmadas a través de amplios ventanales que ofrecen una ilusion de claridad, pero impiden escuchar lo que se cuenta.
La omnipresencia de los paramentos de vidrio, de las fachadas de vidrio, de las cajas de cristal características de los sueños de la arquitectura moderna devenidos una pesadilla , que parecen evitar secretos y ocultaciones, pero al exponer todo a la vista, fragilizan las relaciones, que quedan expuestas al desamparo, el desconcierto y la incomprensión.
Columbus fue escogida como la mejor película de 2017 
Véase su página web: https://kogonada.com/, dOnde se incluyen sus ensayos cinematograficos, entre los qud destacsn los deslumbrsnte ¿Qué es el neorrealismo?, y Los ojos de Hitchcock, siempre a partir de fragmrntos de petliculas de los cineastas estudiados.
 Agradecimientos a Jordi Costa (CCCB, Barcelona) por este descubrimiemirnto.

miércoles, 30 de julio de 2025

Discípulo

 Los maestros tienen discípulos, se dice. Son alumnos predilectos y obedientes que ayudan al maestro -o le hacen el trabajo-, y que un día heredarán su puesto. El discípulo trabaja a partir de las ordenanzas, decisiones y opiniones del maestro a quien no cuestiona. El discípulo calla o actúa de portavoz. Se halla a la espera que, un día, el maestro le nombre su sucesor. Este honor requiere paciencia y aquiescencia. Es decir, el discípulo no debe atreverse a contradecir al maestro. Está a sus órdenes y sus caprichos.

La palabra discípulo proviene del verbo o latino discere: aprender, estudiar, instruirse. Se sobreentiende que el maestro es la fuente del saber. El maestro educa al discípulo, o permita que éste aprenda de él para que, una vez el maestro se retire, su voz y su visión prosigan sin alteraciones. El discípulo calla y repite lo que el maestro tiene a bien contarle.

El aprendizaje requiere disciplina, una palabra también  de origen latino, que significa enseñanza, instrucción. La formación requiere discernimiento; son palabras formadas todas ellas a partir del prefijo dis- que implica la noción de corte, separación, lo que permite aislar un tema o un problema para estudiarlo libre del ruido circundante. El estudio requiere concentración, y ésta, alejamiento de lo que no importa. Toda retirada, que favorece el estudio, implica distanciarse, otra palabra que conlleva segregación. 

El maestro segrega al discípulo de un grupo para poder formarlo sin interferencias

Discere, en latín, se asocia al verbo disceptare -dis.captare: es decir aprender. Captare, en latín, significa lo mismo que en castellano: entender, coger, instruirse. Entiendo y me formo cuando “capto” lo que me explican. Mas, disceptare significa, en verdad, discutir.

Una discusión conlleva que dos personas, de igual formación, debatan sobre un tema desde posiciones distintas. La discusión implica divergencia. No hay nada que discutir -no se habla más- si existe un acuerdo en todos los puntos. Dicho acuerdo se logra tras una discusión. Se llega a un punto donde la discusión deviene estéril o repetitiva. 

La discusión implica la aceptación del otro como contrincante y el reconocimiento de su conocimiento y de su discernimiento. Una discusión solo es posible si ambos dialogantes hablan. Un debate no es un monólogo. La discusión busca analizar, entender, aclara un tema.  No existe vencedor. La discrepancia debe ser reconocida, aceptada, asumida, lo que da pie a la discusión; abre un espacio donde se confronten puntos de vista divergentes que, poco a poco se irán acercando, modificándose, logrando un enfoque correcto, asumible y asumido por ambas partes. 

No se trata de imponer una consideración, sino de discutir sobre la pertinencia de las consideraciones a partir de puntos de vista diversos, divergentes, hasta lograr un encaje que no necesariamente responde a las posiciones u opiniones iniciales. La discusión es un foro donde se aprende: a escuchar y a trasmitir.

El verdadero aprendizaje reniega de la ausencia de discusión, porque permite no dar nada por sentado, como si fuera una cuestión de fe o de principios indiscutibles, ajenos a cualquier cuestionamiento. 

En la discusión, ambos contendientes aprenden, el maestro del discípulo, y éste del maestro. 

Las diferencias entre maestro y discípulo saltan por los aires. Ambos son discípulos y maestros el uno del otro. Ambos se reconocen como iguales. Saben que saben y que no saben nada. Pero quieren saber y compartir el saber. La instrucción es mutua. El enriquecimiento, el descubrimiento del mundo, simultáneo, brindado y aceptado.

Solo así tienen sentido las palabras de maestro y discípulo: palabras que se refieren a quienes aceptan debatir, que gustan aprender y enseñar, sin imponer nada. Que se aceptan como iguales, deseosos de aprender y de intercambiar saberes. Que aprenden para de inmediato comunicar lo que han aprendido.

Si solamente esta consideración pudiera a veces ser compartida en los departamentos universitarios…


Agradecimientos a Z. M.

martes, 29 de julio de 2025

Subir los colores (al Centro Pompidou, París)






François Morelet







                                      Jean Dewasne 






                                Fernand Léger 





           Rogers & Piano: Centro George Pompidou


El Museo Nacional de Arte Moderno. Centro Pompidou, varado en pleno centro de París, cumple cincuenta años. Tras dos previas intervenciones para reorganizar el interior y restaurar las escalera mecánica cubierta que asciende por la fachada pautada por tubos y conductos metálicos, el edificio ha cerrado por vez primera. La rehabilitación del edificio durará cinco años. Éste debe ser prácticamente reconstruido. La corrosión ha hecho de las suyas, así como el desgaste debido a un número de visitantes muy superior al previsto. De algún modo, el museo ha muerto de éxito.

El estudio del proyecto original, de los arquitectos, entonces socios, Richard Rogers y Enzo Piano, revela algunos detalles curiosos.

El museo destaca por la exposición de las instalaciones que acaban configurando el volumen del edificio: una endiablada composición de tuberías de distintos diámetros, verticales y horizontales, que constituyen la estructura, el cableado, y los conductos de agua, electricidad, ventilación, etc. 

Un precedente y un equivalente a lo que aconteció  en el campo de la alta costura, diez años más tarde, a cargo de Jean Paul Gaultier, cuando la ropa interior -corsés, sostenes, fajas, ligas- pasó al exterior. 

El despliegue de ferretería llamó la atención no solo por su presencia tan visible, y por su extensión, sino por los colores de los tubos, rojos, azules, amarillos…,

Se pensó que los arquitectos guiñaban el ojo a las obras de Le Corbusier .

Sin embargo, el proyecto inicial consistía en un laberinto o trenzado de tubos y conductos blancos.

El proyecto resultaba de una decisión presidencial. El presidente francés George Pompidou, amante del arte moderno, consideraba que París empalidecía ante Nueva York. Su museo de arte moderno, pese a sus riquezas -un museo que todavía existe-, le parecía pobre y discreto. París necesitaba de un golpe de efecto.

El edificio cumplía solo en parte con el deseo presidencial. George Pompidou sugirió que el metal se pintara con los colores de un cuadro de George Braque, que representa una estructura metálica, signo de modernidad. Mas, los colores del cuatro eran apagados, oscuros. Aplicados a la estructura, entristecían la obra.

Fueron los artistas  franceses, François Morelet, conocido por sus pinturas abstractas de fuertes colores vibrantes aplicados en medianeras y fachadas, junto con, al parecer, Jean Dewasne, célebre por sus murales abstractos y coloreados con tonos vivos, en los que se distinguen formas tubulares  -que evocan el dibujo animado Yellow Submarine, el cual también inspiró a Rogers y Piano-, aplicados en espacios públicos, y monumentos como la Grande Arche parisina, construida, a petición del presidente francés Mitterrand, en los años ochenta, quienes, seguramente convocados por el presidente francés, coleccionista también de arte moderno abstracto y cinético, lograron caracterizar y personalizar el Centro Pompidou, convertido en un imprevisto trenzado de colores. 

La importante intervención de ambos pintores, casi la co-autoría, no ha sido, hasta hoy, plenamente reconocida. Una prueba más de la necesidad de las bellas artes en una carrera como la arquitectura que en España solo guiña el ojo a la ingeniería. 








domingo, 27 de julio de 2025

Somos tres millones…


 Ante todo, muchísimas gracias a todos los lectores. Tres millones de entradas de lectura o de simple pasada en el blog -seguramente a veces por error, descubriendo que no responde a lo que se busca-, en dieciséis años.

La cifra coincide con la próxima salida de la universidad.

Ésta suscita una duda: el blog ¿debe seguir, o se cierra una actividad que inevitablemente llega o llegará un día a término? Este día ¿ha llegado?

La pregunta no busca la respuesta negativa, ni el ánimo.

Lo que suscita la duda es el contenido y la finalidad del blog -hoy en día, una anticualla ante el empuje y el dominio, que quizá esté llegando a la saturación, de las redes sociales y la ola de la inteligencia artificial (Chat GPT y similares, tan decepcionantes e ilusorios, a menudo, como oráculos en los que depositamos nuestra fe antes de descubrir que la realidad es reacia a la profecía, y parece disfrutar de obviarla o contradecirla-.

El blog es un bloc de notas, un cuaderno de apuntes, un archivo. Los textos, a menudo, están motivados por la preparación de clases, o son consecuencia de algunas clases, así como de reflexiones de estudiantes, del diálogo con alumnos. Desarrollan, comentan, matizan lo debatido o contado en clase, así como discusiones con amigos y colegas, con otros profesores con los que se comparten experiencias, satisfactorias, enriquecedoras o decepcionantes. 

Son también borradores o versiones, ampliadas o acortadas, de textos ya publicados o por publicar. De hecho, alguna revista llamada científica, nos ha acusado de auto plagio, es decir de haber escrito un texto parecido al publicado en el blog, no sabiendo o no aceptando que el texto del blog era una primera versión del texto publicado, era el origen del mismo. De todos modos, esta acusación, producida en dos ocasiones, revela que el blog es leído, encontrado, seguramente por algún “algoritmo”. Finalmente, algún texto dialoga con otras personas, sin que éstas lo sepan, aunque sin duda lo intuirían si se toparan con el blog. 

El respeto, o la ironía, en todos los casos, ha trazado siempre el camino a seguir, y han dibujado los límites a no traspasar. 

Respeto que también han mantenido los comentarios. En dieciséis años solo se ha tomado la decisión de no publicar un comentario porque insultaba a otro comentarista. Y algún comentario, cuatro o cinco, que haciendo publicidad de algún producto. El blog nunca ha aceptado la publicidad. Aporta dinero, pero coarta lo que se puede cobrar.

Estos textos han alimentado exposiciones, conferencias, clases y libros. Constituyen un mismo texto que vuelve sobre sí mismo, amplía o perfila algún comentario u observación anterior, complementa escritos del pasado.

Mas, con la salida de la universidad, el origen y finalidad de los textos, y de la búsqueda de datos e imágenes que puedan resultar útiles para las clases, dejan de tener sentido.

Quedan ciertamente exposiciones por delante, hasta 2028. Programadas siempre con años de antelación, aunque a veces tan solo con meses de adelanto.

El ritmo de escritura, si prosigue, seguramente se ralentizará, porque ya no se tendrá que pensar en lo que se explicará en clase ni, sobre todo, se tendrá la recepción, positiva o indiferente, de lo contado, lograda o fallidamente.  Se tendrá menos qué decir, menos sobre lo qué reflexionar, buscando corregir lo contado en clase, y se perderán las observaciones, reflexiones, críticas y comentarios de los estudiantes que permiten tratar de mejorar, se consiga o no. La exposición oral y escrita busca establecer puente. Mas si, ante sí, solo queda la ausencia y el vacío….

Y, desde luego, agradecimiento a los estudiantes y a los profesores con los que hemos trabajado, por su atención y respeto, el silencio y las reflexiones, a veces solo por las expresiones de aceptación o rechazo, por el movimiento de la cabeza, aprobando o negando, y el estímulo que brindan, sus agudas observaciones que evitan que se dé por sentado que una clase irá bien. 

Toda clase es una aventura, un salto en el vacío, en el que a veces nos estrellamos porque actuamos confiados, sobradamente. Las caídas son una excelente lección para darse cuenta que una clases no es un recitado mecánico, sino una fantástica exploración, que da miedo y causa placer, angustia, temor, que enriquece y obliga a repensar en lo ocurrido, se haya superado o no el reto que toda clase presenta. 

Y que el blog recoge.


Muchas gracias, y hasta mañana o hasta….